Últimas almas de Todas, las almas (Javier Marías)

Claire Bayes es la dueña de las piernas que obsesionan a nuestro ÉL. De las piernas que a veces son musculadas y recias (cuando el pie hace ese quiebro insensato al equilibrarse sobre los dedos en los zapatos de tacón alto), otras son piernas firmes, piernas que caminan sin volverse, piernas que si tuvieran manos harían ese gesto rápido a la espalda de “esfúmate” (cuando te ven por la calle, fuera del guión, del lugar donde sólo en él todo es aceptable) sin girarse a mirar, poniendo una cortina invisible de total indiferencia entre ellas y tú, un obstáculo que les sale al paso pero sobre todo y así las dejaremos en el recuerdo, son piernas esbeltas y casi pueriles, piernas que lanzan zapatos con indolencia contra la pared cuando se desvisten en ese lugar prohibido, en el absoluto abandono de poder permitirse ese gesto y otros muchos como ese por su condición de dueña no sólo de esas piernas sino del dinero necesario para reponer cualquier gasto derivado de su indolencia.

Y esas piernas que hacia arriba se convierten en muslos, son piernas que se relajan sobre una cama a charlar, quizás elevadas desde la rodilla, haciendo en el aire los tobillos esa gimnasia distraída hasta los dedos, circulitos que desentumecen los huesos de los pies; piernas que a veces llevan pantys y muestran la banda oscura que las acerca a los pliegues cálidos de la piel, donde acaban esas medias. Piernas que adoptan esa postura despreocupada y perezosa de quien se encuentra en una posición de igual-o-superior con alguien a quien no necesita impresionar, de quien no espera una aprobación mayor (puesto que sabe cuánto y mucho ese alguien las adora), piernas suficientes, piernas indiferentes, sin coquetería, piernas tranquilas, calmadas, piernas en confianza y con la intimidad que da la proximidad de un cuerpo ya explorado y sin misterios. Como el del amante fijo y sin opciones de cambio. El novio de siempre. El marido, enquistado en una relación sin sobresaltos.

Claire Bayes es además labios, ojos fríos, azules, oscuros, manos que gesticulan o acaso se pronuncian en esa espalda esbelta como sus piernas sin zapatos, haciendo ese gesto de apartar la nada hacia un lado y de paso a tí, una nada con tanto sentido como un barrido de sonidos ahogados, confidencias al final de un tramo de caricias y placeres conseguidos, no así del sueño porque el sueño está prohibido para los amantes que mienten para serlo (la tristeza de lo secreto), que se ven clandestinamente a espaldas, otras, de quien en ese momento debe ser ciego, sordo y sobre todo crédulo. Claire es la excusa, la perturbación, el motivo, la sorpresa, el incentivo, el hilo conductor, el placer inesperado, el rechazo inevitable, el broche, el punto y final, el recuerdo firme de nuestro ÉL en Oxford, además de otros miles, objetivo para sus ojos, unos ojos que escrutan a los ingleses y sus costumbres con la serenidad de un halcón. Y con esa frialdad con que Él es Él en varios libros de Javier Marías, crea un muro de recuerdos, como ajenos a él, en el que se dibujan a contraluz las piernas de Claire Bayes..

Cierro las reflexiones de esta novela en la blog (mientras lo leí me planteó muchas preguntas más, pero sé bien que no tengo más espacio y si lo tuviera lo utilizaría para divagar mucho más con Claire) con el personaje de Cromer-Blake y su Proponer el Imposible. Hay un algo entre morboso, patético y terrible en la conversación que nuestro ÉL escucha (evesdrops (escucha indiscreta, furtiva) y no overhears (escucha casual, indeseada), así lo explica el autor) entre Cromer-Blake y su amante. Ahí está nuestro Él, a un lado de la puerta a punto de golpear la madera educadamente con sus nudillos. Hasta sus oídos llega claramente un murmullo de voces y una pregunta, la primera súplica; también una respuesta, el primer No. Y el tono exigente de ese No. Decide escuchar entonces (expresamente) quizás con la mano en alto unos segundos y a la primera negativa sigue otro No deliberado y continuo, el No del poder que da ser el único que decide, un No categórico, que no se ablanda, un No que permite al más débil humillarse y suplicar y al poderoso no regatear ese poder.

Es ese imposible, el deseo que sólo uno de ellos siente, el que me produce esa sensación de piedad. No estaría más desnudo sin ropa el suplicante de lo que muestra su actitud, lo que sus labios pronuncian, ese lado vulnerable tan a la vista, ese esfuerzo inútil por atraer a quien ya no quiere nada con él. Y lo sentí por él, cómo no hacerlo.

El Gran Minuto es algo que no puede contarse, hay que leerlo. Extrañamente fue un minuto divertidísimo, algo poco habitual en Javier Marías, y no sólo me partí de la risa sino que no pude evitar admirar a este escritor (antes de nada) y que una carcajada se me escapase, furtiva, clandestina y feliz, en un lugar silencioso, lleno de gente mayor, media sorda, que escuchó en cambio perfectamente cómo parte de ese minuto se extendía por mis labios en una sonrisa larga, divertida que terminaba en alegría, auténtica risa (y hasta el taburete de la barra se movió y a punto estuve de irme al suelo.. lo cual me hubiera hecho reir más todavía..)

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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6 respuestas a Últimas almas de Todas, las almas (Javier Marías)

  1. Licaón dijo:

    Ciertamente, si hay algo más terrible que un no eso ha de ser, sin duda alguna, un no exigente.Iba a comentar algo sobre la risa, sobre esa que siempre es inesperada, pero me lo atesoro.Y tendré que acabar leyendo a Marías, y mira que…

  2. Angéline dijo:

    Yo estoy ahora con su <>Corazón tan blanco<>. Después dejaré a Marías durante un tiempo (no mucho, me gusta cómo me desborda)y leeré <>La mujer del viajero en el tiempo<>. Recibir un No es la consecuencia inevitable de relacionarse con los demás. Es duro de tragar, sobre todo cuando nos interesa tanto que la respuesta sea la contraria, un triunfante Sí. Se calla uno y aguanta el tipo, aprende para otra vez. Un No exigente es ya algo inaceptable para mí. No hay nadie que valga tanto en este mundo como para consentirle algo semejante. Yo me hermetizaría a perpetuidad para ese No. Sería el Nunca más..

  3. Licaón dijo:

    Bienvenida a la ciencia ficción…Confieso que tal gusto me tranquiliza.

  4. Angéline dijo:

    Todo es ficción. A la puerta de la entrada en la novela sólo veo un infinito horizonte. Es el olor del aire, el que las vuelve diferentes entre sí. También queda la música. Lo dijo Aute y yo estoy de acuerdo. Las músicas que suenan este año en mí sonarán en distinta escala y por un tiempo diferente pero han sido todas buenas eleccciones. Un beso.

  5. Ricardo dijo:

    Decía el sabio Gorgias hace 2.500 años:”La palabra es un poderoso soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas”. Las palabras son un precioso vehiculo de comunicación. Y tú tienes la sabiduría de utilizarla maravillosamente bien.Un abrazo

  6. Angéline dijo:

    Gracias por el comentario Ricardo. A veces hay demasiadas palabras dentro de mi cabeza. A veces, un silencio espeso también. Un abrazo.

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