I have done the deed o el Corazón tan blanco de Javier Marías. (Parte II)

Otro de los personajes interesantísimos es Custardoy, el hijo, un hombre que posee una dualidad curiosa, una parte de él buscando una realidad diferente de la otra. “ .. uno de esos individuos que quisieran vivir a la vez varias vidas, multiplicarse y no circunscribirse a ser sólo ellos mismos: a los que la unidad espanta..” Con todo Custardoy es un arquetipo exagerado pero he conocido a este lado del mundo alguna gente de su estilo, su propia contradicción les hace apetecibles y odiados a un tiempo pero es precisamente la unidad de quien les idolatra la que decide cuál de las dos partes le proporcionará el daño que está a punto de recibir de ellos. Una última mención, para el personaje que menos me atrae: Berta, una mujer incompleta, fuerte pero vulnerable, con una cicatriz en la cara que es un baremo, su tono azulado restándole posibilidades. Lo que hay en torno a ella está muy bien armado, Marías crea un momento de incertidumbre, casi un presagio agorero de lo que resulta ser y.. lo dejamos en el aire, lean esta novela, y divaguen un poco después.

La repetición a lo largo del libro de esos mismos momentos susurrados la califico ya de “estilo Marías”. También lo hace en “Mañana en la batalla piensa en mí” y más tenuemente en “Todas las almas”, y me gusta. Juega un poco al despiste, esa comparación que no es más que una provocación al lector, (ahí veo lo sobrado que va Marías, su genio) entre la brasa que le cae al principio a Juan accidentalmente sobre la cama donde reposa su mujer enferma y la que su padre arroja sobre la sábana bajo la que yace su esposa recién asesinada, esa y otras que producirán los agujeros de bordes oscuros que parecen una inmensa boca enfurecida creciendo, las que en ese caso provocan poco después un incendio, un caso cerrado en el que nadie tuvo interés entonces en revolver.

Fotos inolvidables de esta novela son por ejemplo la de los zapatos, los que salen de puntillas de la casa de Berta sin hacer ruido, los de su amante de esa noche, zapatos que caminan con seguridad y aplomo camino de la taquilla de un apartado de correos para recoger una cinta de video de una desconocida a la que el dueño de los pies que llevan dentro ha exigido que se muestre de una forma concreta antes de acceder a pisar su calle, subir a su piso y.. (aquí la ambigüedad de Marías en esta escena concreta, no sabemos si disfrutaron o sufrieron, sólo que es tan posible que vuelvan a verse como que no lo hagan y de nuevo el juego de comparar otras mujeres que esperan con las que estorban “..se nos va la vida en escoger y rechazar y seleccionar, en trazar una línea que separe esas cosas que son idénticas y haga de nuestra historia una historia única que recordemos y pueda contarse..”)zapatos que no deben producir un sonido audible en esa calle a la vuelta.

Son zapatos que salen a escondidas, su dueño es un hombre importante, reconocible, quiere desaparecer de esta escena cuanto antes y aparecer lejos, en otro lugar, disfrutado el momento. Y ahí está la foto y la frase de Marías, son zapatos que entran en un taxi, uno dentro ya y otro en el aire por ejemplo, silenciosos, impacientes por marcharse, presentes en ese encuentro no narrado “..como si consintieran en guardar secretos..”, zapatos que han sido testigos durante las horas que esa visita ha durado y nunca revelarán lo que presenciaron (ya en “Todas las almas” Marías habla de ellos, la inquietud que le produce verlos vacíos, la presencia invisible que contienen)

Estupendas y divertidas son las anécdotas que cuenta Juan de su trabajo como intérprete en organismos internacionales, del de su padre en el Museo del Prado. Algo fantástico ha sido leer un libro en el que se menciona varias veces a la sonrisa boba, un tipo de sonrisa a la que yo me refiero a menudo y adoro, ha sido genial escuchárselo a él. Y entre otras cosas que no amplío me sobrecojo con esa visión del autor, de los retratos de la gente que ya no está entre nosotros, los que hemos perdido. Hay un algo morboso en esa parada del tiempo detenido en una foto, en unos ojos que parecen sonreir, de mi cosecha ya la diferencia que encuentro siempre entre los dos, un ojo bueno, noble y otro inquietante, esto sale de la contemplación larga de un rostro que nos mira en un papel, en una pantalla y que acaba teniendo de nuevo dimensión y cuerpo. Es injusto. Es terrible. Es una fijación.

Lamento no haber podido leer el libro con más calma, con más tiempo, con mi cerebro despejado y a punto para este autor pero a veces sucede, no está uno para todo. Lo que sí podría decir es que la novela me acompañó a todas partes. Salí con ella en el bolso día y noche (es edición de bolsillo y ocupa poco) y fue testigo también de mis risas, mis lágrimas, los momentos buenos, los dramáticos y si no lo estampé contra las rocas un día de rabia infinita, sí se le doblaron los bordes de las páginas adoptando ese aspecto de libro de combate que tienen la mayoría de mis libros de bolsillo, hasta pequeñas manchas de aceite de las ensaladas en alguna hoja pero también muestra el aura de toda la vida que vivió mientras lo leí, lo usé de quitanervios, apunté cosas en él sobre el volante, en los semáforos, leí y releí algunos párrafos (no siempre estoy de acuerdo con Marías) en el paseo marítimo, en medio de un vendaval (frecuentes en Coruña), ah, sí.. a este ejemplar concreto lo tengo agotado. En justa correspondencia.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a I have done the deed o el Corazón tan blanco de Javier Marías. (Parte II)

  1. Antona dijo:

    Gracias, me ha encantadosalu2

  2. Angéline dijo:

    A tí Antona, por la visita. Un abrazo.

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