La cobardía es asunto, de los hombres no de los amantes..

“.. los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar..” No he podido resistirme a decir esto. Compartía con Licaón entre otras cosas mi tendencia visceral a recurrir a una frase de Silvio Rodriguez para sentenciar un momento. Ahora no suenan tan lapidarias, ni tan categóricas, nada es lo mismo de hecho, tampoco nosotros los de entonces lo somos, pero no voy a hablar sobre ello sino de por qué, a veces, me acojona leer. Una de las razones es porque soy una romántica que no lleva nada bien los finales tristes pero hay otra mucho más clara, determinante, así somos algunos.

Soy una lectora cobarde, lo he sabido siempre. A veces me superan las emociones que me provocan las novelas que leo. Reconozco que las películas tienen su encanto pero si tengo que elegir entre lo visto y lo imaginado prefiero esto último, aún a riesgo de infartarme realmente algún día. Y tanto con unas como con otras, alguna vez he tenido que seguirlas a través de los huecos de mis dedos. Y si pudiera leer una novela desde el marco de la puerta, asomando sólo unos milímetros de un ojo, también lo haría. A muy poco del final del libro, sé que a Henry va a ocurrirle algo muy malo y ya estoy sufriendo. Lo cierto es que creé un mundo alrededor de él y de Clare que me resisto a desmoronar, han sido hasta ahora de una gran ayuda para disipar los sentimientos circulares que me asaltan desde finales de diciembre.

Ayer leía en cama, la noche sobre las nieves, el punto de luz permanente sonriendo sobre Henry, sobre su sorpresa, el juego que a veces suponía esa aparición de prestidigitador en la vida de su mujer pero el aire se enrarecía, la tormenta se acercaba, presentí que algo estaba a punto de darme un mazazo en todo el cráneo, fue entonces cuando en ese silencio pareció estallar mi teléfono fijo a timbrazos. Me puse de un salto en el suelo, secuestré al pequeño trasto y volví a meterme en cama.

El susto se esfumó al segundo con la voz suave y queda de A, mi amiguiña, desgranando vidas en las madrugadas, a eso nos dedicamos. La suya, la mía, la de los idos y los venidos, la de Henry, la de Clare, las dos leemos la novela al tiempo, ella me superó ya en algunas páginas, la habrá terminado ya seguramente, pero yo lo haré también entre hoy y mañana. Hemos quedado para otra conversación, seguramente otra madrugada, yo intentaré aguantar el tipo, ella es más fuerte para esto de las des-emociones. Sólo me adelantó un “pobre Henry, ay.. pobre Henry..” De ahí la cobardía. Esta mañana no pude meter el libro en el bolso y aplacé unas horas el arponazo que estoy segura ya, voy a sentir en breve.
Me imaginé en cualquier cafetería, en el autoservicio donde como, en el centro comercial donde tomo café antes de hacer las compras, todos esos momentos que aprovecho para leer tres, cuatro, diez páginas, las que pueda arrebatar a la prisa. Me ví con las lágrimas a punto, con esa sensación hermética que te contaba el otro día Princesa, ese no querer saber de nadie, de nada, mientras no llego a mis propias conclusiones con lo que en ese instante las pone en marcha, una novela por ejemplo. Una conversación en otros momentos, una imagen que captan mis ojos, un artículo del periódico, la confesión de un amigo, atando cabos, siempre estamos atando los cabos de casi todo.

Así que me veo leyendo lo que me queda de la novela con el piloto automático, el filtro anti-catástrofes activado y la voz de mi padre saliendo de mi infancia, el destroza películas más efectivo que he visto en mi vida. Entonces nos tenía a mis tres hermanos y a mí a su espalda, haciendo una línea recta, un trenecito de pánico, cada uno sujeto al siguiente con angustia. Mi padre se reía viendo nuestra reacción a una película que no era ni mucho menos de miedo pero que por alguna razón nos lo provocaba y terminaba con la crisis contándonos cómo cada actor se convertía en un tipo normal tras la escena. ¡Eh, Manolo! ¡Repite esa escena, hombre! ¡Lo puedes hacer mucho mejor! Eso diría un director imaginario y Manolo a la salida cenaría patatas con chorizo en casa, reiría las bromas de Santi, el pequeño y le guiñaría un ojo a Margarita, la guapa de su mujer. Este universo familiar simple y fácil disolvía el miedo, la tele se apagaba y mi padre nos contaba cualquier cosa, después nos acompañaba a la habitación y apagaba la luz dejando encendida la del pasillo. Y ya en la oscuridad, cuando salía, sorteábamos el sitio del medio en la cama grande y el afortunado dormía toda la noche como un bendito.Si me las veo duras soy capaz de convertir a Henry y a Clare en gente como Peter o Val, personajes de mi tribu mental con rango de humanos que encarnan diversos papeles en el teatro de lo que escribo. Peter, de hecho, presume de haber sido el muerto en el relato “Sin retorno” y el hombre transparente en el que se llama “Invisible”, hace años de todo aquello. Henry y Clare podrían encontrarse al final del libro en un café, comentando la suerte de haber sido los protagonistas de la novela que Audrey Niffenegger escribió para ellos y tener un futuro fantástico en una ficción literaria sin más crono-desplazamientos. Empezar en los cuarenta y dos años de Henry y los treinta y cuatro de Clare y seguir poco a poco como los mortales, cumpliendo años cada X tiempo. Soy una lectora cobarde, ya lo dije antes.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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8 respuestas a La cobardía es asunto, de los hombres no de los amantes..

  1. Ay Angéline, no voy a hablar del libro hasta que no lo termines, pero prepara el colchón de la cama compartida de tu infancia para que la caída sea más suave…Muchas veces nuestro estado de ánimo es tan frágil, depende tanto de “lo externo” que cualquier cosa puede desencadenar la gran hecatombe, ¿verdad? Recuerdo la peli “Cosas que nunca te dije”, en un momento dado la protagonista va al supermercado donde asiste perpleja a esta situación: una chica está sentada en el suelo frente al stand de Haagen Dass,llorando desconsolada porque se ha acabado el helado de chocolate belga. Pasada media hora de película, la protagonista se encuentra fatal, totalmente hundida y decide ir a comprar helado de chocolate…Te puedes imaginar como termina la escena, quien es la que en esta ocasión llora angustiada en el supermercado.. (dos puntos suspensivos, como a tí te gusta)Por mi parte, me he buscado tantas veces en las páginas de un libro…y a veces me ha dolido mucho lo que he encontrado. Espero que éste no sea el caso para tí. Un beso.

  2. Angéline dijo:

    Yo convivo pacíficamente con todos mis espectros, los propios y los que imagino a mi lado. Esta novela ha sido importante para mí por muchos motivos, más tarde la terminaré, estoy a muy poco del final. Sea lo que sea que me queda por saber de ella agradezco a Eugenia, la amiga que me dijo “a tí concretamente te gustará mucho..” su recomendación aquel día. Yo, como Clare, soy de las que piensan que mejor vivir hasta las últimas consecuencias, aunque reporte dolor, pero vivir.. Un beso.

  3. Será cobarde como lectora, pero en el resto de tus facetas/espectros perteneces al minoritario grupo de los valientes.Un beso.

  4. Angéline dijo:

    Gracias Princesa, por ese voto de confianza. He terminado el libro, incluso he leído entremedias de la cobardía, treinta hojas del siguiente. La relación increíble entre lo que estoy viviendo esta última temporada, lo que sueño, lo que escribo y lo que leo me hace sentirme a veces como noqueada. El nuevo libro me ha situado de nuevo frente a Szonja Joklowska, un personaje que comencé en noviembre y tuve que abandonar un mes después por imperativos. Lo repesqué hace unos días y volví a dejarlo, esta vez por pura aprensión hasta que pasen otros acontecimientos y todo haya salido bien. En el último párrafo leído a la lectura actual (que me prestó amablemente Darthois: “Sueño profundo” de Banana Yoshimoto) cuenta Terako, la protagonista, que su mejor amiga ha muerto. También que su amante, su amor “ ..está casado con una mujer que vive envuelta en un silencio profundo, dormida, inconsciente, en el hospital..” Aclara más adelante que es como un vegetal. La hostia. Es como estar rozando el mismo filo todo el tiempo. Y Henry, bueno.. Henry se ha ido tan definitivamente como se van los que no pueden volver. Cuánto bien me hizo mientras estuvo por aquí, al menos a él sí pude decírselo. Un abrazo.

  5. ÓL dijo:

    En realidad, hay que ser muy pero muy valiente para leer de la manera en que lees.

  6. Antona dijo:

    Por eso,es mejor escibir que leer,y tu lo haces con maestriasalu2

  7. Angéline dijo:

    Señor oruga, qué lindo te ves en esa foto. ¿Cargando con un abrigo, de nuevo? Te he visto de repente rodeado de gatos. En cuanto a mí, leo como bailo, como beso, como siento, como duermo, en medio de este sinfin de emociones que es la vida, un continuo electroshock. Un beso inmenso.

  8. Angéline dijo:

    Antona, muchísimas gracias por ese comentario. Un beso.

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