Belleza o terror de largo alcance

Estoy leyendo a un tiempo “En la bahía” de Katherine Mansfield (lo que podría ser una visión victoriana de la vida a principios del siglo pasado) y a David Means en su libro de relatos “Incendios”. Sé que no es justo para ninguno de los dos, me refiero a intentar atenuar el efecto que me produce uno con el cambio brusco al otro pero necesito hacerlo así, es una cuestión de equilibrio. Con un pie en la playa de la bahía escucho el azote del viento, veo moverse los juncos espigados, las fucsias, las capuchinas, los helechos. El rumor del aire de un siglo rasga el silencio con un siseo semejante cien años después. Las olas se ondulan con la misma precavida amenaza, estamos en un lugar recogido, quizás el oído tiene un resto de agua del mar, la nariz una pequeña congestión, respirar es un ejercicio que orquesta los sonidos. Es media tarde y mientras a lo lejos se mueven borrosas figuras un suave viento zigzaguea en mi rostro filtrándose como un quejido en ese recuerdo que más adelante vendrá rodando entre muchas otras cosas, sensaciones blandas, de infancia. Es una tarde de verano, una tarde cualquiera, de cualquier siglo.

Cerrar un ojo y alcanzar con la visión del otro el punto más lejano.. todos hemos hecho esto alguna vez. El tiempo se detiene expectante con la misma brusquedad en una historia de suave factura y en el thriller más pavoroso. Camina un hombre descalzo por la vía de un tren cerca de un túnel, en los suburbios de una ciudad que baraja en sus callejones todos los palos, del glamour a la miseria. Son las 21.37.04 por ejemplo, uno de sus pies se ha hundido indefenso en un cristal que ha seccionado limpiamente la carne abriéndose paso hacia el talón. Todavía conserva un resto de preocupación por sí mismo, rompe su camisa para hacerse un torniquete. Le duele. Antes ha abandonado su coche en una carretera cercana, ha dejado sus zapatos italianos hechos a medida mirándose las palmas bajo un árbol, lleva en la cartera del bolsillo de atrás del pantalón el diagrama exacto de su vida, tarjetas de crédito que se activan con la clave correcta y dan acceso al dinero, poder de papel que abre las puertas de una vida más cómoda. Para el hombre ya no hay vida, no la había antes de que se internara en ese inframundo. Una mano ajena hurgará dentro de nada en ese bolsillo, otras golpearán su cuerpo sin piedad. La noche cae con crueldad en ese punto del suburbio donde el ser humano es alimaña, depredador, a lo lejos borrosas figuras sin techo hacen un fuego y se preparan para recibir convenientemente a quien sea que llega hasta allí como un muerto andante, arrastrando un pie, seguros de que ya no saldrá. Contentos de su hazaña.

A tres kilómetros de distancia, quizás en el segundo 48 ya, alguien puede estar cerrando los ojos; disfrutando de otro cuerpo, hundiéndose rítmicamente en él mientras piensa.. y también una familia ha podido.. y también otro hombre.. más relatos de Means. Sólo los objetos no se inmutan ante la tragedia de la vida, un corazón siente la pérdida punzante de otro ser preciso y vital, un grupo de niños ríen en la calle ajenos a la catástrofe. No, realmente el tiempo no se detiene pero David Means recrea ese efecto, el viaje lento y complicado por el que un suceso llega a tener lugar. Si sus relatos fueran un cuerpo cayendo de espaldas al vacío serían ese cuerpo que impacta lentamente sobre el mar, un abismo que parece abrirse en dos y tragárselo mucho después de que cada uno de sus cabellos se agrupe en mechones y se dispare, la expresión de terror sustituya a la de asombro, sus dedos intenten en vano sujetarse a un borde que no existe porque el interior del mar le succiona con fuerza. Katherine Mansfield desde el punto opuesto diluye la trascendencia del hecho y dispersa sobre él su viento en oleadas cálidas, un atardecer de nostalgia en el que se funden azules con lilas antes de la llegada del granate, del marrón, del negro cierre. Y sigo con los dos todavía, leyendo el de David Means, por momentos a través de los huecos de los dedos y el de Katherine Mansfield con los sentidos atentos a cualquier cambio de aires.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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12 respuestas a Belleza o terror de largo alcance

  1. Simona Sixx dijo:

    Hola, te leo silenciosamente desde hace tiempo. Me impacta lo bien que escribes. Supongo que eres escritora. Bueno saludos cordiales.

  2. Angéline dijo:

    Gracias por tu comentario Chivis. Quizás en mi interior sea escritora, dedico muchas horas a escribir, instinto, necesidad, no sé.. Para el exterior estoy como empezando, podría decir. Un abrazo.

  3. Interior – Exterior.Suelo pasar por aquí y leerte. Me sorprende la extremada pulcritud de tu escritura, da la sensación de que en su esmerado orden no tiene cabida la más mínima huella o sombra que delate el caos que suele precederla y la incorrección que aquel genera, sea del origen que sea. Es una escritura que parece ordenar el mundo. Tu mundo y el de quien la lea. No sé por qué, en unas ocasiones me crea cierto desasosiego, yo que vivo en los “detritus” de la escritura y, en otras, me reconforta: hasta lo que puede resultar inquietante está en su sitio.Exterior – Interior.Aclaro que mi comentario no pretende ser reproche alguno hacia tu escritura, quizá, todo lo contrario. No sé, me sorprende.Un saludo.

  4. Simona Sixx dijo:

    Hola Angeline: Te comentaba en mi blog que yo te leo desde hace meses pero siempre como que me imponía comentarte algo porque no sé tanto de literatura.Coincido con el comentario de arriba, es que escribes muy lindo, muy pulcro muy precisa. Me gustaría tener eso. Y si te veo con un libro eh! Seguiré por aquí ahora que ya se ha abierto un canal. Linda foto la de la librería de abajo, me gustan las librerías. Saludos!

  5. Angéline dijo:

    Para la lentitud… La blog es un reflejo de mi interior, sólo un reflejo pero fiable. Me han sucedido muchas cosas desde que la comencé y de alguna forma se han ido acoplando a mis historias en el mundo de las nieves y en la isla, a los viajes por los libros, a las divagaciones. Todo este espacio amarillo está lleno de mis tristezas y alegrías, alguna desesperanza también. Proclamo mi admiración por quien me la produce e intento explicar cómo ha sido eso y por qué, desde el talante del escritor/persona/personaje del que hable. Me gusta ampliar el detalle, un zoom que convierta un pelo en un cable grueso. Mientras eso ocurre la realidad permanece estática alrededor y el caos se quiebra a pedazos entre el resto. Utilizo este espacio como terapia, soy hipertensa, me relaja compartir lo que me bulla por la mente. Escribo una novela casi de madrugada desde hace unos meses, allí las cosas no son tan plácidas, no hay filtro para el dolor y la injusticia pero en esta blog creo los post escuchando siempre música intimista, la mayoría de las veces suave y lenta (hoy “Another way” de Ive Mendes), eso frena el impulso de lo que quiero decir y amansa mis sentimientos más locos, aquí llegan desbravados pero salen en la carrera con el corazón en la boca. Gracias por tu comentario, me gusta la sinceridad, venga de cara o de cruz. Un abrazo.

  6. Angéline dijo:

    Para Chivis.Lo he visto, gracias. Te digo lo mismo, bienvenida y comenta lo que quieras, me encantará leerlo y contestarte. Abrazos.

  7. Admiro tu habilidad para separar unas cosas de las otras y, sobre todo, la capacidad para razonar los motivos y el por qué. Yo soy incapaz de hacerlo. Mi realidad (qué realidad) está fragmentada, no hay posibilidad alguna de encontrar en la escritura, aunque sea en un blog, un mínimo hilo conductor que lleve al “orden” o aparentemente me haga creer que consigo mantener un equilibrio entre un lado (aquí) y otro (allí). Irremediablemente se confunden. Los espejos de cada lado se juntan, se resquebrajan y sólo quedan los reflejos de una escritura abocada a tantos naufragios como fragmentos han quedado.Lo dicho, admiro esa capacidad que tienes, aunque alguna vez me inquieta.Un afectuoso saludo.La lentitud…spaces.msn.com/lalentitud

  8. Angéline, tengo el nombre de la empresa: “Deseos con alas”. Lo habeis encontrado entre Balcius y tú. Balcius propuso “en alas del deseo” como traducción de wings of desire y tú el otro día escribías acerca de los deseos sin alas, que son los que tienen pocas posibilidades de ser cumplidos. Pues bien, nuestra empresa, que no hace otra cosa que satisfacer deseos, tiene alas. Y además sucede en aeropuertos, que también están llenos de alas. Qué te parece? Lo tenemos?Un beso hadiña.

  9. Angéline dijo:

    Yo creo en la magia del momento, la lentitud… A veces no tenemos fragmentos de historias en la mente sino historias lineales fragmentadas por miles de cortes diferentes. Creo en el principio estímulo –respuesta, por eso escucho música en mi pc. Sé que a través de ella puedo visualizar perfectamente lo que me proponga. A veces me canso, el hilo por el que devanar la historia no está claro y no puedo tirar de él porque no lo encuentro, en otros momentos creo que podría ascender al infinito porque lo tengo tan claro que los dedos vuelan. Las horas pasan rápidas cuando uno hace algo que le reporta placer. Yo disfruto escribiendo, necesito escribir, me he despertado algunas noches y he tenido que encender el ordenador porque el sueño era tan nítido, tan especial, que no quería perderlo sin más. He vuelto de fiestas, de reuniones con amigos, de charlas en la madrugada y he sido feliz viendo mi pantalla encendida, esperando por mí, aunque sólo fuera para escribir “ah..”. Esto es lo que me apetece ahora, escribir miles de cosas. No quiero pensar más que en el ahora. Un abrazo.

  10. Angéline dijo:

    “¿Cansado de volver a su ciudad y tomar un taxi? ¿Nadie le espera? “Deseos con alas” le acerca a casa, <>en familia<>. Contrate nuestro servicio, convertimos la palabra “regreso” en algo más que un deseo..”“¿Retraído? ¿Odia la charla inútil en el taxi que le recoge en el aeropuerto? Personalice su ansiedad, sonría convencido, alegre ese espíritu triste y gris llamando a su asistente por su nombre, escuche el suyo en la bienvenida, déjese acompañar y disfrute de una charla inteligente”“¿Sexo? Sin duda nos confunde con otros. Infórmese correctamente, nuestras asistentes sólo soportan la soledad con que baja usted del avión convirtiendo la vuelta a casa en un momento entrañable. Quéjese de su jefe, del trepa de su compañero de departamento. “Deseos con alas” le comprende..” Me gusta, Princesa. Tengámoslo en cuenta por si el futuro.. (He estado riéndome mucho, hasta hace un rato. Se me ocurren cientos de paridas sobre el tema) Un abrazo grande.

  11. XoseAnton dijo:

    En cierta ocasión, en un viaje en tren, me puse a leer. Iba sentado de frente y alguien me dijo: “Para leer en mejor que se siente de espaldas, la lectura es un viaje al pasado”. No sé si tenía o razón, pero si se gano el acceso a mis recuerdos. Por eso, al verte a ti con un pie en cada libro, también he tenido la sensación de que hacias dos viajes en uno.biquiños

  12. Angéline dijo:

    Hola Xosé Antón, aquí estoy sí, haciendo equilibrios con las lecturas. Discrepo con el viajero del tren, si algo de bueno (para mí) tiene ser lector es que los tiempos pierden ese sentido estricto que padecen en la realidad. Cuántas veces se va uno al futuro, respira el aire de un presente que le impulsa, vuelve al pasado, camina por ese indeterminado momento en el que todo lo que sucede <>es<> simplemente. Te echamos de menos el otro día. Bicos.

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