Amantes imperfectos, amores y enemigos

Anoto mi opinión acerca de los últimos relatos leídos. Me refiero a los de Rosa Montero (Amantes y enemigos) y Edmundo Paz Soldán (Amores imperfectos). Dos estilos diferentes que a mi juicio tienen algo en común: es más importante lo que cuentan que cómo lo hacen. En ninguno de los dos autores me llama especialmente su forma de redactar. Ni hay frases para la posteridad ni cuidados vocablos; ni retorcidas o innovadoras estructuras pero cada uno a su manera me ha producido una buena impresión, la suficiente para animarme a leer más de lo que han publicado. Es lo primero que leo de cada uno. En Rosa Montero resulta más entrañable la voz del narrador, cuenta sus historias desde el lado cómplice y cotidiano, el acceso es fácil e incluso tragicómico (“Tarde en la noche” “Los besos de un amigo” “Amor ciego”), tierno (“La gloria de los feos” “Retrato de familia” “Tarde en la noche”), algo sórdido a veces (“Paulo Pumilio” “La vida fácil” “El puñal en la garganta”) y definitivamente gráfico y mordaz con las dimensiones que puede alcanzar la vida en pareja, antes, durante y después de la convivencia (“Carne quemada” “El reencuentro” “Mi hombre”).

Es precisamente “Mi hombre” el relato que más poso me ha dejado, aparentemente burlón, una pura broma, la ironía llevada al punto preciso, una suerte de desencanto al dente que me produjo una pena infinita. Cuántas espaldas de hombre tendrán pegado durante su sueño el cuerpo de una esposa insatisfecha a su lado, de una mujer que apenas se atreve a pensar en la posibilidad de abrazarse al aire a cambio de la oportunidad de buscar una identidad personal acorde con sus necesidades presentes. Y esa espalda es todo lo que tienen, ese momento fugaz en la noche, ese quitamiedos que parece frenar su desidia, una realidad que brota de nuevo por las mañanas, cuando la espalda no sólo no es necesaria sino que va unida a un cuerpo que estorba, que apenas tiene lugar en el diámetro de los cincuenta centímetros que todo ser humano defiende a capa y espada como su intimidad, el límite de la proximidad antes de considerarla invasión. También me ha gustado mucho “Las bodas de plata”, es el ejemplo más claro de lo sencillos y complicados que somos a un tiempo, nuestra bandera de lo emocional ondeando a capricho del viento que le toque. El estilo de Rosa Montero, claro, accesible, templado.

En “Amores imperfectos” de Edmundo Paz Soldán la palabra es acaso. Acaso como opción, como posibilidad pero acaso a lo largo de todos los relatos. Es hábil con los finales de sus cuentos, una frase o poco más sentencia la narración, abre una vía distinta (“Ritual del atardecer”). Este fin abrupto es imprescindible y da fuerza a la narración en relatos tan cortos como “Romeo y Julieta” “En el corazón de las palabras” “Epitafios”, da un sentido contundente y bien construído a otros como “Presentimiento del fin” y se diluye ambiguo perdiendo empuje en algunos como “Cuando tú no estabas” “La escena del crimen” “Dochera”. En conjunto su estilo me parece interesante, paso por alto las continuas referencias a marcas, títulos de canciones, cantantes, el prototipo personaje de clase media alta y me quedo sin dudarlo con la voz que narra “Amor, a la distancia”: un relato pleno en el que precisamente lo importante está en lo que el narrador nunca dirá, al menos a la persona que más le importa, quien podría condenarle y terminar lo que hay entre ellos. Por este relato leeré más adelante otros libros publicados de Paz Soldán. Lo dejo como una cita futura, pues. En la distancia.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a Amantes imperfectos, amores y enemigos

  1. ÓL dijo:

    ¿Qué te puedo decir? A mi ambos me parecen dos segundones encumbrados. Lamento cada segundo que alguna vez gasté en leerles. Especialmente a la Montero (esa estafa de La hija del Caníbal, su chingada madre).

  2. Angéline dijo:

    Verás, Oscar. Yo aprendí algo de Jorge Benavides (escritor peruano que dió un taller aquí en Coruña). Nos dijo que a veces hay que hacer un esfuerzo por leer los libros que no parecen buenos. Que entre sus páginas puede haber algo muy interesante y que si ya de plano los evitamos sería como si en nuestra vida sólo comiéramos espaguetis. Todos sabemos qué libros nos van a impactar, a partir de la hoja 50 ya no suele haber un cambio grande en el estilo. Lo que no sabemos es qué hay tras las 50 hojas de un libro mediocre, quizás algo que nos de una idea para otra cosa o ponga en marcha el mecanismo de los “¿y si..?” que tanto me gustan. No me gusta la pasta caliente pero podría comer ensalada de atún a todas horas. Desde el taller voy probando la ensalada de pasta y otros platos que habitualmente no como. Rosa Montero tiene un estilo suave pero un libro no hace a la persona. Quizás sea mejor en relato corto que en novela. Yo insistiré con otro más adelante, aunque particularmente no me haya dejado mucha huella. Y Paz Soldán me gustó en algunos relatos, tal vez me esté perdiendo algo y deba leerle en una novela. Excepto Saramago y Sanchez Dragó, por los que siento una hostilidad inmensa, tendré que ir probando de vez en cuando a algunos que en las ferias solía pasar de largo. Quiero ser una lectora-vividora, aprovechar al máximo lo que se me brinda. Y si insistiendo en ellos siguen sin gustarme, entonces ya pasaré a otros. Un beso.

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