Los fines y el fin

He estado pensando en la muerte. No en ese concepto terrible del “se acabó” que nos deja helados sino en el fin de las cosas. En los cambios. Dejo flotar mi cuerpo en la piscina y me muero un rato con los brazos y las piernas abiertas, un fardo tirado en el agua, ojos cerrados, desconexión total del mundo que me rodea. Esta vez rearmo un puzzle mental, las piezas son variadas, escritos propios y lecturas ajenas. Estoy leyendo dos libros a un tiempo, “El mal de Montano” de Vila-Matas y “Música para corazones incendiados” de A.M.Homes. En el primer caso, se trataba de conocer el estilo de su autor, no había leído nada de él hasta ahora. En el otro, seguir una ruta que me agrada, es la segunda vez que me asomo a la narrativa de A.M.Homes. No me defrauda, es mordaz, aguda, original.

En el agua susurro una canción mientras disfruto de una imagen mental, un beso, me relaja escuchar ese fondo irreal sumergido y repetir frases en inglés. Acabo siempre con la misma “Music-from-the body..”, el título de un disco siniestro de Roger Waters y Ron Geesin, recreado con sonidos del cuerpo humano. Disfruto espaciando las sílabas, pronuncio las tres partes con mi acento más británico. Bajo el agua suena con otra voz, puedo no ser yo, es parte del atractivo de imaginar que estoy en otra dimensión. Escuché este disco muchas veces pero terminé cambiándoselo a un amigo por su ejemplar de “Radioactivity” de Kraftwerk.

“El mal de Montano” está dividido en varias partes. Cuando termina la primera, y la segunda empieza desmontando los decorados anteriores pierdo el interés de repente. No toda la culpa la tiene su autor sino la llegada repentina de un pedido de libros que hice a mi librera habitual. Amy Homes me espera con su Música y no puedo evitar leer un poco, sesenta y cuatro páginas. Me engancho. No quiero dejar a Vila-Matas, me gusta realmente, así que debo combinarlos. El matrimonio protagonista de los Corazones incendiados parece representar un papel mientras viven. Es tal el grado de insatisfacción que planea sobre ellos que están alerta ante cualquier estímulo, todo puede constituir un asidero llegado el momento. Por cómico que pueda resultar en algunos pasajes es un drama auténtico, extrapolable a cualquier otro país y lugar en el que exista esa burguesía media-alta del capitalismo, gente con gran poder adquisitivo y el nivel de hastío suficiente como para demoler su presente sin temer por su supervivencia. Me interesa mucho saber cómo acabará todo esto. Qué será de Paul y Elaine, cada cual más peculiar que el otro, actores principales de esta trama.

Anoche ví encendidas varias luces de la casa que está frente a la mía en el patio. Mi ausencia este verano me desubicó durante un momento. En lugar de la sala rota y desvencijada del cuarto piso, ví un suelo nuevo, muebles funcionales, modernos y una luz interesante, la clase de luz que uno atribuye a personas de su tiempo, un ambiente acogedor, planificado, en la línea de sus moradores. Quizás no sea más que una intensidad concreta pero es justo lo necesario para cambiar un espacio lúgubre (el anterior) por un entorno sugerente, un lugar donde “experimentar”. El teléfono me sacó de esa nube pero más tarde pensé en la muerte de nuevo. No en la muerte física, sino en esa amenaza de fondo que tienen todos los engranajes, ese destino final que es terminar, dejar de funcionar, renovarse con otras piezas surgiendo como algo nuevo. Lo que en el fondo necesitan Paul y Elaine.

Desde principios de agosto siento la necesidad de escribir relatos cortos, un tipo concreto de relatos con un formato que se extiende a mis divagaciones. Ya todo lo imagino fragmentado, como la visión de la mosca. Se trata de una idea central que juega con las posibilidades que ofrece la continuidad del tiempo. De alguna forma todo termina, pero puedo intercalar ese fin, dosificarlo y decidir en qué instante estamos viviendo, mover la línea del ahora a voluntad, poner frente a frente la cara y la espalda del transcurso de un suceso.

Resulta apasionante hacer ésto, sentir el poder, mover los hilos que atañen a la vida de otras personas (que lo son en su medio), fijar sus emociones, escuchar lo que tienen que decir. Descubrir quiénes son y por qué han venido a parar a mi mente. Saber lo que esperan de mí.

Anuncios

Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en Viajes por las novelas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Los fines y el fin

  1. Olvido dijo:

    …que les escuches, observes y transmutes.Luego, yo te leo con atención

  2. Angéline dijo:

    Soy muy afortunada, entonces. Es lo que más me gusta hacer. Gracias por la atención.

Comenta si te apetece

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s