Septiembre y El mar

Estoy pensando en la calma. No en esa sensación estática que parece el fin de algo sino en el silencio silbante, el tipo de indefinida amenaza que detectan con tanta exactitud los perros, contra la que te alertan a ladridos, un regurgitado mudo que parece abrirse paso a través de una falsa quietud. Escucho, volviéndome apenas, la calma que precede a la tormenta. Septiembre y “El mar”, una mordedura salvaje y un apósito de hierbas que la sana.

Me encerré en mi cuarto con “El mar” de John Banville, cargué en el equipo “Takk” de Sigur Ros y desaparecí durante unas horas del mundo. Septiembre es para mí el mes maldito, lleno de inquietudes, sobresaltos, luchas. Si fuera movimiento sería acoso, asedio, caza. Una implacable sucesión de disparos, un alarido intermitente debilitando el cerebro. Si fuera dolor estallaría brutal en forma de migraña, golpeando con saña el interior de los ojos, punzante en los oídos, encogiendo el estómago en un vértigo de espasmos que sólo remiten con la llegada sanadora de octubre, un mes al que suelo abrazarme sin remedio. Lo cierto es que he sobrevivido a otro septiembre, puedo cerrar ese mes con la sonrisa destello, la de la victoria.

Pero estábamos con “El mar” y la melancolía, esa alegría de estar triste que decía Víctor Hugo. Si tuviera que definir esta novela de John Banville con una sola palabra diría “grito”. Quizás sea difícil condensar el bombardeo de sensaciones que pueblan el libro en tan solo cinco letras pero así lo siento, esa al menos es la mirada que Max Morden me transmitió en las últimas páginas. Y es terrible, porque no hay peor tristeza que sentir que estás eternamente a punto de un algo impreciso que desconoces y nunca sucede.. No voy a hablar esta vez de la novela, ya lo he hecho en otro lugar y no podría volver sobre las mismas ideas pero sí puedo cerrar filas con Morden. Imaginar que está sobre un escenario frente a un micro, un haz de luz sobre su rostro ausente. Sería como pulsar el botón de la verdad, podría desahogarse ¡¡Me siento solo! ¡Sufro! ¡Cómo has podido..!!, los labios azules de rabia, el rostro congestionado. O gritar directamente, ruido visceral y emotivo, llorar hasta que la garganta se quebrase, hasta que no saliese de ella más que un gorjeo inútil.

Más posibilidades. Max podría dirigirse a sus futuros lectores para explicar de qué va la novela. Reclinado sobre su silla de capitán diría amablemente: Verán ustedes, en el libro mi mujer acaba de morir y yo me siento un miserable. El último año ha sido penoso, ella se transformó en una mala copia de sí misma y yo estuve cerca, respirando el hedor de un cuerpo que se pudre, preguntándome en qué instante ella se ausentó de su piel y dejó a un fantasma tras sus pupilas, sujetando su frente cuando vomitaba desde su cama, despidiéndome de ella tras cada gesto amable que se perdía para siempre en una mueca de dolor o escepticismo. Se ha puesto triste, han sido las palabras para siempre. Basta. No tengo derecho a hacerle daño. Lo siento, Max. Sé lo duro que es todo ésto.

La muerte no es más que una orden impuesta, un descabello. Cuesta dominarse cuando se lleva a los seres que más queremos, cuando los aniquila poco a poco. Y uno llora amargamente, llora con un destello de crueldad, desde ese rincón profundo al que nadie llega, deseando cambiar esta muerte por la de otra persona cualquiera. Llora con las manos que tocaron, con la lengua que besó, llora con el ronquido devastado del animal herido y no lo entiende. Daría la sangre de su cuerpo, se arrancaría las uñas, prometo cambiar, trabajaré duro, te cedo años de mi vida, haré lo que quieras dios de los dioses pero no te lo lleves.. promesas que hacemos, inútiles, porque la muerte no negocia y el diablo no siempre está cerca para pactar contigo. A veces hace demasiado frío, necesitamos un milagro y que la oscuridad no nos trague.

Max. Nada. Sólo Max.. Pienso en otra muerte, en otro año, veo su rostro el último día, su sonrisa triste y desabrida. De pronto me doy cuenta de que el año pasado, septiembre no fue el mes de mi extraña marea, sino diciembre. Max se ha ido a aquel verano adolescente, como personaje no nos debe fidelidad alguna. Ahora mismo puede ser feliz peleando con Chloe o desgraciado sintiéndose al margen. Ya vuelve. Tiene un golpe en la sien. No pregunten por favor, fue ayer. Junten borrachera-caída-arena-piedra-golpe. Shhsss.. ya viene. En la novela, pacientes lectores, me paso el tiempo recordando. Enlazo mi infancia y esta etapa de mi madurez. Ahora le imagino al borde del sueño, cerca del final del libro, tendido en su cuarto, hablando solo, entre dientes, como para sí. Diablos, no tengo ganas de contar ahora todo aquello. Tenía unos diez años. Conocí a la familia Grace. Gané y perdí a un tiempo, supongo.

Ganaste, Max. Con rotundidad.

Notas que guardo sobre la parte técnica de la novela: Aprendí esta vez 22 palabras nuevas, con Banville siempre me sucede. Encontré unas cuatro o cinco erratas en el libro. Me sorprendió que en la traducción le llamaran en una ocasión terno al traje de Max, también que algo demora un tiempo, como dirían en Perú. Apunté intencionadamente los colores que menciona en esta novela, en las anteriores me quedé con las ganas. Hay unas 16 expresiones sobre ello, desde marrón simio hasta color tiza, pasando por rosa ratón, delicado verde gris, color pollo, color turba o “apagado tono manzana del envés de las hojas cuando se reflejan en aguas quietas”. 43 pasajes me llamaron la atención, los guardo bien enumerados por páginas.

John Banville se merece la reverencia también esta vez, cómo no. Por su belleza gráfica me guardo la expresión Por un momento el mundo se inclinó. Como parte de mi infinito arsenal de preguntas favoritas “Pero entonces, ¿en qué momento, de entre todos los momentos, nuestra vida no cambia completamente, totalmente, hasta el cambio más trascendental de todos?”

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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18 respuestas a Septiembre y El mar

  1. Este blog rezuma calidad. Volveré a menudo por aquí. Un saludo.

  2. Angéline dijo:

    Gracias por tu comentario, Francisco, será un placer verte por aquí. Un abrazo

  3. Me ha gustado mucho este texto, breve pero intenso… estate en calma, no hay nada más agradable. Un saludo!

  4. ÓL dijo:

    Celebro que sobrevivieras a otro septiembre y que Banville fuera tu balsa. La traducción debe ser mexicana, porque allá todo se demora…

  5. Angéline dijo:

    Pies diminutos,”(en ello)” es una clave que tengo desde hace tiempo, la utilizo cuando estoy escribiendo un post y debo parar por falta de tiempo. Es un guiño cómplice con los amigos. En cuanto a la calma, te agradezco la buena intención y me la guardo para otra vida. En ésta prefiero intranquilidad y movimiento. Gracias por visitarme, un abrazo.

  6. Angéline dijo:

    Gracias Oscar, como balsa Banville es inmejorable. Casi puedo escucharte decir “allá todo se demora..”. Qué bueno, todavía me acuerdo de tu voz. Un beso.

  7. Feliz octubre entonces Angéline. El domingo me voy a Lisboa. A la vuelta te cuento. Recuerda la cita con Murakami el 1 de noviembre. Alguien más se apunta? empezaremos la lectura de Tokio Blues ese día. Besos, hadiña.

  8. Angéline dijo:

    ¡Feliz viaje, Princesiña! Cuéntame, sí, apunta todo en tu libreta. Y no te vayas mucho tiempo por favor, seguro que hay algún ciber cerca de tu base en Lisboa. Estaré preparada para Murakami el 1. Ah!, y entra en la página de los pasillos de Angel, verás qué delicia. Me acordé de nosotras al instante. Un besazo inmenso.

  9. Olvido dijo:

    Angéline me ha gustado mucho tu comenario.Es curioso, el poeta Eugénio de Andrade al que leía hace poco, tiene un librito que se llama ‘Mar de Septiembre’, era un poeta que amaba la naturaleza.Un beso

  10. Angéline dijo:

    Me alegra que te guste, Olvido. No he leído nada de Andrade todavía. Me bombardeo últimamente con un tipo de lectura que me estimula para un proyecto personal. Habrá que sacar más tiempo (¿más?) para.. dios.. para tantas cosas.. Un beso.

  11. Miguel Ángel Muñoz dijo:

    Gracias a Olvido descubrí tu blog, gracias al encadenado que tú le pasaste y ella a mí, así que indirectamente me lo mandaste a mí, si pensamos austerianamente. Realmente tu trabajo tiene un buen gusto exquisito, y tus textos rezuman sensibilidad y atención a los libros.Felicidades.

  12. Ya vi el vídeo del blog de Angel. Qué bueno! Nuestra empresa se expande. Te imaginas habérnoslo encontrado? Un beso. Y un abrazo, claro.

  13. Angéline dijo:

    Te agradezco el comentario Miguel, y a Olvido la mención de mi blog. Un abrazo.

  14. Angéline dijo:

    Princesa, ¡yo pensé lo mismo! Si me lo hubiera encontrado le daría el abrazo primera A (El tierno, el de moverse hacia los lados y decir uhhmmm..)Abrazos Princesiña.

  15. Magnífico blog; preparo una breve reseña sobre El mar y me gustaría poner un enlace a tus dos entradas. Un saludo.

  16. Angéline dijo:

    Gracias, Enrique. Me encantará que me enlaces. Un saludo.

  17. Angéline dijo:

    Gracias, Enrique. Voy a leerla ya. Un saludo

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