Tokio Blues, lectura compartida

Hago un pequeño descanso en los bocetos para preparar un rincón de lectura en mi blog. Necesito un escenario concreto, por eso estoy habilitando un espacio acogedor en mi mente. Será una esquina con un gran sofá blanco, mullido y mucha claridad. Quiero que entre el sol pero no nos ciegue. Voy a leer “Tokio Blues” de Haruki Murakami con dos personas muy especiales: Princesa de Hojalata y Yann Darthois (arquitecto, vecino y personaje de uno de mis mundos cerebrales, el Reino de las nieves).

He limpiado bien la alfombra, tengo la cafetera cerca, la mesita de cristal orientada al ventanal que da al jardín. Huele a jazmín para ella y a madreselva para mí. Una brisa suave agitará la cortina de vez en cuando, para aligerar el calor de este otoño insólito. También olerá a césped recién cortado, como le gusta a Darthois, y a ratos lloverá y hará frío fuera. Necesito mi porción de invierno de una vez. A media tarde la luces serán bajas y medias, lámparas halógenas plateadas con finos cuerpos situadas estratégicamente a distintas alturas que intensificarán su luz hacia la noche. La chimenea al fondo, pequeños estallidos de los leños destellando cuando el viento pegue su nariz curiosa al cristal. Para los momentos de lluvia encenderé el panel del acuario, así podremos abstraernos mirando cómo ondulan su existencia pequeños peces que surgen de entre las piedras del fondo. Princesa y Yann leerán la novela en sus hogares pero tendrán mi sala a su disposición para cuando quieran venir, como las buenas lecturas compartidas, entre amigos.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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19 respuestas a Tokio Blues, lectura compartida

  1. Buenos dáis Angéline, hay que ver que rincón tan agradable has preparado. Ya he llegado, me acomodo, en unos días Tokio y yo hablaremos contigo. Un abrazo y feliz lectura (qué bien que Darthois se ha animado)

  2. Gracias, Princesa. Me fijaré en su perfil mientras lee.Angéline le agradezco que me invite a.. ¿mi casa?, me ha sorprendido ver la sala del jardín en su post. Contesto a su mail. Sí, me apetece mucho leer con ustedes esta novela, la empecé ayer de madrugada. No, a su pregunta de si me devolvió “Sueño profundo” de Banana Yoshimoto. ¿Le gustó? Me pide una descripción del tiempo aquí.. verá Angéline, estos días los copos rozan el suelo. ¿Va a venir, verdad? Siempre ocurre cuando se acerca. Y una primera impresión de las páginas iniciales. Para ser sincero, estaba tan cansado que soñé que me hundía en el pozo maldito (¿a que le ha gustado este pozo?) abrazado al perfil de Naoko, claro que en mi sueño..

  3. Angéline dijo:

    Por aquí estaremos, Princesa. Darthois, no siga. Seguro que en su sueño Naoko ya tenía cuerpo además de perfil y estaba exactamente sobre el suyo. ¿No le encanta que haya elegido su casa? Dije que estaba acomodando un lugar en mi mente y su mundo, Yann, está en ella. Además, ya sabe que la mía en las nieves tiene todavía para dos semanas de reforma. Su sala es perfecta, la recordaba algo diferente.Me gustó lo del pozo, sí. También es cierto que leí sólo unas páginas de la novela, apenas veinte hojas. No sé si más adelante este pozo tiene otra connotación pero en principio me gusta que sea ese agujero negro de los terrores. Yo me dormí pensando en algo que cuenta el protagonista. Recuerda el paisaje, el entorno de una cita dieciocho años atrás, pero apenas el rostro de la mujer con la que quedó, alguien de quien estaba enamorado (“recuerdos incompletos que ya han palidecido”). Es curioso que en aquella cita sintiera que sólo tenía ojos para ella y que ese recuerdo se haya ido haciendo transparente con los años hasta dejar un paisaje desierto. Ya que me levanto, ¿alguien quiere un café?

  4. Lentitud dijo:

    Si no es mucho pedir, ¿puede ser una manzanilla “tocada” con ginebra?

  5. Yo se lo sirvo, Lentitud. ¿Está bueno eso? Quiero probarlo. La suerte es que en este armario mágico puede haber de todo. ¿Ha leído usted la novela de Murakami? Voy por la página 183, estoy en ese lugar extraño que es la Residencia Ami. Alguna gente daría sus ahorros por desaparecer en un sanatorio como ese. Está bueno, sí. Por usted, Lentitud. Angéline, no aproveche, esa es mi esquina del sofá. Venga, perezosa, vaya a dormir a la cama. ¿Esa es mi novela? Ah, es la suya. Disculpe, pensé que estaba durmiendo. ¿Por dónde va..? Por la 241. No me cuente, sigo en este lugar dudoso de las montañas. Casi estoy deseando que Watanabe salga de ahí. Oiga, Lentitud, espere que preparo otro. ¿Qué opina de estos “paraísos perdidos”? Una comunidad aislada en la que todo tiene un orden y un sentido. Tome. Salud.

  6. Lentitud dijo:

    Salud, amigo Darthois, salud. Leí la novela de Murakami hace de ello un año más o menos. Cierto, la Residencia Ami es un lugar un tanto extraño, aunque para mi gusto de una extrañeza tibia. El Haruki tiene cara de ser un tipo simpático, ¿no cree usted?Me alegro que le guste el combinado que suelo tomar, mucho mejor si la bolsita de la manzanilla lleva anís, entonces querido amigo, el “toque” de ginebra, convierte el brebaje endiabladamente exquísito.¡Ah, Darthois, los “paraísos perdidos”! Tan necesarios como imposibles. ¿Qué seriamos sin ellos? Por cierto -Lentitud mira inquieto a un lado y otro de la sala como buscando algo, se lleva una mano al bolsillo de la chaqueta donde está la pipa y el tabaco-, ¿aquí se puede fumar?

  7. Angéline dijo:

    Lentitud, este es un rincón aparte. Puede fumar, tomar la manzanilla con ginebra, sentarse en el sofá con los pies sobre la mesa y relajarse. Darthois tiene un microclima en esta casa y el humo desaparecerá sin problema un poco más tarde. Quédese con nosotros, Lentitud. ¿Qué lee últimamente? Darthois, no quiero molestarle pero prefiero poner yo la pierna encima, la suya me está durmiendo la cadera. ¿Sabe? Empiezo a encontrar algo terrible en esta novela. Ese patrón “X era perfecto. Lo hacía todo bien”. Ya son demasiados. Kizuki, Reiko, Tropa-de-Asalto, Nagasawa, la hermana de Naoko. Todos vencedores por una cara, vencidos por la otra.. Este juego de contrastes tan parecidos me tiene alerta. A mí también me parece simpática la cara de Murakami. No quiero sacar conclusiones antes del final pero mi interés por el flashback de Watanabe va subiendo con personajes como Midori, Reiko en sus cuarenta y se pierde ligeramente con otros como Naoko. Sigo leyendo a la espera de un cambio.

  8. Lentitud dijo:

    Sabiendo que puedo encender mi pipa y hay manzanilla “tocada” para beber, me quedaré por aquí un rato. Prometo no molestar mucho.Ahora estoy leyendo “El mundo a media voz” de José María Ridao, un libro sorprendente y atípico en la narrativa española actual. Volviendo al simpático Murakami y su “Tokyio Blues”, y ya que la has nombrado Angéline, confieso mi predilección por el personaje de Reiko y el papel que juega en la novela.

  9. Leo el libro con esa sensación que (por suerte) se tiene a veces de no querer que algo se acabe. Estoy fascinada. Un abrazo.

  10. Confieso que a mí me entretiene, tengo curiosidad por saber qué sucede con unos y otros. Además, hacía bastante que no me tomaba una tarde libre para leer. Angéline, no parece que la novela le convenza. Lleva un buen rato con el ceño fruncido. Sí, es a usted. Eso está mejor. En cambio Princesa y Lentitud parecen disfrutar con las suyas. ¿Tienen hambre? Puedo aparecer en unos segundos con una lubina a la sal. (A Producción: ¿Pero es que no sé preparar más platos que éste? Ya cociné ésto una vez para Angéline. ¿Qué tal si aparezco con unos callos? ¿Y con pulpo? ¡Pulpo, sí..! ¿qué dicen, muchachos, me reescriben el diálogo..?). ¿Tienen hambre? Puedo aparecer en unos segundos con unas raciones de pulpo, empanada y callos.

  11. Lentitud dijo:

    ¡Pulpo! Mi querido amigo Darthois, si me permite en el poco tiempo que nos conocemos personalmente, dirigirme a usted de tal manera, ha dicho usted una de las palabras mágicas. Siento una, no sé si insana, atracción por la degustación de tan exquisito plato. No sé de sus cualidades culinarias, pero si supera el pulpo que preparan en una de esas tabernas asturianas donde se come por un módico precio un menú de tres platos, le aseguro que tendrá en mí un ferviente admirador. De haberlo sabido, habría traído una botellita de vino para regarlo adecuadamente. Tengo la impresión de que esto de las lecturas compartidas puede resultar más interesante de lo previsto.Para disimular y no dar la sensación de que estoy aquí por otras cosas que nada tienen que ver con “Tokio Blues”, diré que recuerdo la lectura del mismo con bastante fascinación -no sé si la misma que tiene Princesa de Hojalata-. Es un libro que “engancha”, pero no por ello disminuyeron las contradicciones que el texto en su conjunto me crearon como lector, después de terminar la última página y dejar pasar un tiempo prudencial.Darthois, ¿acompaña al pulpo con unas patitas cocidas?

  12. Patatas cocidas, ¡por supuesto!. Pero con un refrito de ajo por encima. No me gusta cocerlas con el pulpo, suelo comer también con los ojos, ¿sabe Lentitud? y ese color me quita las ganas. Dicen que me sale muy bien.. en realidad lo mío con la cocina fue una forma de aproximarme a cierta chica hace años. Tenía un paladar refinado, cocinaba como una experta, me invitaba a cenar junto a unos amigos comunes un par de veces al mes. Una tertulia sobre robótica que derivaba casi siempre en una disputa entre dos de los participantes habituales. Se odiaban a muerte y peleaban continuamente por Helen, esta amiga de quien le hablo. Terminé por invitarla a mi casa, sólo ella y yo pero sabía que jamás admitiría una pizza a domicilio ni un menú importado de un restaurante. Así que aprendí a cocinar y pude por fin.. y pude. Así que también le gustó la novela, ¿eh? Pues ahora soy yo el que tiene sus dudas. Voy a por las patatas.

  13. Lentitud dijo:

    No, no pretendía que la patatas se cocieran junto al pulpo, sería un gran error. Deben hacerse aparte. No las he probado con un refrito de ajo sobre ellas, deben estar buenas. Yo las hago solas, eso sí, con un pequeño chorro de aceite de oliva y unas hojas de laurel, después cuando ya están en su punto, cuestión ésta muy importante: dejarlas cocer el tiempo adecuado, y las deposito en una bandeja, las espolvoreo ligeramente con perejil previamente picado. Lo ideal es que las patatas sean “tempranas” y de tamaño pequeño. Mi relación con la cocina, amigo Darthois, no comenzó por los mismos intereses que usted, por otra parte, muy comprensibles. La verdad es que nunca conquisté a ninguna mujer con mis guisos, bien es cierto, ahora que lo pienso, que ninguna tenía un paladar refinado ni era experta en tales menesteres, más bien lo contrario. No cabe la menor duda que una buena mesa y compañía propicia la charla, la amistad y lo que se tercie. Digame Darthois, ¿tuvo ocasión de repetir la velada gastronómica con la “robótica” Helen?Volviendo al libro que nos ha congregado aquí, aunque parezca todo lo contrario, en ningún momento he dicho que me gustara o me disgustara, sólo he dicho que me fascinó su lectura que “engancha”, y que luego me embargaron ciertas contradicciones a la hora de juzgar un texto tan aparentemente llevadero y simpático como la cara de su autor. Comprendo sus dudas, no crea, yo todavía las tengo.¿Se ha percatado de que nuestra amiga Angéline ha vuelto a fruncir el ceño mientras lee y no lo suelta? Usted que la conoce mucho más que yo, ¿eso es buena o mala señal?

  14. Sin duda es mala señal, pero vayamos por partes. Tomo nota de su forma de preparar las patatas (por cierto que el aliño al pulpo lo hago con una mezcla de pimentón dulce y picante además de aceite y sal), no sé si aquí en las nieves las conseguiré tempranas pero las buscaré. Respecto a Helen, verá amigo Lentitud. Las mujeres, en fin, ya sabe cómo son. Añada a un paladar exigente una inteligencia fuera de lo común, belleza y ese tipo de impaciencia que muestra la gente que separa en la vida a todas horas lo práctico de lo inútil. Por supuesto que quedamos otra vez (tuve que repetir aquella cita para asegurarme de que Helen no era biónica) pero era como lidiar con un manual de sensatez y cordura. Imagine un rostro pecoso, unos labios gruesos, ojos de un verde botella y los rizos cobrizos de una media melena enmarcando una expresión de hastío. Me odiará toda la vida pero finalmente tuvo que rendirse a lo evidente. Es más divertido soltarse que mantener el control. No era biónica, sólo demasiado cerebral, su yo ebrio en cambio era francamente delicioso.. Para sorpresa de todo el grupo, se casó unos años después de la última tertulia con un especialista de cine que hacía números acrobáticos con pequeñas avionetas. Así es la vida. Estoy a nada de terminar la novela, veo que usted también Angéline. ¿Qué tal una paradita y echamos un poker?

  15. Angéline dijo:

    Escalera de color, Darthois. Le gano a su full. Tengo que decirle que terminé la novela mientras ustedes hablaban hace un rato. Cuando quieran la comentamos. ¿Cuánto le falta? ¿Treinta páginas? Piense bien antes de enviarme la jugada, conozco esa cara. Con esos dados le creo como mucho un trío de damas. Raspado. Hay que esperar a que Princesa acabe. ¿Full damas reyes? Está de broma.. Me gusta esa expresión de loco con la que juega al mentiroso.. No. No me lo creo. ¡Vaya..!

  16. Lentitud dijo:

    Si me permiten, mientras ustedes juegan a cartas, daré un paseo por el jardín y los alrededores de la casa. Está anocheciendo. Espero no perderme.

  17. Angéline dijo:

    No se perderá, no se preocupe, este es un mundo seguro. Pero no se vaya muy lejos, en cuanto acabe Princesa con la novela la comentaremos. Me gustaría mucho que nos diera su opinión. No sé si le dije que la nieve de este mundo es azúcar. La casa del andamio del otro lado de la carretera es la mía. Como verá, nada que ver con esta construcción aerodinámica, pero Darthois es arquitecto y yo sólo escribo. Además, el día que el señor Ferdinand (jefe de la cuadrilla de reparación) me diga que ya tengo la casa a punto, me dará un disgusto enorme. Él y su equipo son como de la familia y los chicos de la isla y yo podemos vivir aquí perfectamente entre las obras. Aproveche, hace una noche fantástica, si tira de la cuerda de la campana del final de la calle verá cuánta gente la ha hecho sonar, quizás sea un número de la suerte.

  18. Lentitud dijo:

    Mi sentido de la orientación es penoso, a pesar de estar en un mundo seguro, me he perdido. ¡Caramba, se han ido todos!

  19. Angéline dijo:

    Ha sido un paréntesis de fin de semana, mire bien. Seguro que hay gente en la casa.

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