Sobre el orden de las cosas

He terminado el libro de Andrea Canobbio. Me doy cuenta de que no he tenido tiempo para anotar la impresión que me produjeron “El lamento de Portnoy” de Phillip Roth y “Cómo ser buenos” de Nick Hornby. El orden natural de las cosas en mi mente es disfrutar con esos efectos cuando el libro se termina, como si me hubiera inyectado una dosis de literatura que ponga en marcha mis mecanismos más precisos, los místicos incluso, los racionales, los emotivos. Y escribir sobre ello. Una novela que dispare la autocrítica puede seccionar en muchos fragmentos la masa uniforme que componía mi vida (yo, por ejemplo, soy lo más a mano que tengo), y hacer que cada uno golpee al siguiente creando ese natural desorden que agradezco al final de la crisis, esa evidencia que no tenía a mano pero surge como por arte de magia entre las líneas de un libro.

Enriquece saber que hay conclusiones brillantes, caminos despejados, buenas decisiones a la espera entre todo el resto que compone la rutina que echa a andar cada mañana cuando abro los ojos y recuerdo qué fue de mí la última vez que estuve despierta. Agradezco al azar en primer lugar y a continuación al autor que me quita la venda que me ciega, formar parte de su punto de mira y sentir de lleno ese impacto que para mi fortuna lo cambia todo ese día. Así que me apunto escribir sobre Roth y Hornby en otro momento y saboreo el gusto que me ha dejado esta novela.

Claudio Fratta, protagonista de esta historia, sólo vió llorar a su padre dos veces en su vida. De él dice algo tan especial como “ Lo cual no quiere decir que no lo viese alguna vez con lágrimas en los ojos: era un maestro manteniéndolas en equilibrio en el borde de los párpados, reabsorbiéndolas, bebiéndoselas con los ojos, como si llorase hacia dentro. Pero no hay duda de que lloraba, de que ésa era su manera de llorar y sólo lloraba cuando perdía algo importante. La primera vez fue cuando comprendió que había perdido la empresa”. Otra referencia a los ojos, esta vez los de una mujer, en ese momento prohibida para él pero largamente deseada: “sufrimiento por las miradas que construyen frágiles puentes suspendidos entre nuestros ojos”.

Señalo lugares que marqué de alguna forma, acompañar a Claudio por la trama ha sido una delicia, son sus silencios y lo que piensa en ellos lo que más me ha gustado de esta historia. Se ha caído al estanque uno de los personajes, su silla de ruedas tropezó con el borde y el cuerpo se precipitó al agua. “No ha caído, se ha tirado”, contesta Witold, compañero de trabajo de Claudio. Los dos están chorreando, jadeantes, acaban de sacarlo al peso entre ambos y ven cómo se aleja en brazos de sus cuidadores. Es el propietario del jardín que están construyendo, un hombre frágil, enfermo e inestable. Claudio piensa en el alcance de la afirmación de Witold “Y mientras ato con esfuerzo sus palabras a las imágenes y las imágenes a las consecuencias y las consecuencias a un sustantivo duro y fino como una cuerda”. Yo le miro también, me gusta saber qué está pensando en cada momento. Las metáforas abundan en la novela, me divierten algunas como “Yo sudaba con empeño y constancia, concentrado en mi tarea, como un queso olvidado fuera de la nevera”. Otras son simplemente geniales “En la linde del bosque apunto a la sombra que hay delante de mí y disparo otra vez, para aprender a que la pistola no se me caiga. Disparo otro tiro sin mirar ningún árbol en particular; disparo al bosque en mitad del pecho”.

¿He dicho que disfruté mucho leyendo este libro? No se trató de compartir ese momento cómplice lector-personaje sino de escuchar a quien se define como un ser silencioso, sentir ese chisporroteo de sus neuronas que decía John Banville cuando se refería a Cass Cleave, la extraña muchacha de “Imposturas”. Ese sonido que tienen los pensamientos, cuanta más fuerza, más pasión, más volumen, más necesidad de no transferir a palabras una sensación, más impresiona lo que finalmente se cuenta y ahí es donde ser un lector viajero rinde sus frutos y la novela pasa al estante de los escogidos y recomendados. Termino este viaje particular con una mención de Claudio Fratta a las palabras de su padre. La reflexión sirve para las palabras de cualquiera, a este lado de nuestra vida, y como broche final al comentario.

“Las palabras de un padre, pronunciadas o sugeridas, pueden dormir en nuestro interior durante años antes de despertar en un momento dado y gritar por encima del rebaño de palabras que gritan todos los días en el corral de la mente. [..] Estas palabras durmientes tienen un defecto: cuando se despiertan son peligrosas. Porque precisamente el hecho de sobrevivir al olvido las ha reforzado: salen del letargo, pero no han consumido su energía, al contrario, han acumulado más. Fueron grabadas y reprimidas temporalmente y puedo imaginarlas cuando entran en la cabeza de un niño, sabiendo que durante muchos años no tendrán esperanzas de ser oídas, y con paciencia infinita eligen un pequeño refugio y se agazapan y dormitan a pesar del ruido de las demás palabras, alegres, enfadadas, maleducadas. Pero siempre están alerta y en el momento adecuado se descubren, fuertes, robustas, y suben al punto más alto de la memoria y de esa cumbre ya no podemos echarlas. Entonces proyectan su luz cegadora sobre todos nuestros pensamientos y nos guían hacia nuestro destino”. Ah.. Claudio Fratta..

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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6 respuestas a Sobre el orden de las cosas

  1. Wahin dijo:

    le mando besos y canciones.

  2. Angéline dijo:

    También para tí, Angel. Y un abrazo.

  3. Sonrío al darme cuenta de que leo por los mismos motivos que tú. Supongo que sin saberlo, lo sabía. Besos hadiña. Pronto me meteré con la lectura de “En picado”, tengo muchas ganas.

  4. Angéline dijo:

    Te encantará..!, ya me dirás cuando lo acabes quién es tu personaje favorito, yo tengo el mío. Qué suerte, “En picado” sin empezar. Yo me divierto estos días con los pensamientos de un parado de larga duración, gallego, al que he puesto la cara de Alberto San Juan. Besos, Princesiña.

  5. Olvido dijo:

    Me gusta como te emocionas con las lecturas. Gracias por compartirlo AngélineBuenas noches

  6. Angéline dijo:

    Mantengo una relación cómplice con las lecturas, cuanto más me motivan y revuelven mi mundo interior, mayor es mi necesidad de seguir a su lado. Supongo que de forma egoísta, no podría prescindir de este juego con ellas hoy en día, son mi soma. Buenas noches, Olvido, feliz fin de semana.

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