Breves apuntes sobre Conejo antes del final.

He estado en Madrid brevemente. Ese tipo de viajes en los que es imprescindible salir de la cama en mitad de la noche (madrugón intempestivo), enfundarse el traje profesional de aquí está mi cerebro receptivo, mis oídos atentos y la voluntad de cambio a punto, pasar una larga jornada dando uso a ese traje y regresar cerca de la medianoche con la sensación de haber cruzado dos mundos. El de esa voluntad que siempre se rebela cuando se siente protagonista y el del cansancio, un mundo interesante en el que todo parece dejar de funcionar lentamente, como si cada parte del cuerpo decidiera por consenso detenerse en alguna parte del proceso. Llega un sueño serpenteante, con la intención de anular cualquier energía, por mínima que sea, del depósito que nos surte y le sale al paso un conglomerado de emociones, desde la lasitud o la risa floja hasta el más monumental de los cabreos. Todo ha de suceder de forma leve, el cansancio no es compatible con los gritos o las exigencias.

Entre todo esto ha estado Conejo Angstrom también. Su presencia ha sido como las varillas que sujetan los tallos de las flores, esas estacas altas de plástico ornamentado que compiten a veces con la belleza estilizada del cuerpo que protegen. Este día que se acaba figura en mi memoria salpicado aquí y allá con las peripecias de Harry, sujetando la jornada en los momentos de relax, cuando sacarme la chaqueta del traje suponía un permiso inesperado para sumergirme en el mundo de Mount Judge, la calle Wilbur Street y ciertos fogonazos tan brillantes como esclarecedores. (“Conejo imagina matrimonios que regresan a casa, donde han dejado a los niños con la canguro, después de salir a cenar e ir al cine. Entonces estos ritmos son desplazados por la música auténtica, pianos y vibráfonos que levantan haces de altas y frágiles octavas y un clarinete pasea por la melodía como las ondas de una pedrada en un estanque”)

Sin adelantarme a la visión final de este libro (apenas me quedan por leer sesenta páginas) he sentido una mezcla de admiración y gratitud conociendo el estilo de John Updike para este personaje, alguien contradictorio a veces pero bien construído. Su creador le hace un homenaje simplemente dándole vida en su caótico mundo. Para el lector es un filón, un auténtico creador de “momentos”.

Fotografía: John Updike
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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a Breves apuntes sobre Conejo antes del final.

  1. Paky dijo:

    Buen fin de semana Angeline! Se muy feliz! Un fuerte abrazo,

  2. Angéline dijo:

    También para vosotros, Paky!, Felices días. Un beso.

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