La veta del corazón

Hacia la mitad de los relatos de Julian Barnes no puedo evitar mirar al principio, por más que el resto me vaya gustando, y mucho además; al primero, “Una breve historia de la peluquería”, sin duda, pero al segundo.. al segundo sobre todo, “La historia de Mats Israelson”. Anders Bodén, el protagonista masculino de esta historia es un hombre que relata, un guía excepcional, ponga usted la vista en cualquier detalle y yo lo ampliaré podría decir, extasiado en su puesto de capitán sujetando el timón, orgulloso frente a la lejanía del horizonte en su barco de vapor. Bodén llega a sentir algo especial y prohibido (ambos están casados) por la señora Lindwall, recién llegada al pueblo, mujer del boticario y en el futuro, personaje de férreas convicciones. A ella le ocurre lo mismo con él. La historia es sencilla, dos seres que no llegan a compartir una fascinación mutua porque el destino les separa en dos ocasiones, la primera en su juventud y la segunda en su época madura.

Falun. Bert Jan Meijer

Por el camino hay habladurías, hijos por ambas partes que crecen, alejando el momento de esa primera fascinación hasta convertirla en culto, mito, la razón de cada uno para soportar la vida al lado de sus respectivas parejas, una condena emocional que asumen como una penitencia con mayor o menor aguante. Hay un primer momento, en el que parece que los dos están a punto de algo, entonces ella es pasajera habitual de su vapor y él se complace con sus visitas, ofreciendo información sobre la fábrica de ladrillos, el hospicio para sordomudos que se ve desde la cubierta, la madera, un tema que conoce bien, los bosques que rodean la mina de Falun.., pero llegan ante el primer muro y comienza la distancia. Parece una historia corriente sobre amores que no se sincronizan en el tiempo y sin embargo resulta ser mucho más, gracias al punto de vista desde el que se cuentan los hechos, la elegancia y plasticidad de Julian Barnes en este relato concreto.

Bodén cuenta a la señora Lindwall (Barbro), que una vez “había observado el trabajo de cuatrocientos hombres que atrapaban los leños cuando afloraban del río y los colocaban en la sorteringsbommar, de acuerdo con las marcas distintivas de los dueños”. Explica que la mejor madera es la sueca y la marcan con letras rojas, después la noruega, marcada en los extremos con las letras del exportador, en azul. La prusiana ostenta un garabato, la rusa se reconoce por un marchamo en seco, etc. Cada hombre distinguía perfectamente la suya, debía ser así para que no se la robasen.

Confieso que lo he releído escuchando música mística y he terminado fantaseando con los muros que dividen nuestra vida, este tipo de obstáculo como una noche repentina que se alza aislándonos de un hecho inminente y deseado. Me interesa ese momento terrible en el que las cosas dejan de ser, las cuentas atrás, los puntos de giro. “Y eso fue todo, pensó Anders Bodén. Una puerta se abre y se cierra antes de que tengas tiempo de cruzarla. Un hombre posee tanto control sobre su destino como un leño marcado con letras rojas, que es devuelto al torrente por unos hombres armados con unos palos que tienen un pincho en la punta”. Y ante la pérdida de lo deseado, ante la imposible no-reconstrucción de cada fracaso (somos seres abocados a la autoreparación, tendemos a rehacernos, a curarnos, el olvido tapa lentamente y sin piedad cada pequeña porción de dolor que arrastramos en el tiempo) aparece un nuevo horizonte sobre el que edificar un presente (Sólo somos caballos en nuestro palenque, se decía a sí misma Barbro. Los palenques no están numerados, pero aún así conocemos el nuestro. No existe otra vida)

Bodén habla en su mente con ella, imagina qué le contaría si pudieran tratarse. Los años pasan pero el sentimiento está aferrado, creando ese reflejo espejado de la fantasía que mantiene la esperanza en pie. “Podría haberle hablado, por ejemplo, de los defectos de la madera. “Temblor de copa”, es una hendidura natural en el interior del árbol, entre dos anillos anuales. El “temblor de estrella” se produce cuando hay fisuras que irradian en varias direcciones. El “temblor de corazón” se observa a menudo en árboles viejos y se extiende desde la médula o nucleo del árbol hacia su circunferencia..” No puede ser, es un hecho. Bodén y la señora Lindwall sopesan ésto por separado. Sus hijos se han hecho adultos, han dejado el hogar. Palabras como convicción, lealtad, moral, fidelidad, deseo, veneración, podrían bajar rodando por una pendiente empinada y estrellarse al fondo, junto a uno de los leños.

¿Cuál es el límite de la responsabilidad? ¿Acaso uno no es el encargado de su propia vida, quien ha de conseguir para sí mismo toda la felicidad que pueda, la paz interior? Es la ley de la supervivencia, ser feliz es el objetivo de salida, cuestiones morales al margen sobre cómo conseguirlo. ¿Cuál es la penalización por malgastar ese bien escaso e irrepetible? ¿Por convertir esa gran oportunidad en un largo momento de varias décadas en el que no ha habido altibajos ni un fuerte esfuerzo por mejorar? Y todavía hay quien se sorprende con la actitud de sus mayores cuando se rebelan, como si la vejez fuera un basurero donde han de almacenarse todas las quejas, hasta morir entre ellas. Libérense, mis viejos. Pongan fin a la tiranía del “ha de ser”, para ustedes será lo que se permitan, lo que sus energías les consientan emprender.

Heart. Kwahu

(“.. Cuando el corazón se rompe, se parte como la madera, a lo largo de toda la longitud del tablón. En sus primeros días en el aserradero había visto a Gustaf Olsson coger una pieza de madera sólida, introducir una cuña e imprimirle un pequeño giro. La madera se partía de un extremo a otro, a lo largo de la veta. Era lo único que se necesitaba saber del corazón: dónde estaba la veta. Entonces, con un giro, con un gesto, con una palabra, podías destruirlo..”) Creo que el que se muerde un sentimiento toda una vida, o pierde estúpidamente a su amor por el camino o llega al final de sus días con el corazón quebrado, la veta bien expuesta, una firme línea oscura brillando como un reclamo, a merced de cualquiera que le imprima ese pequeño último giro. Y se lo parta.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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6 respuestas a La veta del corazón

  1. ÓL dijo:

    Tus lecturas son siempre iluminadoras, no tanto por los títulos que eliges como por lo que ves en ellos. Deberían sentirse orgullosos de que recorras sus páginas.

  2. Angéline dijo:

    Un beso, Oscar. No. Mejor dos. Hacía tiempo que no me decían algo tan bonito.

  3. Paky dijo:

    Sabes, he encontrado en las palabras de Oscar, lo que siempre he pensado, pero nunca he sabido decirte! Besos Angeline!

  4. Angéline dijo:

    Muchas gracias, Paky. Viajar por las novelas es algo que me fascina desde siempre. Formar parte durante un tiempo de esa otra realidad me recompensa y estimula. Un beso grande, Paky.

  5. josema dijo:

    Es precisamente el libro que estoy leyendo ahora. He leído el primero: “Breve historia de la peluquería”(muy, muy bueno) y “Corteza”(todavía mejor)…Son relatos para saborear poco a poco, como a casi todos los libros de Barnes. Saludos.

  6. Angéline dijo:

    Hola Josema. Después del primero y el segundo, los que más me han gustado han sido “Higiene”, “Apetito”, “La jaula para frutas (por el desencanto de cada uno). “Vigilancia” (por su sentido del humor, ah.. qué bueno) y “Saber francés” (construcción del personaje, ternura, un toque especial que atrapa). Fue una suerte dar con este autor. Gracias por venir, un abrazo.

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