¿Hay algún corazón que pueda petrificarse del todo?

Compartí la lectura “Herzog” de Saul Bellow con CEci (quiero pensar que en algún momento de este agosto tan poco propicio para la tecla (a este lado al menos) coincidimos enfrascadas en la increíble descripción que Moses da a su universo particular y al que le rodea). Dejo antes que nada la magnífica reseña de CEci, (como siempre, para nuestro deleite. Me excuso por la tardanza esta vez, mil perdones, será distinto en invierno), para concentrarme después en este viaje difícil pero atrayente a través de las continuas cábalas de nuestro protagonista. El esqueleto de esta novela es la historia de un hombre que ha estado casado dos veces, ha tenido dos hijos y nos cuenta qué precio ha tenido que pagar por seguir lúcido en un cerebro tan especial como el suyo. Hay una tercera mujer, Ramona, que posiblemente será el punto de sutura que repare los dolores imposibles, esos que uno se autoinflige aunque no soporte reconocerlo nunca. Alrededor hay gente, todo un circo compuesto por familia, amigos, recuerdos y un hilo que se teje con el sonido yiddish de la voz de Moses Elkanah Herzog, conocido familiarmente como Moshe.

La verdad es que también me ha sido negada la locura, le dice al doctor Edvig en una de las primeras cartas pero no es del todo cierto. La intensidad con que acomete sus “fugas” podría considerarse pequeñas locuras y sino, al tiempo. Por otra parte, si algo gustaría al pequeño ejército que le rodea es declararle de forma legal y tajante “el loco de este caso”, como si Moses hubiera sido el criminal apresado y retirado de la circulación para tranquilidad del resto de los bienpensantes que le utilizan en mayor o menor grado. Pero ¿le han dado alguna oportunidad? ¿cuál es el pecado de nuestro hombre? Un corte limpio en sus recuerdos haría brotar un dolor maloliente, la clase de grito mudo que profiere un ser sensible ante la barbarie. Confieso que cuando relata su infancia y las penurias que pasan sus progenitores para sacarles adelante se me hizo un nudo en la garganta, especialmente con la imagen de ese padre apaleado una y otra vez por la policía fronteriza.

Pero Moses es un hombre generoso y no solo olvida sino que da más y más oportunidades a su amigo Valentín, el hombre que se quedará con Madeleine y June, su familia más inmediata, esposa e hija. De él dice “Tratar con Valentín era como hacerlo como un rey. Tenía garra. Podía haber estado agarrando un cetro. Era efectivamente un rey, un rey emotivo y su reino era lo profundo de su corazón. Captaba todas las emociones que lo rodeaban, como por derecho divino o espiritual. Y es que él podía sacarle más partido a las emociones, y por eso se las apropiaba”. Y también “¡Y esa pena tan grande que parecía tener siempre bajo su aparente alegría! ¡Una pena fundida!”

Creo que la clave en el comportamiento de Moses, lo que le da las pautas para llenar de cavilaciones las 431 páginas de la novela (en mi edición) es el concepto que Heidegger llama “la caída de lo cotidiano” y que Moses menciona en la página 71. Las teorías de la existencia auténtica e inauténtica. Lo suyo sería un auténtico papel en la obra de la primera, ese cuestionarse continuamente el por qué de todo, intentar determinar el sentido de las costumbres, ideologías, sentimientos, actitudes. El sofisticado entramado de la estructura que llamamos “sociedad” y que en el caso concreto de Herzog es la obsesión, la formulación de la hipótesis que abandere su mente en ese instante, llevada a la máxima potencia. Aunque a veces se incluya en esa manadita de leños que flotan ordenadamente camino del aserradero Creemos que tenemos que curarnos de algún veneno que nos ha infectado. Que tenemos la necesidad de ser salvados, rescatados”y llame a todo ello “cristianismo”.

Untitled. Shurelo

A la pregunta de Kierkegaard ¿pero cuándo vamos a ser verdaderamente serios los seres civilizados?, Herzog contesta cuando hayamos conocido a fondo el infierno. El suyo bien podría llamarse “Madeleine”, un huracán en forma de esposa que le desautoriza e incapacita como persona, profesional y padre. La forma en que intenta remontar este efecto devastador en su vida es lo que más me ha gustado de la novela. Herzog es tierno, es disparatado, ingenioso, demasiado amable, contradictorio, inconformista.. “Cuando un hombre siente que su pecho es como una jaula de donde han salido volando todos los pájaros negros y tétricos, se siente libre, experimenta una gozosa ligereza en el corazón.. pero a la vez desea que le vuelvan otra vez sus buitres” Cómo le entiendo, a esto le llaman no tener remedio y me recuerda un diálogo de la joven pareja protagonista de la película “Antes de amanecer”. Bajo un árbol, acostados de madrugada, apurando esa única noche que dura la acción de la película, ella le confiesa “¿sabes?, siempre que he vivido un momento trascendental con alguien me he dado cuenta de que me gustaría que esa persona fuera otra” Ah.. “¡Hay que ver lo que soy – se dice Herzog – hay que ver! Me caigo una y otra vez sobre las espinas de la vida y sangro..”

“Querido Moses:

Tengo que decirle como lectora que considero exagerada su paciencia con Madeleine, hace muchas hojas yo le hubiera puesto un esparadrapo en la boca. ¿Es posible sufrir por alguien tan vacío? Y Valentín, ese amigo del alma que no renuncia a su propia esposa pero además se queda con la de usted. Hay que ver, Herzog, tendrá que espabilar un poco en el futuro. El narrador le describe como Un bruto cariñoso. Un hombre sutil, mimado y cariñoso. Eso era Herzog. ¿Para qué sirve en este mundo? Su gran anhelo es servir. Pero, ¿dónde lo necesitan? Que le enseñen el camino para que pueda hacer su sacrificio a la verdad, al orden, a la paz. Aunque la que más me gusta es “Herzog tenía una sólida fé en sí mismo pero carecía de ideas claras”. Es usted un loco maravilloso y un tonto imprudente. Reviento si no le digo que llevar una pistola en el bolsillo cuando uno tiene unas horas de descanso en el papel de caótico ser humano divorciado para estar con su pequeña hija y darle esa apariencia de “cariño, soy el padre que siempre admirarás”, es la mayor estupidez que puede cometer. Por el contrario me ha encantado la frase de “como lo que el salvaje dijo del piano: “Le pegas unos mamporros y llora”. No escatime esfuerzos para ser como desea pero tenga un poco de cuidado.

Un abrazo

Angéline ”

Fotografía de Amani Willett

Como en el resto de las vidas, la soledad tiene un papel fundamental en la de Herzog “La gente se muere – y no es metáfora- de la falta de algo real que llevarse a casa cuando termina la jornada. Solo tienes que pensar en lo dispuestos que están a aceptar el mayor disparate” Y cuenta que en Nueva York, personas que viven encerradas en sus habitaciones llamaban a la policía porque sentían una tremenda necesidad de no seguir solos “¡Envíen un coche patrulla por amor de Dios! Sálvenme, tóquenme. Vengan y enciérrenme con alguien!” En esos momentos bajos es cuando Moses, inseguro, piensa que “La muerte vigila sin cesar. De modo que si uno tiene alguna felicidad, más vale ocultarla. Y cuando nuestro corazón está pleno, más vale tener la boca cerrada”. El papel que representa su hermano Will al final de la novela me parece conmovedor, acentúa la vulnerabilidad de Moses y al tiempo su determinación, el deseo de convertirse en un ser humano normal al que comiencen a suceder cosas felices. Nada de hospitales psiquiátricos. Aire, vida. Un futuro con Ramona, quizá.

Pero no todo será sufrir en la novela y una asiste encantada a la descripción del Club más-mas. Frases curiosas del estilo “La muerte espera estas cosas lo mismo que un suelo de cemento espera a una bombilla que está a punto de caerse”. Búsquedas personales en internet que la novela propicia, como la mención del “experimento de la frustración en los ratones”, acabé deduciendo (no sé si correctamente) que se trata de la Ley del efecto de Thorndike. Estoy de acuerdo con Herzog en que “ahora nos movemos en un clima más brutal” pero no puedo pensar que “las personas nos son indiferentes”, no todavía. Palabras que vale la pena incluir en el baúl de las cotidianas: denso, magistral, vaciedad, morbidez. Otras con historia como “órfico” que remite a “orfismo” y a “metempsícosis”, extrañas doctrinas. Tonalidades poco frecuentes como el color “genciana” (amarillo rojizo), adornos florales que desconocía “amentos”, un tipo de espiga compuesto por flores de su mismo sexo.

Edificio reflejado en una bombilla. Oscar Villán

Acerca de Ludeyville, la casa en la que finalmente es tan feliz, como desgraciado fue en el pasado, termina describiéndola como El límite del No-hay-más-allá. El mismo borde del infierno. Kierkegaard podría mirarle entrecerrando un ojo y vaticinarle un futuro como ser civilizado serio.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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8 respuestas a ¿Hay algún corazón que pueda petrificarse del todo?

  1. CEci dijo:

    Llevaba todo el día con ganas de leer por fin “tu Herzog”. ¡Me ha encantado! Es curioso. Ambas nos hemos centrado, cómo no, en la locura de Herzog, aunque yo, más prosaica, me he ocupado de lo más obvio, la forma de la que se reviste -su frenética actividad epistolar-; y tú has rascado más a fondo y propuesto una clave para la misma: la existencia auténtica de Heidegger. ¡Qué razón tienes! Ese “cuestionarse el porqué de todo”, como tú dices, ya se trate de convenciones sociales, religiosas, familiares… es muy propio de los narradores judeoamericanos, en los que opera como motor el contraste entre la novedad de América y la tradición que arrastran -no siempre de buen grado; véanse los personajes de Roth-. El propio Bellow reconoció en una entrevista que “Las personas que más me interesan son aquellas que están atareadas en conocer su propia psique. El resto, para mí, forma parte de lo que en Hollywood se conoce como los extras”.Y en Herzog “ese cuestionarse” le ha hecho cruzar la línea entre cordura y locura; porque además, es hipersensible a los estímulos exteriores -y quién no, en su situación; malditos Madeleine y Valentín!- y como nos ocurre a muchos, es víctima de su propia y vertiginosa memoria. Llega a reconocer que asusta a los demás con la capacidad de registro de su mente; enorme, por cierto, en casi todos los solitarios.Herzog es una víctima de los demás y de sí mismo.Y… sí, maravilloso el relato del club “lo más” y desesperante sus imprudencias con June, aunque quizás deberíamos concederle el beneficio de la duda. Quizás los tiburones del acuario le hayan dado realmente mala suerte.En fin…La espera ha merecido la pena. Vaya que sí.Un placer leerte, como siempre; esta vez, si cabe, aún más.Cuando quieras compartimos otro título.Besos

  2. Angéline dijo:

    Gracias, CEci. Yo me he descansado en que la reseña buena era la tuya y en los enlaces sobre autor y libro. A mí lo que realmente me gusta es viajar por las novelas. Sentarme al lado del protagonista y escuchar cómo dice No cuando piensa Sí… Entiendo que Herzog es un caso aparte, debe ser materialmente imposible no solo soportar a gente como la que le rodea sino quedarse con todas esas cartas no enviadas en su corazón. La línea entre la cordura y la locura sigue sin estar muy bien definida a este lado de la vida tampoco, supongo que Herzog posee lo que Gonzalo Rojas llama “visionario el fulgor” en su poema “Baudeleriana”, una suerte de atracción fatal con unos y otros.La cuestión de los hermanos, esa diferencia de actitudes, sí la he visto en Philip Roth. La tendencia a destacar un alma descarriada en el engranaje judío al que pertenecen. ¿Cómo le ves con Ramona? Tan pronto piensa que debe escapar de ella como llega a la conclusión de que lo mejor sería que se casaran. También me llama la atención la cuestión de los olores. Esa percepción tan especial que transforma un recuerdo de brillante a mate según como huela. La casa de Sono olía mal (incluso aunque ella haya sido la mujer que más le ha excitado). También Madeleine huele mal a ratos y Valentín, hasta June acaba diciéndolo. La palabra “emporca” aparece varias veces por la novela y podemos seguir el rastro de esa nariz peculiar que tiene Herzog. Otros sucesos apestan en la novela, que no es precisamente una comedia pero a ratos resulta tan hilarante. Tengo pendiente resolver la cuestión de la palabra “aliguí”. No entiendo lo que significa en esa frase y estoy buscándola por ahí. Ahora no recuerdo la página pero si no la apuntaste te diré en otro momento dónde está por si tú le encuentras sentido. Otra cosa, por qué será que Valentín no me da ninguna pena..Un beso, CEci.

  3. CEci dijo:

    Pues sí, debe de ser difícil soportar a gente como la que rodea a Herzog -menudos “amigos” que tiene en sus abogados y psiquiatras, todos ellos encandilados por la perfecta Madeleine-, pero Herzog no es sólo víctima de los demás -Valentín, Madeleine…- sino también de sí mismo. Él mismo se ha colocado en buena parte de las situaciones angustiosas de su vida. De hecho -y ahí va mi opinión sobre Ramona- huye de la mujer que, sin duda, podría ayudarle a volver de ese viaje a la locura, adonde se dirige cuesta abajo y sin frenos. Y él mismo introdujo al empalagoso -normal que no te dé pena- Valentín en su casa y le cedió su mundo, y ¡su familia! Como el Tommy Wilhelm de “Carpe diem” comete el error pese a que sabe que lo está cometiendo.No había reparado en la cuestión del olfato. Si localizas la frase del “aliguí” dímelo. Tampoco me había fijado. ¿Ves cómo yo soy más prosaica?Besos

  4. Angéline dijo:

    La frase CEci, está en la página 354: “Es curioso cómo la muerte pone ante los encadenados instintos el aliguí de la libertad; y los hijos de Adán, signos de compasión, han de responder con sus cuerpos y almas a extrañas señales”. Ya me dirás. Un beso

  5. CEci dijo:

    Angèline! No me olvido del aliguí, sobre todo,tras la propuesta de Lemmy, pero es que no he tenido un momento para ponerme con ello. Gracias por tu comentario del otro día en la Viga. Me hizo mucha gracia tu Bartleby para hipermétropes. Ya podían algunos tener la misma deferencia. Mi miopía sigue avanzando a marchas agigantadas por culpa de este vicio del leer y los minúsculos tipos de letra.Besos

  6. Angéline dijo:

    CEci, el aliguí será nuestra palabra fetiche. Qué cosa será, la buena de la palabra. En cuanto al libro de Melville es una pasada. Jamás había visto nada igual. Roberto, el amigo que me lo regaló, lo encontró poco menos que en un anticuario. Los libros que te gastan los ojos son muy afortunados, CEci. Seguro que ya lo saben.

  7. CEci dijo:

    Difícil tarea me encomiendas. Y eso que trabajo rodeada de diccionarios. El DRAE da la callada por respuesta, pero el Diccionario del español actual de Seco-Andrés-Ramos aporta otra ortografía (alhiguí) y propone “cosa que atrae engañosamente” como significado. Supongo que para alguien como Herzog, cuyos sentidos están -¿cómo decirlo?- sobresaturados de impulsos, al borde del colapso nervioso, la perspectiva de la muerte y, con ella, el final de toda esa sobrecarga, debe suponer un descanso. ¿Por qué “el aliguí de la libertad”? Porque la muerte no es liberación, no es descanso. Simplemente es el final. Sin más. Si ella llega, ya no habrá Herzog liberado. No habrá nada.Por otro lado, me resisto a creer que el original de Bellow diga realmente “signos de compasión”; más bien me inclino por una errata en lugar de “dignos de compasión”. Yo he manejado la misma edición que tú, así que de momento seguiremos en la duda, pero mucho me temo que terminaremos por descubrir que este es otro ejemplo más para mi colección de lo que un error o errata en la edición le puede suponer al lector: quebraderos de cabeza.

  8. Angéline dijo:

    Bien dicho. Y ha sido una gozada leer a dos. Lo repetiremos. Un beso CEci.

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