El libro de las pruebas (John Banville)

Ante todo e inexplicablemente me emociona ver esta fotografía de John Banville cada vez que abro la novela.

Sé perfectamente que nació en Wexford, Irlanda, en 1945. Lo he leído infinidad de veces, en cada ocasión que he abierto un libro suyo. Me gusta detenerme unos segundos en su mirada, en esa pose entre condescendiente y esquiva. Y la expresión que me dedica (es mi libro, es mi complicidad con él, forma parte de la atmósfera en la que imagino el resto) me parece como una alianza. Como si él supiera de antemano que observaré con detenimiento cada detalle de lo que narra. Con qué voz y tono lo hace. Me divertirá su sarcasmo y asombrarán esos arranques de ternura que brillan grotescamente entre la indiferencia con que nombra el hecho que los provoca.

TRAMA: Como en las otras tres novelas de John Banville que leí anteriormente (Imposturas, Eclipse, El mar), la trama parece eclipsada por la fuerza de los sentimientos que se narran. Es la percepción de cada instante mientras “sucede” la historia, la que domina las escasas piezas que la componen. Piezas que en este caso son la estancia del protagonista en el extranjero, el regreso accidentado a su país en busca de dinero para pagar a un prestamista, el robo de un cuadro, el posterior asesinato de la testigo de ese robo y la espera hasta su detención. Todo esto no son más que pretextos para que el personaje central, Frederick Montgomery, se mueva a la deriva por toda la trama. Son sus cavilaciones, el sonido de su propio entusiasmo o desánimo, lo que convierte a este puzle fragmentado en novela.gd_tri_002. Mikaël Helleux

Qué no me convence.

Por aquello de apartar lo menos brillante antes de nada, para que el resto luzca más, menciono un par de cosas a su autor. Me gustaría decirle, Maestro, que desde el principio me preocupó la forma en que parece olvidarse del prestamista. No es normal que alguien que deja esposa e hijo en una isla para salir en busca de dinero no vuelva y no ocurra nada. Sobre todo cuando el prestamista se fijó en que Frederick tenía una bella esposa y por el hecho contundente y claro de que ha cortado una oreja a Randolph, el intermediario al que entregó su dinero, como aviso para Frederick de que podría sucederle lo mismo pero a cualquier otra escala, si no restituía el préstamo. Que reciba la oreja en una caja y la posterior mueca de terror que descubre en Randolph, con el vendaje en la cabeza, hace temer lo que en el resto de la novela no es más que humo que se pierde. Si quería mantener en vilo al lector con este dato para obviarlo después, lo ha conseguido en mi caso, pero lo veo como un detalle deslabazado. Como el que pierde un instante el hilo en un monólogo y continúa con un tema diferente.

Otra cosa. La consecuencia del asesinato monopoliza la trama del primer cuarto al final. Sobre esto solo quería decirle que el motivo resulta algo desmañado, supongo que lo hace posible ese ir a la deriva que recalca varias veces durante la novela, pero si es capaz de matar a una mujer solo porque se le ocurre en ese instante, bien podría matar a un transeúnte con el que se cruza, a cualquiera de los otros accidentales personajes secundarios. Hay un momento en el que Frederick habla de su bestia interior pero al final se comporta únicamente como un ser humano egocéntrico, egoísta y holgazán, con poco relieve (a pesar de su gran estatura) para dar vida a un brutal asesino. No me convence esta muerte, le falta fuerza a la motivación. Espero que disculpe esta crítica, querido señor Banville, es el cuarto libro con el que cierro un ojo en la distancia para calibrar sus palabras. Y la cuarta vez que termino maravillada.

Final-stage. Ceslovas Cesnakevicius

 ESTILO

Sobre el estilo de John Banville no puedo ser objetiva a estas alturas porque le admiro demasiado. Me parece no solo extraordinario sino impecable, elegante, certero, apabullante. Su dominio de la “percepción” y del lenguaje crea imágenes precisas con una carga de lirismo tan fuerte que tienen vida propia El reloj lanzó un soplo complicado y dio la media; a mi alrededor, en habitaciones cada vez más distantes, otros relojes hicieron sonar sus carillones individuales y plateados y fue como si un minúsculo terremoto estremeciera la casa”. Más que una confesión al jurado, “El libro de las pruebas” parece una diatriba, un estallido, un sollozo también, la incredulidad de su personaje central, Frederick, por llegar a vivir una experiencia como el asesinato, del que en su descargo repite juro que solo fue ir a la deriva, como todo lo demás”. Resulta conmovedor a veces cómo se dirige al jurado. Y las frases que cierra entre paréntesis: “El sueño. (La sala tendría que conocer mis sueños)”

Son como siempre los detalles pequeños, esos mínimos flash que alumbran cada cuneta de esta novela, los que la dotan de ese brillo necesario para consagrar a John Banville como un narrador de élite. Ahí quedan algunas de sus sensaciones, tan acertadas. Cuando acaba de cometer el crímen y se siente ya un proscrito “Daba la impresión de que a la luz del sol le había ocurrido algo; mirara donde mirase, todo estaba impregnado de una penumbra submarina”. Las anotaciones en cursiva que adoro, tan frecuentes y gráficas, separando un párrafo de otro con una confidencia, un terror que se exhibe indefenso entre el relato de dos hechos “tengo miedo de pensar en lo que hice”. Una mirada esquiva, en busca de información “como la de un actor de teatro que descubre a un acreedor en la primera fila”. La mención de una interesante cita de un alemán que no recuerda y resulta ser Schopenhauer, “el dinero es la felicidad abstracta”.

Detalles que dan un acabado visual a algunas escenas “El policía viejo y calvo mecanografió la hoja de los cargos en una antigua y negra máquina de escribir vertical, como si hiciese laboriosos esfuerzos por tocar de oído en una melodía al piano, con la punta de lengua encajada en la comisura de los labios”. Comentarios espontáneos que me sacaron una sonrisa, ese crujido seco que producen las piezas de una historia cuando se encajan “¡De qué rara manera las circunstancias se las ingenian para crear algo que parece un desenlace!”

VOCABULARIO Y COLORES

Esta vez solo apunté tres colores pero se mencionan otros. Azulino, color moneda y verdigrís. También hace hincapié en los olores, es importante asistir a la novela con todos los sentidos y poder interceptar una mueca con hipotéticos resultados, un gesto, un matiz distinto (como despertar en medio de “la astillada luz del sol”), eso es lo que parece esperar este autor. Para la colección de palabras: Presciencia (conocimiento de las cosas futuras), Acedía (Pereza, flojedad, tristeza), Huero (vano, vacío y sin sustancia), Sancochado (plato de carne parecido al puchero) , “A fuer de” (loc. prepos. A ley de, en razón de, en virtud de, a manera de), Estasis (estancamiento de sangre o de otro líquido en alguna parte del cuerpo) y otras con sonido musical como pubescente, coercitivo, granujienta, pobretona, irrisorio y rutilante.

day_after. Anders Kjellberg

AFINIDAD Y DETALLES ANTERIORES.

Y después está ese descender a un mundo familiar paralelo, a la metáfora, la visión, la coincidencia de habernos detenido en la misma sensación “fue como si el corazón de las cosas se hubiese saltado un latido”, (es un pensamiento recurrente sobre el que escribo a menudo) y en muchas otras, dotando de sentimientos, contorno, peso y densidad (conceptos que repite a lo largo de la novela) a objetos y lugares. Hablando de la casa “de aspecto lamentable, con un carácter peculiar y ofendido, como si tuviera conciencia de que antaño había sido un sitio importante”. De los árboles “¡los grandes árboles!, esos seres pacientes que sufren en silencio, que permanecen inmóviles como si estuvieran incómodos, apartando de nosotros sus trágicas miradas”. De las cosas “ Parecía que, en lugar de retroceder como correspondía, las cosas estaban dispuestas ante mí- el mobiliario, la puertaventana abierta, el jardín, el río y las montañas lejanas-, como si en vez de ser miradas fueran ellas las que miraban, atentas a un punto de fuga situado en el interior de la estancia.”

Me llama la atención que el protagonista sea de nuevo alto y algo torpe al andar, como Axel Vander (Imposturas), Max Morden (El mar) y Alexander Cleave (Eclipse). ¿Como John Banville? Que Anna ( Anna también en “El mar”) cante un estribillo con la frase ¿qué es lo que sé?, y Axel Vander se haga la misma pregunta en la tercera hoja de “Imposturas” y alguna otra vez durante el resto de la novela.

http://www.andybruchey.com/images/cold%20river%20ps.JPG

Con una sordidez que no había leído antes en Banville (ni tampoco en “El secreto de Christine”, de Benjamin Black) pero que encaja perfectamente en sus personajes canallescos víctima-verdugo, termino una vez más con admiración un libro de este autor, para mí “de culto”. Así define Frederick su trayectoria “Es un fluir sin fisuras… aunque fluir es una palabra demasiado fuerte. Se trata, más bien, de una rauda estasis, una especie de carrera sin moverse del sitio. Pero hasta eso fue muy acelerado para mí, siempre me encontré algo rezagado, trotando en la retaguardia de mi propia vida. En Dublín aún era el chaval que creció en Coolgrange, en Norteamérica fuí el joven inexperto de los tiempos dublineses, en las islas me convertí en una suerte de yanqui. Y nada era suficiente. Todo se aproximaba, estaba en camino, a punto de ser..”

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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6 respuestas a El libro de las pruebas (John Banville)

  1. CEci dijo:

    Magnífica reseña, Angéline, atenta como siempre hasta al más mínimo detalle. Me apunto este “Libro de las pruebas”, aunque Banville (“La carta de Newton”, “Imposturas”, “El mar”) me deja agotada.Besos

  2. Angéline dijo:

    Gracias, CEci. Sí, entiendo lo que dices, a mí me ocurre lo mismo pero porque adoro a este hombre. Siento una especial complicidad leyendo sus novelas, es uno de mis principales referentes y necesito respirar el mismo aire que sus personajes, meterme bajo su piel para comprenderlos. Me agota pero disfruto de lo que considero una maestría por parte de Banville. Eso sí, pospongo hasta dentro de unos meses el próximo libro que lea de este autor. Besos, CEci.

  3. Olvido dijo:

    Es curioso, pero siempre que escucho o leo el nombre de Banville pienso en ti, es automático. Espero no te ‘enfades’’ conmigo, pero yo que aún no he leído en serio nada de él, ayer me he comprado ‘El mar’ y seguramente caiga este verano.Me gusta la pasión con la que escribes de él. Ya lo comentaremos.Un beso y muy buen día

  4. Angéline dijo:

    Me haría falta otro post para contarte todo lo que me ha venido a la cabeza así que resumo con varias ideas. Lee “El mar”, es un vaivén nostálgico, hermoso, con una cadencia musical que brota de la lírica con la que está narrado. Banville tiene un puesto de honor en mis lecturas, supongo que será por eso que le asocias conmigo, y quizás también por esa pasión que mencionas. No puedo evitar recomendarlo, traerlo cada poco. Parafraseo una frase habitual por estos lares “Es mucho Banville para ser un Banville solo”. Lo comentaremos. Un beso, Olvido.

  5. Un gran despiece del libro el que haces. Se nota que has leído cada palabra saboreándola, porque no se te escapa el mínimo detalle. Tienes razón en todo, pero me ha llamado la atención eso de que los sentimientos prevalecen por encima de la trama. Y es que es cierto, me ha dado esa sensación en los dos libros que he leído de este autor: “El mar” e “Imposturas”. Teniendo en cuenta que fue el Sr. Banville quien me trajo hasta tu blog, me alegra leer una nueva reseña sobre uno de sus libros venida de tu puño y letra, aunque la hayas escrito con el teclado…Muchos besos, espero que estés pasando un verano feliz y lleno de lecturas.

  6. Angéline dijo:

    Hola Rubén, no sabía que John Banville nos había acercado, qué bueno que fuera así. He leído el libro con detenimiento, creo que tanto él, por su calidad, como yo por mis deseos de aprender, nos merecíamos esa atención. El resultado es que de nuevo me siento admirada, al margen de algunos detalles que no me cuadren en otro orden de cosas. Yo también espero que tu verano sea magnífico, felices momentos que te lleguen muy hondo. Por aquí hay un poco de todo, playa, lecturas, trabajo, bricolaje en casa. Poco tiempo para escribir y conectarse a internet pero con las vacaciones muy cerquita. Muchos besos también para ti.

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