Manual de caza y pesca para chicas

Supongo que alguna gente que lo ha descartado viendo la portada, daría una oportunidad a este libro si tuviese otro título. Me parece totalmente desafortunado, aunque tenga un sentido pleno hacia el final de la novela. Es como llamar “La encerrona del matrimonio” a una historia que pretenda desaconsejarnos el santo sacramento, en lugar de dejarla fluir como “Viento en contra”, “Efecto Boomerang” o “Las nueces de Pashbarn” (en alusión por ejemplo a un tipo concreto de nueces que podría comer la protagonista de esta encerrona cuando le daba uno de esos ataques de pánico que pueblan las salas de los psiquiatras en Nueva York). Yo he tenido suerte, leí un día por casualidad en internet que Melissa Bank, su autora, “Más que una escritora, es un huracán (Nicolás Casariego. ABC) o que la novela es Un maravilloso retrato de mujer, sensible, moderna. Es Chéjov en versión Manhattan. Un placer (Eric Neuhoff, Le Figaro Litteraire) o incluso que “La autora y su protagonista tienen una peculiar manera de tomarse la vida en broma y el arte en serio. O quizás lo contrario. Y una admirable percepción de la ligereza. Y de la comedia” (Frédéric Vitoux, Le Nouvel Observateur) y me apeteció leerla.

Nueva York

Confieso que ahora que la he terminado me he quedado con ganas de más y quizás vaya en busca de “Un lugar maravilloso”, segunda novela de Bank. Pero hablemos de la primera y de Jane Rosenal, su protagonista, quien nos hace cómplices de su mundo a lo largo de 257 páginas, durante las cuales viaja desde su adolescencia a un punto indeterminado de su madurez, quizás la treintena. Imaginativa, rápida, mordaz, a veces las cosas son sí o sí, otras veces hay que desdibujarlas en la distancia, hasta tomar conciencia de ellas. Y en cada período está acompañada de alguien diferente, quien de alguna forma le hará madurar antes de tiempo. En la universidad con Jamie, inmaduro, voluble, su relación no le aporta nada. Más adelante con Archie Knox, cuando vive en Nueva York, un editor de éxito que le dobla la edad pero de quien aprende la primera lección: En una relación, los dos han de estar a la misma altura. Ni puedes dejar que el otro te empequeñezca para tener un lugar cerca de él ni tampoco puedes vivir una vida que no te corresponde sintiéndote mayor antes de tiempo. ¿Qué determina ésto? La experiencia, que diría Martin Amis. También aprende de él los secretos del mundo editorial y su propio potencial como editora en una empresa donde en realidad la tratan como ayudante de sí misma.

Y después está Mister X (le llamaremos así ya que no menciona su nombre) unos años después, alguien que no puede aportar un punto de estabilidad a su convivencia, muy pendiente de ella por un lado y por otro confuso con su propia existencia, asistiendo a sesiones de psicoanálisis cinco veces por semana. Inseguro, conflictivo, inapropiado. En un momento difícil y crucial en la vida de Jane, Mister X es más abismo que asidero (“Os separáis por las mejores razones del mundo. Tú estás cansada de vivir esperando su apocalipsis. Tienes que librar tu propia batalla, y aunque no es más importante ni más noble que la de él, requiere toda tu energía. Eres tú la que tiene que aferrarse a la tierra. Tienes que agarrarte más fuerte y eso significa soltarlo a él..”) y todo se acaba.

Rafael Boluda

Finalmente Jane se enamora de Robert Wexler, un dibujante de cómics, y el mejor consejo que nadie pudo darle (y en este caso fue su madre, allá en su adolescencia) que consistía en “ Sé tú misma” (esa frase tópica que levanta ampollas a alguna gente) cae en saco roto porque de repente decide actuar como quien no es para que esa relación no se vaya al traste como las anteriores. Y eso trae consigo nuevas sorpresas que no voy a desvelar. Novela con moraleja, interesante, muy interesante, el estilo de Melissa Bank me parece atrayente, moderno, directo y sorprendente por tramos. Esa sinceridad brutal en algunos diálogos, algo que echaba de menos, refrescantes, inteligentes. De pronto me he dado cuenta de que no hace muchos años yo era muy parecida a Jane, aquellos intercambios verbales que no dejaban ninguna duda, educados pero contundentes. Y que con el tiempo me he ido domesticando, buscando la palabra menos hiriente, almohadillando el daño a los demás, callando lo que no es necesario revelar para no lastimar, buscando la opción menos dura, la menos impactante, cuando en algunas ocasiones lo que debería haber hecho era pronunciar las palabras necesarias, con todas sus letras y bien despacio. Como hace Jane Rosenal, ni mejor ni peor que las demás, tan solo una mujer, buscando luz al final del túnel y un brazo querido en su cintura cuando abra los ojos, desubicada, una mañana cualquiera, tras un descanso inconexo.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a Manual de caza y pesca para chicas

  1. Alex dijo:

    Al poco tiempo de llegar hasta tu rincón, discutimos (virtual y amigablemente) sobre la naturaleza del amor y lo conveniente. No me gusta la última palabra. No creo que pueda aplicarse al amor.

    No me resulta difícil entender que te sientas próxima a la protagonista del libro. Se supone que cada vez que te caes aprendes. Pero no les ocurre a todos. Los hay que prefieren caer al suelo que en la conveniencia. Acomodarse no es una opción.

    Dicha la tontería, que sabrás disculpar, el libro me llama la atención tal y cómo lo describes. Y aunque mi pira de libros pendientes de leer sea equivalente al Empire State, tomo nota en la libreta pequeña y azul que tengo a mi derecha.

    Saludos, Angéline.

  2. Angéline dijo:

    Hola Alex. He leído algunas críticas del libro y alguna gente lo considera en la corriente del <>chick lit<> (novelas para mujeres, solteras, independientes, trabajadoras, entre 20 y 30 años). Quizá nosotras lo veamos más cercano porque el conjunto de las reflexiones sale del mundo de Jane Rosenal pero no lo veo exclusivo para mujeres. Tampoco es un libro sesudo en el que se analicen a conciencia los sentimientos y es precisamente esa ligereza, ese pasar por encima de puntillas lo que me ha gustado. Es un libro rápido, a eso me refería con el estilo atrayente de Melissa Bank, las ideas están bien claras.<> Ahora esto me hace sufrir y ahora esto otro me divierte<>, sin excesivas complicaciones, para descansar de libros más densos pero con una carga de fondo interesante. Yo he reflexionado sobre un par de cosas de mi propia vida, sin ir más lejos, y eso es lo que le pido a la lectura, que me estimule. Unas veces con un calado y otras con otro. Y pese al título y las etiquetas que le cuelgan (chick lit), hay momentos en esta novela que me parecen soberbios. Saludos, Alex.

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