Posibilidades

“Una mujer a la que conocí en la universidad donde dí clases durante cierto tiempo, me dijo una vez que mi problema era que tenía demasiado donde elegir, que no me veia obligado a actuar por pura necesidad. Pero eso sólo es una ilusión y ella estaba equivocada. Necesitamos tener opciones. Y cuando paseo por las intrincadas calles de ladrillo de esas ciudades americanas, siento exactamente eso. Un montón de posibilidades, cosas de las que no sé nada pero que quizá me gustaría que estuvieran ahí, esperándome. Aunque no existan. La alegría de llegar a un sitio nuevo, un restaurante con una luz sugerente, un taxista con una vida interesante que contar, la voz melodiosa de una mujer que no conoces y que oyes al azar en un bar donde nunca habías entrado y a una hora en la que, si no, habrías estado solo. Todas esas cosas están ahí, esperándote. ¿Y qué podría ser mejor, más misterioso, más esperado? Nada. Nada de nada.. “ (“El periodista deportivo”. Richard Ford)

Ha sido toda una revelación darme cuenta de que si no hubiera leído “Pecados sin cuento” de Richard Ford (que era lo primero que leía de este autor y me dejó con dudas), no hubiera seguido con “De mujeres con hombres” pocos días después (quería conocerlo más, su fama le precedía y su estilo me gustaba realmente aunque hasta el momento no me causaba una gran impresión) que ya me pareció un libro de relatos más “firmes”. Con los dos libros tuve claro que Richard Ford es un escritor excelente pero el primero llevaba cada relato a un nivel que lo convertía en posibilidades que acababan dispersándose dentro de unos finales ambiguos, en los que a mi juicio, los relatos perdían fuerza. El segundo me pareció más sólido, más completo y de él (con un salto en el tiempo) he llegado a “El periodista deportivo”, una novela de la que ya desde el principio destacaría párrafos con vida propia, desconectados del resto, ideas que crean su propio mundo y pueden ramificarse a su vez en sub-ideas, como el párrafo inicial de este post. Seguiremos juntos un tiempo.

Hace tiempo que no viajo por una novela (en las últimas sólo he sido lectora) pero con ésta he deseado enormemente entrar en una de nuevo, seguir a pie a Frank Bascombe, pegarme a su sombra y observar de cerca cuanto hace, dice y siente. Como en los viejos tiempos con Updike y Buffalino. Así que he comenzado por la escena del principio en la que queda en el cementerio a las cinco de la mañana con X, su ex – mujer. Celebran cada año el que hubiera sido el cumpleaños de Ralph, su hijo mayor, muerto a la edad de nueve. En la actualidad cumpliría trece y empezaría a hacerse hombre.

Un momento.

He dicho lo de desear enormemente y me encuentro paralizada, sentada en la tumba que hay frente a la del niño, escuchando vagamente a X y a Frank y pensando en mis propias cosas. ¿Por qué se muere un hijo? ¿Acaso hay derecho a sobrevivirle? Las leyes de la lógica pierden su norte, como la brújula y el imán, no está en el guión invisible de padres que el hijo desaparezca antes y si ello ocurre que no espere la providencia que sigamos siendo ecuánimes, que tengamos las cosas claras, que demos seguridad a los otros niños que también son nuestros hijos. Hay ahí una herida abierta, una herida espantosa en canal, un contrasentido, un contranatura, un contracordura y todas las contras que puedan hacer ver al curso natural de las cosas que perder a un hijo no lo es (natural) y por tanto podemos volvernos locos con pleno derecho en cualquier momento. Esto me calma pero desde hace un rato escucho a X y a Frank con más atención de la que dedico a mis pensamientos y la pena que sienten me entristece demasiado. Estaba comiendo y he tenido que dejarlo. Imposible digerir tanta tristeza.

Pero de nuevo en sus/mis pensamientos, me parece muy tierno y especial venir al cementerio a celebrar el imposiblecumpleaños del ya chico. Con trece años ha dejado atrás la infancia y la cara se le hubiera alargado un poco. Como las piernas, los brazos y el tronco. Las cejas tienden a poblarse algo más y la frente se anchea, dando una nueva expresión a esa mirada, más intencionada. Para Ralph se acabó la existencia a la edad de nueve años pero tiene su sentido que siga creciendo en la mente de sus padres. Y resulta maduro y moderno poder hablar de él o de cualquier cosa como si nada hubiera sucedido. Ni un divorcio ni nuevas parejas en el caso de ambos. Comodidad, complicidad, camaradería. Vamos, que cuando X habla con él no recuerda el motivo del divorcio. Y él todavía se esfuerza menos en el tema. Esta noche hay lectura de poema, lágrimas y melancolía. X se siente mayor porque se encuentra sola y Frank se siente joven porque tiene novia. Pero viendo las lágrimas de X por su hijo muerto, piensa que se casaría de nuevo con ella y volvería a empezar con gusto una nueva vida.

No puedes, Frank. Duplicar una realidad, clonar un recuerdo, cambiaría el curso de los acontecimientos y todo sucedería de otra forma. Durmamos, Frank. Tú estás cansado y yo ya ni te cuento. Como si el día hubiese comenzado hace varias vidas. Pero cierro los ojos y nos veo a los tres en el cementerio. Vosotros hablando y yo pensativa, dando caladas cortas a uno de esos cigarrillos que sólo me permito fumar en sueños. Mirando abstraída para la lápida de Ralph, mientras hago mi propia lista de posibilidades, cosas de las que no sé nada pero que quizá me gustaría que estuvieran ahí, esperándome.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en A vueltas con Frank Bascombe, © Madrugadas insomnes, Viajes por las novelas. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Posibilidades

  1. Anonymous dijo:

    Amisadicta:

    ¿le has visto en Página 2? Qué contundentes sus opiniones y con qué contundencia las expresa.

    Un abrazo,

    Colometa.

  2. Angéline dijo:

    Pues no lo he visto y qué pena, porque ahora en la página no consigo ver más que unos segundos del principio de la entrevista. Pero he sentido una emoción especial esos segundos, como si fuera un amigo que han llevado al programa y yo pudiera verlo desde la ternura de conocerle. Soy una martinamisadicta, no puedo evitarlo, y me encanta.. Ojalá cambien ese enlace y pongan la entrevista entera. Ahora ya necesito verlo. Un abrazo, Colometa.

  3. Anonymous dijo:

    La entrevista la fragmentaron a lo largo de todo el programa. Quizás debas ver el programa entero.

    Que lo disfrutes.

    Colometa.

  4. Angéline dijo:

    Gracias, Colometa. Al final ví el programa entero. Así es Mr. Amis. Contundente, polémico y especial. Me ha gustado mucho verle. A la pregunta de algún escritor que pudiera recomendarnos podía haber contestado con el nombre de sus dos referentes: Vladimir Nabokov y Saul Bellow. El consejo a los escritores que comienzan ya lo conocía. Habla sobre ello en algún lugar de “Experiencia”, autobiografía y libro interesantísimo. Ahí comenzó mi adicción por él. Un abrazo, Colometa.

  5. Angéline, muchísimas gracias por las palabras que me has dejado tanto en mi blog como en mi correo. Me animan mucho. Ahora mismo me encuentro en medio de un periodo literario importante y a la vez extraño. Sigo leyéndote. Ya sabes que me encanta tu blog.

    Muchos besos

  6. Angéline dijo:

    Como dicen los grandes, Rubén, aunque de un modo diferente cada uno: trabajo, buenas influencias y desarrollar el yo creativo en soledad. Y así siempre. Me encanta seguirte en este momento y pase lo que pase ese día, para mí has sido un poeta desde el principio. Y creo que debes aprovechar la ola, como refuerzo a ese trabajo constante que hay detrás de cada escritor. Un abrazo, Rubén.

  7. Anonymous dijo:

    Para mi Frank Bascombe es uno de los grandes personajes de la literatura, alguien, cuya forma de mirar al mundo, y sobre todo, las relaciones padres/hijos,(un asunto que aparece mucho en sus historias) siento cercanas o incluso propias.
    No se pierda los cuentos de Rock Springs o una pequeña joya llamada Incendios.
    Un saludo

  8. Angéline dijo:

    Los tengo ya en mi lista de futuros “Ford”, Anónimo, pero muchas gracias por recomendarlos. Sentir afinidad con la mirada del autor crea una intimidad para el lector muy agradable. Como si hablaran de nuestro mundo en sus novelas o con nosotros. Y eso las hace especiales. Un saludo.

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