Per-vivir

Estoy pendiente de Rona Jaffe, pero sigo con Frank Bascombe, personaje central de “El periodista deportivo”, de Richard Ford. Desde que decidí viajar por la novela, camino a su lado, a su paso, a veces con su mismo pie. Me gusta equilibrar el cuerpo mientras escucho cuando andamos. Sigo sus explicaciones, asintiendo sin darme cuenta, para que note que estoy pendiente. Y lo estoy de verdad, pero es una costumbre. Amoldar el paso al otro y curiosear sus gestos, los tics, el refuerzo de muecas para las frases más intensas. Y sí, su discurso entra limpiamente en mi cerebro pero no sólo porque lo escuche sino por ese baile de movimientos. Una danza que de alguna manera secundo, acoplándome a ese paso, a esas manos, y a ese hilo vital que por unos segundos nos conecta. Y así hemos estado, merodeando la casa de X (su ex – mujer), de Mrs. Miller (su quiromántica), sintiendo un poco de paz en momentos de confusión.

Y aunque ya hemos pasado por otros acontecimientos y experiencias, todavía puedo vernos en la página 123 del libro. En la parte blanca de la hoja, cuando se acaba ese capítulo y todavía no hay obligación de comenzar el siguiente. Estamos en su coche, es un silencio compartido, tomo notas y pienso a mi vez en las pérdidas, en lo increíblemente difícil que es poner un muro donde antes había una ventana al exterior, luz, inocencia y candidez. Podría contar esta escena pero es tiernamente dramática, la clase de conversación que si la cuentas pierde parte de su brillo y no sólo no debe perderlo sino que .. bueno, tampoco quiero exagerar. Pongamos que esta escena entre padre e hijo podría ser una buena razón para leer este libro, aunque no voy a engañarles, hay miles de otras razones tanto o más válidas. Conocer a Frank Bascombe puede ayudarte a ser mejor persona. Y eso es algo que nunca puede despreciarse. Pero estamos aguardando en la parte blanca de la hoja, sentados en el coche. Frank mira cómo su hijo Paul entra en la casa. Yo miro a Frank y pienso en lo que acabo de escuchar. Y en lo difícil que es encajar un pasado roto en una vida que se reanuda.

Y entonces se me ocurre que cada uno de nosotros tiene un puesto en el mundo. En su mundo y en el de los demás. Y si te tocó ser hermano mediano es inquietante ser de pronto el mayor. Saber que eres el techo al que miran los que te siguen y que tú no tienes ninguno. Y además de sufrir una pérdida irreparable y dolorosa que te dejará secuelas, eres quien abrirá camino en adelante, no tendrás ese apoyo de alguien más cerca de ti que de tus padres con el que has crecido, y de alguna forma harás sitio en tu vida no sólo a los recuerdos que le incluyen sino a todo lo que descubrirás en el futuro, que él va perderse. Frank dice que Paul cruzó la calle Cleveland hacia la casa de su madre mientras él se abría paso en la oscuridad camino de la suya, invadido de pronto por un sentimiento de expectación muy distinto. Pero ha tardado unos segundos en arrancar y mientras avanzábamos a través de esa oscuridad, casi podía escuchar de nuevo lo que decía unas hojas antes “Nuestras vidas no son corrientes. No hay nada trivial en nuestros placeres ni en nuestros desastres. Cuando se trata de asuntos del corazón, todo es tan problemático como el álgebra. Una vida puede cambiar como cambia un día, de soleado a lluvioso, como dice la canción. Y luego puede volver a cambiar..” Y empezar otra vez. Asentar el poso en el fondo. Dejar que el dolor se compacte y quede sitio para otras emociones. Per-vivir.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a Per-vivir

  1. Alex dijo:

    Escribió Truman Capote, en “El Arpa de Hierba”, que todo lo que es difícil que lo que una vez ha cambiado vuelva a hacerlo. No estoy de acuerdo con su sentencia. Si bien, hay cosas que una vez han ocurrido marcan tu camino para siempre. No imagino nada más humano, para bien y para mal, que el no conformarse con lo que el destino te ha reservado. Encontrar tu sitio es lo complicado. Pero una vez ocurre, no puedes recordar qué es lo que llevó hasta allí.

    Beso, Angéline.

  2. Angéline dijo:

    Estoy de acuerdo, uno debe variar el rumbo cada vez que sienta que necesite hacerlo. Incluso volviendo al principio. Madurar es complicado, y no significa tener un pensamiento adusto, desprovisto de espontaneidad, sino reaccionar con lo aprendido a través de la experiencia. Después está la propia naturaleza de cada uno, que guarda esa madurez tras un temperamento abierto y jovial o un muro impenetrable. Creo que Frank no es sólo un resistente sino un experimentador. Y le aplaudo por ello.

    Un beso, Alex

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