"Lo mejor de la vida". Rona Jaffe

Antes de comenzar la lectura de esta novela la miré de canto, busqué el número de la última página (614) evitando leer ni una sola letra y pensé en Martin Amis. En la economía del tiempo o su teoría de que habría que leer a autores que ya hayan muerto “.. o al menos sean de tu generación, porque lo único que te permite juzgar una novela es el tiempo. Que un autor siga siendo leído tras su muerte, es un indicio bastante confiable de que su lectura será provechosa..” Querido Martin, a veces sucede que les leemos tras su muerte porque no estaban publicados en España y de repente aparecen. Y ello no nos garantiza una lectura que nos deje a gusto, o al menos, este es mi caso con “Lo mejor de la vida” de Rona Jaffe. Ninguna objeción sobre el tema por mi parte, ni por el momento en que se desarrolla la acción, los años cincuenta del siglo pasado. El problema que le encuentro a esta novela es el enfoque, ahora y entonces, el relato del instante, la elección de la autora de los momentos importantes, conduciendo al lector por una línea recta en la que no hay escapatoria. Dogmática. Y que le sobran unas cuatrocientas páginas.

Son simples, torpes, soñadoras, inocentes, algo irresponsables, cándidas. Mary Agnes, Brenda, Barbara, April, todas son muñecas de porcelana creadas para brillar cerca de un hombre que las haga su esposa. Que trabajen en una editorial y vivan en un espacio pequeño sólo las convierte en más abnegadas, la excusa perfecta para desear todavía más que ese hombre maravilloso irrumpa en sus vidas como un premio repentino y merecido por haber soñado con él desde pequeñas y las rescate del punto muerto en que se hallan. Y entretanto, vacían la bodega de la ciudad, copas a cualquier hora, martinis de vodka o de ginebra, whisky, bourbon, brandy. Alternan con los hombres hasta la madrugada, fuman como carreteras, algunas prueban el sexo, otras lo sueñan. Y no hay entre ellas una mente lúcida (sí, Caroline Bender, antes de que su autora decidiera sentenciarla como al resto) que ponga un poco de sensatez en tanta cabeza loca por casarse. ¿Desenfreno en los cincuenta? Ni mucho menos. Van de caza, todo sea por pescar marido.

Supongo que el atractivo de esta novela en su época pudo ser que cuando Rona Jaffe la escribió se estaban poniendo los cimientos de lo que más tarde sería un “mismo escenario para todos” y estas chicas de la novela, aunque atolondradas y torpes, ya habían volado del nido familiar, tenían su propio mundo y se relacionaban con hombres de una forma más natural que las mujeres de la generación de sus madres. Las lectoras podrían suspirar tanto por esa independencia como por el objetivo que parecen tener todas, casarse y tener hijos. Quizás fueran las precursoras de Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte (Sexo en NY) pero a diferencia de éstas (exceptuando a Charlotte, cuyo objetivo en la vida era encontrar marido y crear una familia) pensaban que el contador de su felicidad sólo se activaría el día en que un hombre se fijase en ellas y las comprometiera a perpetuidad, pasando a ser “la señora de” (mi marido.. mi marido dice.. ) Desde nuestra perspectiva del 2009, estas mujeres tienen todos los boletos para resultar patéticas. Inconscientes, cuadriculadas, ni siquiera se salva Caroline Bender, como bien apuntas CEci, que era la que parecía más centrada. Yo temía que el ochenta por cierto de la novela fuera el compendio de los desastres y el último veinte un paraíso de príncipes azules remendando cada descalabro pero afortunadamente dos de ellas al menos no consiguen su objetivo y eso la salva en cierta medida.

Creo que en doscientas páginas podría haber contado lo mismo y mejor. Más condensado, con alguna frase sagaz como las que cuela de vez en cuando en forma de proverbio para ilustrar el tema. Por momentos me parece escrita con un estilo infantil o quizás sea la traducción. Diálogos insulsos en las confidencias entre chicas mostrando una intimidad que no es necesaria. El epílogo no viene a cuento, podrían habérselo ahorrado. Contribuye a aumentar la sensación de que has empleado demasiadas horas en el libro. Si el lector del siglo XXI necesita alguna complicidad con Rona Jaffe sería para preguntarle por qué teniendo el poder de mover los hilos de otra forma, consintió en convertir a sus mujeres emancipadas en simples estereotipos, desesperadas por reproducir los esquemas de sociedad con los que habían crecido. Es curioso que ninguna quiera abrir una brecha en la costumbre, ponerse a la altura de los hombres o ir más allá de ellos. Porque incluso la señorita Farrow, la jefa (que por cierto, no he podido evitar ver como la Meryl Streep de “El diablo se viste de Prada”) con tanto poder y sueldo más alto que las demás, pierde fuerza cuando lo deja todo por el matrimonio, en la línea del libro.

Y ¿qué es lo mejor de la vida para Rona Jaffe? Pues una vez que ha mostrado a dónde te puede conducir una vida descarriada, caso de April (pérdida de virginidad antes del matrimonio, aborto, vida alocada ¡y salvación final!) o de Gregg (echada a perder por su descarada forma de vida), consuela a sus lectoras con la rectitud de Mary Agnes y Brenda, que combinan la vida de oficina y el noviazgo casto cuya recompensa es una boda por todo lo alto para la que han ahorrado años e incluso la promesa de que si esperas por el hombre de tu vida puede llegar un momento en que aparezca como caído del cielo, hecho a medida para ti (caso Barbara). La sorpresa es que convierta a Caroline, tan joven como las demás pero madura, comprometida con su trabajo, con ganas de ascender y ser alguien en su profesión, la única que habla de estar casada y trabajar al mismo tiempo, en una mujer anhelante e insegura, colgada del recuerdo de un antiguo novio, un recurso desmañado que la hace perder credibilidad.

En conjunto, el mensaje parece ser “sé buena y femenina, pórtate bien y si tienes paciencia, un hombre te rescatará de tu soltería y te llevará al Nirvana”. Amén. Creo que, al revés de lo que persigue Rona Jaffe “Pensé que si era capaz de ayudar aunque fuera a una sola muchacha que, encerrada en su minúsculo apartamento, sintiera que estaba completamente sola y que era una chica mala, entonces el libro habría valido la pena” si con esta novela consiguió que al menos alguna mujer desease con fuerza tener un “minúsculo apartamento” para convertirlo en su fantástico nido de independencia donde comenzar una vida propia sin la necesidad de ser la rémora de nadie a los veinte años (¡!), entonces el libro habría valido la pena.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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4 respuestas a "Lo mejor de la vida". Rona Jaffe

  1. CEci dijo:

    Se puede decir más alto pero no más claro, Angéline. Me ha encantado tu análisis, sobre todo, el final. Me he reído con ganas con tu versión.
    Cuanto más pienso en ella, más reaccionaria me parece la novela. Por eso me ofendió el tono pretencioso del epílogo de la autora, totalmente gratuito, por cierto.
    En fin… pasemos a cosas mejores. Siento que no hayamos podido compartir una lectura más productiva; como aquel “Herzog” de hace un par de años 🙂
    Por cierto, estoy ya enganchadísima al “Ángulo de reposo” de Stegner. Es curioso. Uno nunca diría que es una novela absorbente y lo cierto es que sí lo es.
    Besos!

  2. Angéline dijo:

    Pues habrá que leer a Stegner, entonces. La verdad es que disfruté mucho “En lugar seguro”, pero tengo todavía a Carson McCullers y quizás a Banville de nuevo, en “El intocable”, que sale en bolsillo ahora.

    CEci, no me arrepiento de haber leído el libro. No sé si por la extensión o por lo que visualizo cuanto leo, tengo la sensación de haber viajado al Nueva York de los cincuenta hace poco, como si realmente hubiese estado allí. Por otra parte, también me sentó bien leer algo ligero en unos días un poco complicados. Y me gustaron Mike Rice y Sidney Carter. El próximo será genial, ya verás. Un beso y gracias por la lectura compartida, como llegué tarde la compartí mentalmente contigo en varios puntos de la trama.

  3. Anonymous dijo:

    Vaya, Angéline, creo que nunca te había leído una crítica tan contundente. Avisada quedo, porque el libro estaba en mi carta a los reyes magos… Me atrajo cuando leí que algunos guiones de Mad men, la serie, se basaban en la novela. En fin, te haré caso y a otra cosa mariposa.

    ¿Carson McCullers? Mmmmm, recuerdo con calor mis días de lectura de El corazón es un cazador solitario. ¿No te parece este un gran título? Para mí, de los mejores.

    Disfruta del puente (si lo tienes) y de la lectura.

    Un abrazo,

    Colometa.

  4. Angéline dijo:

    Entre los diez y los quince años leí cientos de novelas de amor. Empecé con las de Corin Tellado que encontré por casa y seguí con los Jazmín del kiosco. Era una época en la que también leía novelas de vaqueros con mis hermanos y nos pasábamos el rato a pura carcajada leyendo en alto la frase más ingeniosa de la novela de cada uno. Este libro me recordó las intrigas románticas de entonces y otras más antiguas, de Carlos de Santander. Este es un libro demasiado largo para el fin que persigue y me temo que resulta muy descarado que nos muestre esa diferencia entre buenos y malos (Sidney Carter frente a Dexter / Gregg frente a Mary Agnes). Si pretendía ser aleccionador, casi me quedo con aquellas novelas antiguas que guardaba mi madre en una caja, quizás avergonzada de ilusionarse con esas vidas, en un momento de su juventud en el que no había más que penurias económicas y mucho trabajo con cuatro hijos. Visto lo visto, ahorra el esfuerzo y el dinero (si quieres te envío mi ejemplar y lo lees) para una obra con más calado, quizás Stegner, ya estoy deseando ponerme con él, o Mary McCarthy con “El grupo”, obra que menciona CEci en su blog, que me he apuntado para dentro de poco. Un beso, Colometa.

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