No es tan fácil, no..(III)

(¿Qué tienen en común Ryan Bingham (Up in the air), la panadera de éxito en Santa Barbara Jane (No es tan fácil) y la camarera-repostera del Joe’s Diner, Jenna (La Camarera)? Los tres podrían tirarse en cama mirando el techo, cerrar los ojos unos segundos y sentirse estafados.) Última parte. III. “No es tan fácil”.

Jane y Jake

No voy a opinar sobre “No es tan fácil” como película sino sobre las posibilidades de su trama, que es lo que realmente me interesa. No puedo evitar ver historias escondidas dentro de la principal y para qué negarlo, rizar el rizo es uno de mis pasatiempos favoritos. La situación no es nueva. Mujer madura independiente (Jane), ex marido maduro casado nuevamente (Jake), buenas relaciones entre ambos, hijos adultos en común sin traumas aparentes, una situación económica boyante que elimina roces desagradables en todas las escalas generacionales, un maduro pretendiente para Jane (Adam). Si fuese la dueña de este teatrillo jugaría a introducir rebeldías y claudicaciones, resentimientos, sueños inconfesables, conflictos generacionales o alguna envidia enquistada. Y es que esta amable comedia contiene los mismos ingredientes que podría tener un drama complejo y puedo imaginar a Meryl Streep, Alec Baldwin y Steve Martin en sus mismos personajes haciendo un papel difícil, traumático y la cosa cambia bastante..

El tono, ese botón de ajuste tan importante que determina una historia. ¿Cómo lo quieres?, imagino al guionista hablando con su jefe. Al uno, afectuoso y agradable. Al dos, crispado. Al tres, conflicto en ciernes. Al cuatro, implacable y duro. Al cinco, de impacto, etc.. Pero quedémonos con la versión que los guionistas de esta película han elegido, al uno, amable y blanca historia.

Jane, Adam, Jake, nueva mujer Jake

Jane es una mujer emprendedora. Divorciada desde hace diez años tiene una casa enorme en la que vive prácticamente sola, pues sus tres hijos ya son mayores y apenas paran en ella. Dueña de una panadería que va viento en popa, con un grupo de amigas fieles en las que apoyarse, parece tenerlo todo excepto pareja. La relación con su ex marido es tan buena que cuesta creer que él haya vuelto a casarse y además enamorado, viendo la adoración que siente por ella. Simpático y desenfadado, con esa inconsciencia típica de quien no ha crecido por dentro al mismo ritmo que por fuera, parece atrapado en los dos ambientes familiares con los que está relacionado: la vida de su ex mujer, la familia que ha tenido con ella y la propia en este instante, incluyendo en el tándem actual una mujer joven obsesionada con la maternidad, con un hijo de corta edad que ha tenido con otro hombre. Por momentos la balanza de Jake se inclina al lado de Jane, pero ésta ha despegado en su propia vida. Un tercero en discordia es Adam, el arquitecto que reformará la casa de Jane, un tipo tímido, en pleno proceso de divorcio, que se sentirá inmediatamente atraído hacia ella, su fuerza y frescura frente al mundo aburrido y misógino que él lleva.

Jane, Adam. Jane, Jake.

Los hilos mueven a estos personajes de forma que Jane y Jake se encuentran de un día para otro tonteando de nuevo. Algo en la despreocupación de Jake, en su forma vital de emprender cada día arrastra a la Jane actual, una mujer sin complejos, fuerte y segura, a un affaire tan sorprendente como inesperado. Ser “la otra” para variar (motivo de su divorcio), le parece de pronto excitante y osado. Pero las citas casuales se convierten en algo más serio y Jane termina debatiéndose entre la fascinación por el imposible y la conexión que poco a poco va teniendo con Adam. Un arquitecto que además de convertir la soñada reforma de su casa en una realidad a su medida, también reforma su impaciencia, su visión de futuro y sobre todo, la ilusión de estar con alguien permanente, tangible, a tiempo completo. Alguien que no saldrá huyendo ni la cambiará por otra en cualquier momento.

Jane, Jake. Jane, Adam

Así que aquí la tenemos a oscuras, tirada en la cama, sintiéndose estafada. Mirando al techo y pensando que ha sido inútil cocinar una cena fantástica, vestirse con elegancia, prepararlo todo para una cita “madurada” y hacerse ilusiones con Jake. Cuando cierra los ojos, cansada, la comida sigue intacta en los platos, la casa en silencio, el vestido descansando de nuevo en el armario, el perfume de las velas desapareciendo suavemente en la noche.. Que Jake no haya aparecido rompe la burbuja de ensoñación y la devuelve al mundo real. Y en cuanto a él, encanto, derroche, empuje.. en fin. Demasiados mundos para un solo hombre.

Quizás lo único que rompa el uno de esta película sea la elección de la pareja. Que como en los otros dos casos (Jenna, Ryan) los guionistas escapen del recurso fácil de emparejar a sus protagonistas con el personaje más evidente, el de más carisma, o al menos el que tanto desean en un momento importante de sus vidas. Y aunque no me gusten mucho las moralejas en las películas, el mensaje podría ser “Sigue tus instintos, puedes darte el golpe de tu vida o encontrar lo que de verdad necesitas” Y en eso sí que creo. Arriesgar es lo más emocionante de estar vivo, aunque a veces cueste trabajo después, suturar heridas que nunca cierran.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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