Calidoscópica Woolf. La señora Dalloway

Al final de la película “El compromiso”, hay un momento en el que JoJo (Susan Sarandon) exclama eufórica frente a su máquina de escribir que por fin ha sido capaz de plasmar una idea completa. Desde que su hija murió (alcanzada por una bala en un bar poco antes de su boda), estaba totalmente bloqueada y en ese momento todo ha brotado con fluidez y se siente maravillada. La película tiene mucho de lo que hablar pero en este momento me quedo con esa cara de felicidad que muestra JoJo al espectador, los post-it con los que arma su novela pegados en la pared frente a la que escribe y la incredulidad que siente por haber puesto de nuevo en marcha el mecanismo que la convierte en escritora. Cuando ví esta escena estaba terminando “La señora Dalloway” de Virgina Woolf. Me faltaban cinco o seis páginas y esa exclamación de JoJo me hizo pensar en ella al instante.

Susan Sarandon en

Esa sería una visión general de la novela de Virginia, la capacidad de su autora para plasmar de forma impecable las imágenes COMPLETAS que poblaban su mente y cuando digo esta palabra me refiero a todos los confines, los horizontes más lejanos. Y además de ellos, también a los elementos que se encuentran implícitos y los que están más allá de las imágenes. La novela se desarrolla en un día, desde que Clarissa se levanta con la idea de preparar la fiesta de la noche, hasta que ésta termina. Y entre los dos momentos no solo caben los acontecimientos de ese tramo sino la total y absoluta visión de lo que rodea a Clarissa en el exterior e interior de su cerebro y por extensión, de todos los personajes que se cruzan en su camino o están involucrados en su día. La novela es la visión panorámica de unas horas en la vida de una persona, permitiendo que los elementos que la componen puedan expresarse, mantener sus propias teorías y exposiciones de sí mismas, sentir, expandirse, elucubrar. Incluso los extras de esta trama como los árboles, los vehículos, las banderas, las hojas que puedan desprenderse balanceándose desde un brote seco de una rama, (me invento un ejemplo), girándose graciosamente en el descenso, mecidos por un suave viento hasta caer al descuido sobre la loseta del parque a la que falta una esquina y donde se depositan dos pequeños frutos limados por la lluvia de los días anteriores.. todos tiene vida en esta novela.

Hace poco imaginaba a Virginia conmigo en mi mesa de trabajo, asomadas las dos a mi ordenador, buscando en los Google maps la dirección de su casa londinense para que pudiese ver cómo es ahora y los medios que tenemos para ello; Londres desde un portátil de La Coruña. Y pensaba yo, inocente de mí, que Virginia podría asombrarse con nuestra tecnología del siglo XXI. En cuanto terminé el libro me dí un toque de humildad y pensé que sus herederos podrían denunciar a Google por plagio. Porque Virginia utiliza en esta novela su propio Street View con navegador para mover el cursor de la pantalla donde se desarrolla la acción de su novela, de derecha a izquierda, arriba con cambio del ángulo de lo que narra, giro para variar el rumbo, mostrando otra perspectiva en la que tienen lugar nuevos sucesos y vuelta enderezando el sentido para que recorramos la distancia que queda hasta su fiesta, en la dirección correcta y sin perdernos ni un solo destello de las luces que ya se ven en la distancia, emergiendo cálidamente desde el interior de la casa.

Clive Bell y Lytton Strachey

Y como broche ese final en el que Peter Walsh reflexiona, que me recuerda tanto al diálogo entre Clive Bell y Lytton Strachey que también mencioné en aquel post sobre Virginia. “Después del almuerzo, mientras mirábamos caer y caer la lluvia en una oscuridad prematura, Lytton Strachey me dijo: “Dejando de lado amoríos, ¿a quién te gustaría más ver llegar por el camino?” Vacilé un momento, y él suplicó la respuesta, y le dije: “A Virginia, por supuesto”. Leer esta novela ha sido posible gracias al regalo de la lluvia, los charcos y unos pies felices que saltan en ellos, agradecidos al azar. Y yo me sumo a esa felicidad con el premio que ha supuesto para mí empezar con esta novela que abre el camino a otras lecturas de Virginia Woolf, todo lo que de ella se haya publicado en castellano. Sin prisas, con tiempo, paladeando su estilo calidoscópico, como si la hubiese conocido teniendo su misma edad y mantuviese con ella una complicidad natural, empática y definitiva, así de cercana la siento.

Lonely Melody Jerrica R.

No había nadie. Sus palabras se desvanecieron. Como se extingue un cohete. Brilla, después de haberse abierto paso en la noche, se rinde a la noche, desciende en la oscuridad, cubre los perfiles de casas y torres, se suavizan las laderas de las colinas, y se hunden. Pero pese a que todo desaparece, la noche está repleta; privado de color, en la ceguera de las ventanas, todo existe de manera más grave, todo da lo que la franca luz del día no puede transmitir, la inquietud y la intriga de las cosas conglomeradas en las tinieblas; apiladas en las tinieblas, carentes del relieve que les da el alba cuando, pintando los muros de blanco y de gris, rebrillando en los cristales de las ventanas, levantando la niebla de los campos, mostrando las vacas pardirrojas que pastan en paz, todo queda de nuevo amarrado a los ojos; todo existe otra vez.” (“La señora Dalloway”. Virginia Woolf)

Anuncios

Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en Viajes por las novelas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Calidoscópica Woolf. La señora Dalloway

  1. Alex dijo:

    Con todas sus carencias, que no son pocas, “El Compromiso” tiene algo precioso que no se ve con frecuencia en el cine: alma. De hecho, es un ajuste de cuentas con el destino de su director consigo mismo. Era el novio (devoto hasta lo inimaginable) de Rebecca Schaeffer. Y la película es su historia.

    “La Señora Dalloway” entra en el terreno personal de lleno para mí. Conoces de primera mano las circunstancias en que el libro llegó a mí de modo casi involuntario y lo mucho que me marcó su lectura y después el visionado de “Las Horas”, basada indirectamente en el relato de Virgina Woolf. También está su historia, la de la escritora, tan atípica y hermosa. Un amor tan entregado sólo puede calificarse de tal modo.

    Me alegra que el libro ahora esté contigo. Seguro que es feliz allí. De algún modo su destino era acabar en el lugar en el que reposa.

    Beso, Angéline.

  2. Angéline dijo:

    Para mí las películas son historias. Animadas, con efectos, pero historias. Y no puedo evitar verlas constreñidas, a sus anchas, incómodas, supremas, grandiosas o perdidas. La historia de “El Compromiso” me inspiró respeto y las actuaciones principales, también. Muchos detalles de esa historia me gustaron, otros me los cuestioné, pero es cierto que es una película con alma, hasta yo puedo percibirlo claramente sin entender nada de cine. Y me quedé con ganas de repetirla más adelante. Me gusta ese nivel de intimismo, la búsqueda de una explicación interior que de sentido al resto.

    La señora Dalloway es increíble, entrañable y completa. Me quedo con esta palabra sin ninguna duda. No quiero que la des por perdida. Piensa que la tengo como depósito y que puede volver contigo cuando quieras. Así se sentirá siempre libre y viva. Llegando eternamente a casa por la tarde, a punto de ponerse el vestido para la fiesta y empezar a sonreír. Un beso, Alex.

Comenta si te apetece

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s