Parecidos y despropósitos. Leyendo a cuatro manos.

Aproximadamente después del primer tercio de “Jernigan” (David Gates) y de una porción indeterminada de “Acción de gracias” (Richard Ford) tengo que hacer una parada para pensar un instante sobre los parecidos y las diferencias. Estoy leyendo a un tiempo una novela de Ford (la tercera de tres) en la que el protagonista se llama Frank Bascombe, un hombre entero y otra de Gates (la primera que publicó), en la que el personaje principal, Peter Jernigan, es un arquetipo condenado desde el principio a ser un desastre. Reconozco que sin llegar a aburrirme, la bajada de ritmo de Frank en su tercera y última novela de esta trilogía me tenía algo dispersa. Y no es para menos. Lo conocí cuando tenía treinta y algo, era periodista deportivo y su vida se mecía al ritmo de sus emociones. Más tarde viví sus cuarenta y pico, algo más asentado como agente inmobiliario, a la búsqueda de una felicidad que parecía detenerse en el mismo punto de salida de la carrera. En la actualidad le sigo a sus cincuenta y algo, aquejado de una seria enfermedad que no le impide (al menos por ahora) llevar una vida “normal”, cuya solidez para sí quisiera Jernigan en algunos momentos.

No, me digo, son dos tipos distintos, sin nada en común salvo el espacio en el que los he reunido. Quizás hablen entre ellos en la oscuridad de mi blog, cuando está plegada sobre su vínculo y nadie la lee. O se observen uno al otro en sus propias vidas, cometiendo errores, monologueando con el corazón en la mano, intentando disimular un mal día o un tropiezo estúpido. Para ser justos, debería haber leído “Jernigan” junto a “El día de la independencia”. El Frank del segundo libro tendría una edad parecida a él pero no, en cualquier caso, aparte de tener los dos un hijo adolescente problemático de unos quince años, tampoco tendrían mucho más en común que un gran interrogante en lo referente al modo de evolucionar, en qué dirección y por qué. Paul, el hijo de Bascombe, vivía con su madre entonces y las excursiones masculinas padre-hijo eran todo lo que podía abarcar Frank, y todo lo que quería hacerlo en realidad. Jernigan lo tiene más crudo, no se ha divorciado de Judith convirtiéndose en un padre-visita de fin de semana sino que se ha quedado a cargo de Danny porque su madre falleció hace un año en el trajín de una borrachera, precisamente el cuatro de julio.

Ya. Vale que Frank lo tiene claro, ha puesto su dinero donde debía y ya no es empleado de una inmobiliaria sino co-propietario de una y le va muy bien económicamente, tiene los pies en el suelo, un cinismo lógico dada la enfermedad que sobrelleva y quizás muestre un ligero derrotismo por tramos. Pero es que Jernigan también lo hace y su sarcasmo no viene de un divorcio como Frank sino de la pérdida de una pareja con la que tenía problemas que les alejaban. Y entremedias Danny tiene ya dieciséis y una extraña novia, Clarissa, el mismo nombre que la hija de Frank, que no la habíamos mencionado hasta ahora. Y además está la cuestión de que Jernigan casualmente trabaja como agente inmobiliario.. y entonces es cuando los imagino. Tomando una cerveza en el límite de los dos libros. Con los pies colgando de sus portadas, charlando sobre el mercado inmobiliario, mirando el amarillo de mi blog mientras se sumen en esos silencios cómplices casi por obligación, en este caso proximidad. Y escucho a Frank diciéndole “verás, tío, la novia de tu hijo no le conviene y tú lo sabes. Tienes que hacer algo, sino más tarde lo lamentarás. Te podría hablar de Paul..”

Webb Pierce

Y Jernigan le mira de medio lado, mientras escucha en su mente Back Street Affair de Webb Pierce y piensa en las tetas de Martha. Los esfuerzos de los chicos por juntar a sus dos padres desparejados han dado su fruto y tras dos meses hundido en ese cuerpo-cama-casa-vida, empieza a replantearse lo que ha hecho y a dónde le conduce. Especialmente con el giro que su situación laboral acaba de dar hace siete páginas. Es para pensárselo. Pero me conmueve verlos con la cerveza. Y saber que pertenecen a mundos diferentes, a pesar de tantas similitudes. Hace poco conté a mi hija cosas que hacía y pensaba a su edad y miramos durante un largo rato una fotografía que me había sacado mi hermana en el portal de casa. Le hubiera gustado, dijo, ser mi amiga entonces. Salir conmigo y participar en alguna de mis alocadas vivencias, afortunadamente ella parece más sensata que yo en su edad. Pero no es cierto que yo no lo fuera en esa época, sólo desinhibida, menos presionada por el qué dirán (que jamás me ha importado gran cosa), un poco a todo, pero siempre en una onda sana, conmigo y con los demás.

Quizás Frank y Peter se cuenten sus secretos, ahora que salgo y cierro todo. Viajar es el paraíso de los tontos, cita Frank a Emerson, en una afirmación recogida por Thoreau, en el Walden, “donde se insiste que el viaje más productivo es el que se realiza al interior de uno mismo”. Sigo con los dos y sus peculiares interiores, cada cual más interesante, firme o desvalido, según el momento en que me los cruzo. Y pienso en una frase de William Blake que leí no hace mucho en algún sitio. “Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce”. Quizá el misterio no lo sea tanto, después de todo.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a Parecidos y despropósitos. Leyendo a cuatro manos.

  1. CEci dijo:

    Misión cumplida, Angéline. Ya he tachado a “Jernigan” de la agenda pero debe ser lo único. ¡No puedo con todo! Y hace un par de días que noto una presión sospechosa en el pecho… 😦 De aquí a la “Montaña mágica” de Hans Castorp a hacer una cura de reposo, ya verás. Lo que te quiero decir es que en unos días me pongo a escribir, ¿de acuerdo? Quizá, sólo quizá, saque un hueco el viernes de tarde.
    Gracias por la paciencia y un beso

  2. Angéline dijo:

    Hola CEci, he leído en tu blog que ya leíste “Jernigan”. En lo que tenga un rato me paso.

    Besos

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