Todo canalla que se enfrenta a un ventilador se toma por Don Quijote..

Es una cita de Stanislaus Lec, del último capítulo del libro. Ahora que ya lo he terminado, me gustaría saber cómo definiría David Gates a su “Jernigan” y qué opinaría de la descripción de contraportada en la edición de Libros del Asteroide. Bien es sabido que cada cual tiene una visión distinta de las cosas pero me cuesta creer que la persona que escribió que era una historia “divertidísima” y yo, hayamos leído la misma novela. Está claro que no tenemos un sentido del humor ni medianamente parecido, porque si fuese posible retorcer “Jernigan”, como hacían las vigorosas manos de mi abuela con los trapos mojados, yo vería caer muchos silencios, arrepentimientos, dolor, impotencia, gritos, incomprensiones, y algún que otro momento de placer, alguna mirada comprensiva, alguna llamada al tiempo muerto para poner un poco de orden en un caos tan destructivo y también, por increíble que parezca en una historia que es como la cuenta atrás de una explosión emocional, también algunos momentos en los que Jernigan, su hijo Danny, la novia de éste, Clarissa o su madre, Martha, pueden salir a escena sin más, con la guardia baja, tranquilos.

dream about falling down by bucz

Pero en general, después del escurrido, el suelo se llenaría de desencanto, indiferencia y acritud, que es lo que parece latir en el corazón de los personajes centrales de esta novela, a excepción de la señora Peretsky, Martha, un punto de luz en la oscuridad de una convivencia casual y atropellada. Si esto es divertido, quizás lo sea también perder el rumbo y estrellarte contra ti mismo, un destino-imán que atrae a los personajes más perdidos de “Jernigan” y amenaza sobre el cielo de esta novela con descargar una lluvia torrencial que los arrastre a todos. La historia no es complicada, dos adolescentes desubicados en su mundo personal, consiguen que sus padres desparejados se conozcan. Lo que al principio parece un buen arreglo (los mayores se han gustado, les interesa seguir viéndose, comienzan a compartir algo más que fluidos) con el tiempo y la convivencia (el padre y el hijo se van a vivir a la casa de la chica y su madre) se convierte en un pulso continuo entre los adultos, mientras los jóvenes siguen tan a la deriva o más que antes, resistiéndose a ser espectadores del nuevo giro que las cosas comienzan a dar.

A favor de Gates, diría que la historia está narrada desde una perspectiva muy interesante, lo es Peter Jernigan, un hombre inseguro y descreído, cuya teoría de las cosas está bastante lejos de la práctica. Lo son también Danny (su hijo), Tío Fred (el mejor amigo de Peter) y Martha Peretsky, su imposible pareja. Las referencias musicales. La fragilidad, presente en cada recoveco de esta novela, en las esperanzas, las posibilidades de cambio, los sentimientos, las razones de todos para vivir como lo hacen. En contra, quizás la longitud de la novela, a veces menos es más. Y cierto exhibicionismo, el Jernigan presentador del concurso, me refiero a la frecuente aclaración de sus intenciones cuando habla (es broma), al colegueo, a las menciones de lo que cree que piensa el lector.

Corolla

En el post anterior lo imaginaba junto a Frank Bascombe, entablando una conversación entre vecinos de existencia, ya que he leído esta novela al mismo tiempo que una parte de la tercera de Ford referida a ese personaje. Cuando terminé “Jernigan” y retomé “Acción de gracias”, recordé por un momento la sensación que me produjo conducir hace años el coche nuevo de mi hermana. Acostumbrada a mis viejas glorias con problemas de arranque y ruidos, el suyo circulaba casi en silencio, con elegancia, la dirección asistida facilitando los giros, las maniobras, dotando al paisaje de calles, árboles, imágenes que no recuerdo de los coches que conduje media vida, preocupada con el sonido del motor y las frenadas mucho antes de las curvas. Y no se trata de comparar autores, qué tendrá que ver uno con otro, pero salir de “Jernigan” y volver con Frank es casi una bendición y también me apetece decirlo.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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