El arpa de hierba (Truman Capote)

No puedo resistirme cuando un amigo me dice que debería leer tal libro o que cuando leía tal otro se acordó de mí. Si alguien que me conoce me ve de alguna forma entre los entresijos de una novela, me tienta a viajar por ella y a recorrer ese camino con curiosidad y cuidado. Princesa de hojalata me ha visto entre “El arpa de hierba” de Truman Capote y le prometí que haría el viaje en breve. Tan pronto aterricé en la primera hoja me di cuenta de que el viento en esta historia es un submundo, como el sonido de la abstracción. En cuanto al camino, lo primero que me llamó la atención fue el cartel que hay en la entrada:
A Miss Sook Faulk.
En recuerdo de afectos
profundos y verdaderos
Miss Sook Faulk. Afectos profundos y verdaderos. Sí, definitivamente el sonido que se enredaba en el viento me interesaba.
Sólo el título ya es una imagen luminosa, qué decir de una pradera que no siempre luce la misma tonalidad y cuyo color más bello repunta hacia el otoño cuando se torna roja a la puesta del sol y las sombras de color escarlata, semejantes al resplandor de una hoguera, pasan sobre la hierba, arrastradas por las ráfagas de los vientos otoñales (el viento de nuevo, o quizás una leve brisa como un soplo) que al agitar suavemente sus hojas, emiten un leve suspiro que parece música humana: un arpa de voces. Me acuesto entre las hojas, cierro los ojos y escucho ese suspiro, la respiración de la tierra, la gama de crujidos que ese viento mece, la oscuridad tejiendo un tapiz dorado sobre el bosque de River. Si alguien ha de ser especial en esta historia es Dolly. Y su voz, uno de esos tintineos en la noche. No importa su edad, ni el brillo canoso de su pelo rubio. En el pequeño entramado de seres importantes de la novela, Dolly es un delicado acontecimiento. Así la define Collin, protagonista y narrador de la trama. Y así la ven el resto de los personajes, excepto su hermana Verena. O quizás también al final, pero resulta triste que su mirada no haya ahondado en los detalles, humanizándose, disfrutando de la inevitable admiración que Dolly despertaba en quien la conocía.

LOS PERSONAJES

Collin Fenwick, un muchacho que pierde a sus padres a los once años. Verena Talbo, tía autoritaria que le acoge en su casa desde entonces, los hechos narrados abarcan hasta cinco años después. Dolly Talbo, hermana de Verena, un “espíritu”, como la define el juez Cool. Catherine Creek, trabaja en la casa y cuida de Dolly desde la más profunda amistad. Son inseparables, las dos recogen hierbas en el bosque para preparar su receta contra la hidropesía. Otras piezas son Riley Henderson, un joven decidido que comparte con algunos de ellos un insólito motín sobre un árbol. El juez Cool, alma generosa y libre, sintoniza durante el motín la frecuencia de Dolly y pasa a ser uno más de los que podrían rendirse a sus pies. Las hermanas de Riley, Anne y Elisabeth. Maude Riordan, loca por Riley, toca el violín como los ángeles. Finalmente hay un bando en el pueblo a favor de los amotinados y otro que los condena. Verena encabeza éste último, bastante descentrada por otros acontecimientos paralelos que restan importancia a la aventura de su hermana sobre el árbol.

BRILLOS

La novela está escrita con exquisitez, no sólo es importante lo que sucede sino precisamente ese arpa de voces, cómo lo cuenta Collin unos años más tarde. El recuerdo de afectos profundos y verdaderos entre las amigas, las hermanas al final, Collin y Dolly, Dolly y el juez, Riley y sus hermanas, todo un desfile de sentimientos camuflados entre vidas que se viven y vidas que se consagran a los demás. Pensé que anotaría muchas cosas pero finalmente solo han sido tres golpes de viento. La descripción que Collie hace de Dolly al inicio, cuando se conocen. “Se ponía nerviosa al oír el sonido de mis pasos, y cuando no lograba evitarme parecía replegarse en sí misma rápidamente, como los pétalos de un tímido helecho. Era una de esas personas capaces de disfrazarse de objeto en una habitación, o de sombra en un rincón, y cuya presencia era un delicado acontecimiento”.

La del reloj de los tribunales, un mecanismo con vida propia que adelantaba siempre media hora. Pero sobre todo la actitud del pueblo frente a la terquedad del reloj. “En una ocasión trajeron a un experto para que lo arreglara. Al cabo de casi una semana de intentos de repararlo su recomendación fue que lo volaran con dinamita. El concejo votó que debía pagarse al relojero como si hubiera hecho su trabajo, pues se había despertado en todos una especie de orgullo al ver que el reloj se mostraba tan incorregible. Y la explicación del juez acerca de la “persona única en el mundo”, una persona a la que se puede contar todo. “Pedazo a pedazo entregué mi corazón en el pasado a extraños que desaparecían de pronto, que se bajaban en la primera estación: puestos todos ellos juntos quizá hubieran formado esa persona única en el mundo” Me temo que eso sólo casa con la gente para la que ha significado usted realmente algo, mi querido juez. Los que desaparecen a la primera de cambio llevándose un cariño que no se han ganado, merecen más una buena patada en su patetismo, que formar parte de un puzle tan selecto.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a El arpa de hierba (Truman Capote)

  1. malvisto dijo:

    Leer por amistad es de las mejores maneras que se tienen de llegar más rápidamente a los libros, de saber qué libros leer y qué no.
    El título es muy bello. Y la entrda hace gala de eso que se llama amistad… por los libros.

    un saludo,

  2. Angéline dijo:

    También es genial hacer lecturas compartidas. Con Princesa ya tengo algunas. Me gusta imaginar cómo ven tal o cual escena los amigos que leen conmigo. Y charlar con ellos después, de todo lo que se puede destacar del texto. No tanto de la forma sino de las posibilidades de la historia, de las imágenes que esconde a veces, de los pequeños detalles que parecen olvidados en alguna parte del plano. Viajar por la novela. Un abrazo, Malvisto.

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