De segundos valiosos, cerraduras y lenguas incansables

Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a posternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: “Mi amor”,
digas: “Pescado frito”;
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.
(“Que los ruidos te perforen los dientes”. Oliverio Girondo)

Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

Soy incapaz de desear un mal a nadie. Siempre que me han herido con fuerza, me he sentido en poco tiempo bloqueada, aislada con ese daño, como en cuarentena. Puedo hacerlo, construir una burbuja que me proteja. No va a salir lo que entró, pero no entra nada más en cuanto consigo blindarme. A partir de ahí, hay una labor de reconstrucción, de análisis, una disección minuciosa de todas las piezas que componen ese daño y en un tiempo variable, según la profundidad de la herida, me desblindo y sigo a la vida. Sin otra venganza que apartarme de quien no merece que le dedique ni un segundo de mi tiempo. Oliverio Girondo es como el amigo que no he tenido nunca, mi voz de la conciencia, mi cercanía, el punto irónico, el amargo, una opción fresca a cualquier pensamiento que se vuelve rancio y se enquista. Abro sus poemas al azar y elijo uno con los ojos cerrados, sé que va a acertar, que dirá algo con mucho sentido, que me ayude, que me reconforte, rodeado en ocasiones de un exuberante follaje linguístico, único, propio. Y a veces, como hoy, me arranca una carcajada y un par de lágrimas, inevitables. Bendito Oliverio, alguien podría estar por ahí ahora padeciendo una indigestión de óxido por nuestra culpa. Me cojo a tu mano y volamos, como nos gusta. No quiero pensar y digo qué mar tan hermoso en la distancia. Te ríes mientras el viento revuelve tu cabello, haces una pirueta y de vuelta a mi lado, susurras, sonriendo, que le jodan
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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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7 respuestas a De segundos valiosos, cerraduras y lenguas incansables

  1. Tempero dijo:

    Amiga Marisa: sabes que me pirran las palabras, por no decir el exhuberante follaje lingüístico de Oliverio. No he podido evitar yo el abrir el libro de poemas que tengo en casa y, casualidades de lo que tiene que ser casual, apareció este poema:

    Arena

    Arena,
    y más arena,
    y nada más que arena.

    De arena el horizonte.
    El destino de arena.
    De arena los caminos.
    El cansancio de arena.
    De arena las palabras.
    El silencio de arena.

    Arena de los ojos con pupilas de arena.
    Arena de las bocas con los labios de arena.
    Arena de la sangre de las venas de arena.

    Arena de la muerte…
    De la muerte de arena.

    ¡Nada más que de arena!

    Y como uno anda entre desiertos de cabeza pues ahí le viene nomás que arena.
    ¿Te imaginas abrir la cerradura de una caja fuerte con la lengua? ¡Menuda combinación!

    Besos, Marisa y gracias por reivindicar a Girondo.

  2. Houellebecq dijo:

    Yo sí sería capaz de hacer daño en defensa propia y en diferido por devolverle lo que me ha hecho al agresor y porque la venganza no ayuda al agredido pero sí puede ayudar a la futura víctima del ofensor(tal vez este reflexione sobre lo malo que es hacer daño después de una paliza y deje de hacerlo gratuitamente). Pero siempre he admirado más, porque no la tengo, la contención. Tu incapacidad de hacer daño es tu virtud. Y tu tranquilidad asegurada. Todas las veces que he planeado devolver algún mal he conseguido más incomodidades que beneficios. Y las venganzas como platos fríos me saben fatal, no los ayuda ni el microondas.
    Pero qué delicia de Oliverio. No me extraña que a pesar de tu personalidad seas sensible a sus palabras. No importa lo que dicen esas palabras sino el cómo lo dicen, por eso te gustan. O nos han gustado a los que las hemos leído.

  3. Angéline dijo:

    Cómo no traerlo, adoro a Oliverio Girondo, ya lo sabes. Y en este caso, era de justicia. Describe con toda la gracia del mundo un cuadrado azul de mi cerebro. No suelo dejar que se creen pero poco a poco fue tomando esa forma y ese color. A nada de mandarlo a la papelera de reciclaje, por inútil y cometiempo, llegué a este poema y pensé “Lo clava. Es tal cual mi cuadrado”. Y tuve que traerlo.

    Ya veo que te ha pasado algo parecido eligiendo un poema al azar. Este hombre.. quién pudiera haberle conocido. Yo me imagino lo que haga falta. Y ahora mismo tengo una visión muy clara de cierto rostro, su lengua y una cerradura. Si hasta me da pena..

    Besos, amigo Manuel

  4. Angéline dijo:

    Hace años yo también pensaba como tú, y todavía ahora intentaré lo del daño físico para defender/me, pero prefiero dejar la parte temperamental de mi carácter, mi lado más apasionado, para otro tipo de cuestiones más interesantes que la violencia. Otra cosa es enfrentarse a situaciones que requieren agresividad verbal o algún tipo de reacción que la propicie. Ahí es dónde puedo mantener la calma y utilizar la frialdad. Y ser refinadamente cruel si quisiera (pero lo detesto, sólo recurro a ello cuando el cabrón/a lo merece mucho). Me gusta observar a la gente, escucho con atención, proceso la información que me dan de forma natural, no tengo que esforzarme pero sin pretenderlo, recuerdo la mayoría de las cosas que me dicen, tengo buena memoria. No es difícil buscar el lado vulnerable de la gente, partirle un pilar, que se desmorone, hacerle polvo desde los cimientos. Pero para qué, eso no me devolverá el respeto que me ha perdido, ni dejaré de escuchar la frase que pronunció, tan ofensiva, y que ahora intenta anular echando la culpa a los nervios, o al enfado. Yo no grito en las discusiones, escucho y hablo en un tono bajo y cuando siento una herida fuerte me hermetizo. Pienso con calma mi respuesta y después de deliberarla la digo. Hablo de un caso extremo, una conversación que acaba por la otra parte en gritos, en insultos, o en odio, en ganas de hacer daño. O de algo que me entristece profundamente, un desengaño con un amigo, con un amor, un impacto fuerte. El resto de las cosas, los malos rollos, no merecen ni mirarlos con lástima. Hay tantos momentos maravillosos esperando ahí, tan cerca, para disfrutar con ellos. No, no le deseo mal a nadie, podría venirme de rebote. Al final a todo el mundo le dan su merecido, si no eres tú será otra persona quien se lo aplique y que le des una paliza no evitará que dañe al siguiente. Pero cuando se invierten los papeles y el cazador es cazado.. Quiero pensar que eso ocurre lejos de mi vista, pero que ocurre. Y esa pírrica venganza me basta.

    Me alegra verte aquí, qué buena sorpresa.

  5. Impresionante. ¡Muy bueno! Conozco poco a este poeta. Gracias por recordármelo.

  6. Disculpa, Angeline, no había leído la segunda parte. Pues sí, lo mejor es llegar a ese punto en el que dices, “anda ya, paso de tu charca, rana”, pero a veces cuesta tanto… espero que ya estés en esa fase.
    Un abrazo.

  7. Angéline dijo:

    Querida Bel, Oliverio se sentiría encantado a tu lado. La frase de la charca es de marco.. Te agradezco tus buenas intenciones, y que me hayas hecho reír. No sé si es que todo se junta o que la rana realmente es un alien, es difícil esta fase, estoy en ella, sí, pero nada es para siempre, ni siquiera los malos tiempos. Un abrazo, Bel.

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