De poemas sorprendentes, de fascinaciones absolutas

Creo que haciendo un chiste fácil, la cuestión de si el tamaño importa o no, en este caso está fuera de toda discusión. “Cabotaje” de Ben Clark es un librito de 68 páginas, 11 x 11 cm, pero su dimensión interna, su calado, lo engrandecen a unos niveles que ya quisieran para sí muchos otros libros de poemas que están en todas partes. Me llegó desde el Mundo de hojalata, y lo leí al principio con curiosidad, no conocía al autor, y ya después de las primeras hojas, con auténtica fascinación, especialmente el poema “Carta a la hija del patrón”. La primera vez me quedé un rato en silencio, esa expectación interna, ese regocijo, saberte privilegiada con un poema semejante vagando por tu mente, sobre todo esa última línea que es como el segundo previo a una ovación, como el estallido de un mundo íntimo, como cuando los mares se asientan en un firme indiscutible. Siempre que algo me apasiona tanto, necesito compartirlo cuanto antes y con cuantas personas puedan apreciar algo tan hermoso. Después de inundar a mis cercanos con Ben Clark y sus poemas, finalmente lo he traído a la blog y quisiera agradecer a Fabio de la Flor, editor del libro, y a Ben Clark, autor del mismo, su consentimiento expreso para reproducir el poema en su totalidad. Recibir el libro de manos de Princesa de hojalata y el permiso de la editorial para colgar el poema en este mundo nevado, hacen que mi cumpleaños haya sido todavía más especial de lo que en principio podía suponer. También tuve un momento místico describiendo mi sensación sobre él, pero eso irá al final, ahora ya sin más palabras, y con “On my way home” de Rumer, la canción que escuché interminablemente mientras leía el libro, “Carta a la hija del Patrón”, sencillamente, absoluto.
CARTA A LA HIJA DEL PATRÓN

Saber tu amor camino interminable
entre el cúmulo absurdo de hojalata
que vino con el tiempo y el retraso.

Ver dentro de lo oscuro de tus ojos
toda la luz de siglos consumidos:
dulce luz que me alumbra y me consuela
entre este oscuro bosque de bombillas.

Siempre me recordaste al agua,
de carácter huidizo,
de transparencia turbia
algunas veces.
Sacias la misma sed que me provocas
con tus besos de sal cuando me besas.
Y de pronto me asalta un pensamiento
te pareces también al viento, al aire
para el cual los secretos ya no existen.
Aire en mi pecho, aire
que se enreda jugando entre las ramas
como cuando te encuentro a ti enredada
algunas veces,
presa de mis pestañas, si te miro.

Ahora, tras pensarlo,
debo decir que te pareces
sin duda alguna al fuego;
a la luz,
al tesoro primero de los hombres;
tú naciste y murió el temor antiguo,
los ojos amarillos de la noche.
Pero nació a la vez un miedo nuevo:
volver a las tinieblas de tu ausencia,
volver al frío pardo,
volver a aquel olvido que acostumbro
definir con desdén el tiempo muerto
en que estuve viviendo.

Y en algunas tardes pienso en ti sentado
delante del estanque de los peces.
Es invierno y el humo de la lumbre
asciende entre los árboles.
Las aves rezagadas van migrando
y en la ciudad la vida ronronea
como un gato siamés octogenario,
de vuelta ya de todo.
Los periódicos lanzan los escándalos
en las peluquerías más modernas
y se esperan chubascos de carácter
moderado
para el fin de semana.

Lo tengo claro ahora;
no eres otro elemento que la tierra.
Qué equivocado estuve al confundirte
con el agua, el aire y con el fuego.
Tierra, yo también, tierra, esto somos.
Libertad, campo abierto, paraíso.
Inamovible amor, éste es el mío.
Cimientos de mi ser, así te siento.

(“Cabotaje”. Ben Clark)

Mi especial afinidad con este poema tan impresionante es como un viaje en paralelo, a ratos lo siento mitigado, como dos cuerpos serpenteantes bajo la superficie de un mar adormecido. Sacias la misma sed que me provocas es la bocanada urgente, el reencuentro con el sol, una vuelta a la vida. También altura, ingravidez, por momentos me sumo en mi propio vértigo, me impulsa esa imagen remota de las caídas inevitables, ver ondular mi reflejo en un aire para el cual los secretos ya no existen. Y aunque nada parece haber como la inminencia, la premura, que también yo recorro envuelta en las tinieblas de tu ausencia, ahí está la luz, las entrañas del mundo, en esa tierra lecho, tierra abrazo, tierra edén. Vertiginoso el tramo que me acerca al final, inamovible también lo siento mío. El poema se termina como un descenso brusco a la certeza, amortiguado por la contundencia de un sentimiento expuesto, desnudo e irrevocable. Acaso todos seamos aire, fuego, agua, en algún tiempo. Pero para mí, sólo tú, rotundo y categórico. Sólo tú, mi amado, eres tierra.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en Fascinaciones varias, Leído en 2011. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a De poemas sorprendentes, de fascinaciones absolutas

  1. El poema eres tú (y la hojalata del primer verso la mía, vale?). Y qué bien elegida la canción, la he escuchado en penumbra aquí en la guardia, y ha sido un momentazo.

  2. Angéline dijo:

    La hojalata presente, sí señor. La canción es maravillosa, seda en notas, drama y rendición. El poema somos muchos, y eso es muy valioso, los reflejos conocidos, la lírica como estructura de los sentimientos. Puedo ver esa penumbra y tu cara soñadora. Besos, Princesiña.

  3. Con algo de retraso, ¡felicidades, que tengas un año estupendo!

  4. Angéline dijo:

    ¡Gracias..! Las buenas intenciones nunca llegan con retraso, Bel. Será un año intenso, como siempre, me pasarán mil cosas en todas las dimensiones que los vivo y por el camino comentaremos en las blogs narrativa, poesía, música, la vida..

    Un abrazo, Bel.

  5. Houellebecq dijo:

    Me gusta que compartas una y otra vez esos descubrimientos. Y me gusta que te guste porque eso garantiza algunos descubrimientos más como este. En poesía voy dando bandazos aquí y allí y no tengo mucha disciplina, acabo atrapado en el primer poema con el que me encuentro y no siempre lo que encuentras or azar es bueno. Pero en tu página no hay azar porque la visito regularmente así que es algo premeditado( aunque sin demasiada alevosía)y no salgo decepcionado de los versos que recomiendas. Terrenal pero sin perder altura.

  6. Angéline dijo:

    La poesía era algo que tenía pendiente otros años, pero éste he decidido profundizar en ella. La verdad es que me gusta muy poca gente que la escribe. Poesía para mí es un tipo de música que no toca cualquiera, y en muchos casos escucho versos desafinados que me chirrían o no me dicen nada. Pero, de vez en cuando me encuentra una de esas melodías que erizan el vello. Así me siento, como si ellas chocaran conmigo accidentalmente. Terrenal pero sin perder altura suena muy bien, mira tú.

  7. La complicidad entre Princesas y Damas me permite conocer a Ben Clark. .Hemos tenido suerte . “Cabotaje”
    libro con el que Princesa agasajó a Angéline, es un auténtico descubrimiento. Y sus versos en “La hija del patrón” son una muestra de lo que a largo del mismo, podremos disfrutar.
    Gracias por haber publicado el poema.También a Princesa. Y a de la
    Flor.

  8. Angéline dijo:

    La verdad es que sí, Ben Clark ha sido un buen descubrimiento y me alegra que haya sido precisamente este año. Gracias a ti por venir a compartirlo, Jorge. Un beso.

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