Me las arreglo, luego existo ("El pájaro espectador")

“La visión más acertada que conozco de la vida es ese pájaro que en “Beda el Venerable” sale volando de la oscuridad a un salón iluminado y después vuelve a revolotear en la oscuridad. Pero Ruth tiene razón. Ya es algo – y podría serlo todo- haber encontrado un pájaro compañero con el que sentarse entre las vigas mientras los de abajo beben y alardean y recitan y pelean; un pájaro compañero al que puedes cuidar y buscarle gusanos y semillas; uno que te curará las magulladuras y te alisará las plumas alborotadas y llorará contigo las penas si por descuido vuelas por algo que no eres capaz de dominar.” (“El pájaro espectador”. Página 308)

Tengo una colección de marcapáginas, siempre me ha gustado utilizarlos y he tenido cuidado al elegirlos, según el tipo de novela que estuviese leyendo. Desde hace un tiempo, he cambiado el rectángulo de cartón por un pequeño lápiz y mientras dura la lectura de las novelas, el canto del libro se abulta algo más que antes pero tengo a mano un cómplice con el que anoto al momento cada frase o párrafo que destacaría de lo que leo. Mientras Joe y Ruth Allston se las arreglan, luego existen, he ido apuntando treinta lugares significativos entre estas páginas y once palabras interesantes (“subsuma”, “refocilarse”, “Arcadia”, “anatema”), o nuevas para mí (“civilidad”, “esteatopígico”, “celemín”, “bonancible”, “ramonear”, “conurbación”), o biensonantes (como “despojarse”, pero quizá esta palabra se merezca un post aparte).

Desde el principio me ha parecido que “El pájaro espectador” era un documental. El lector acompaña a los Allston en su etapa madura, que intercalan con un viaje que realizaron veinte años antes. Le comentaba el otro día a Princesa, con quien he leído la novela, que los personajes principales masculinos de Stegner aquí y en “Un lugar seguro”, me parecen sugerentes, atractivos, tienen algo especial que les desmarca de la edad con la que cuentan durante las novelas y en cambio los femeninos me parecen suaves, complementos, sus sombras. A falta de un conflicto que convirtiese esta trama en una historia con resolución final, parecía abocada a terminar el libro como quien llega a la puerta de la casa, después de haber recorrido el largo interior, preparada para abrirla y salir de la novela como la visitante que he sido, testigo de lo que los Allston me han contado.

Pero Stegner se saca de la manga en las últimas páginas los rescoldos de un fuego y somete a Joe y Ruth a la prueba del qué-somos, un juego del que no todo el mundo saldría airoso y aquí lo veo algo forzado. Lo que sí me ha quedado es una sensación de paz, que ya había sentido con este autor anteriormente. Y un cierto desencanto, no muy acusado, que me lleva a preguntarle ¿eso es todo, señor Stegner? ¿Por qué este sprint final? ¿No merecía Astrid algo mejor dada su extraordinaria naturaleza? ¿De verdad cree que la unión Ruth-Joe plantea alguna duda al lector? Al final de sus vidas son algo más que pareja, son como hermanos, como madre y padre, algo indisoluble. Ni un hijo secreto conseguiría romper esa unidad, mucho menos la sospecha de un tormentoso deseo pasado. Sin embargo, Wallace, sigue siendo usted un buen creador de perfiles humanos, por más que Joe y Ruth me recuerden a menudo a Larry y Sally Morgan y entre todos creen ese nido, ese lugar seguro, que usted conoce tan bien.

La novela está escrita con exquisitez, hay muchos buenos ejemplos de metáforas y descripciones a medida de lo que se cuenta.
“.. ella es como tú, prefiere ir por su cuenta y rechinar los dientes a solas.”

“.. hasta que aprendí cómo esparcir hojas muertas sobre todo lo que no tenía ganas de ver.”

“¡Qué capaces pueden ser las bacterias y otros agentes del sentido moral! ¡Con qué rapidez se disponen a infectarnos y afligirnos cuando necesitamos aflicción!”

“.. tiene una sonrisa que fundiría el vidrio”

“Qué riesgos corremos al nacer tan accidentalmente…”

“En un instante, las oportunidades que se abren como los párpados de quien sale de un coma, pueden cerrarse de nuevo y quedar cerradas para siempre”

De cavilaciones interesantes:

* La seguridad es un deseo humano legítimo – ¿no es así?- y el hogar, dice el viejo hombre sabio Robert Frost, es el lugar donde, cuando uno llega a él, es acogido.

* ¿se examina realmente la vida o se examinan las sombras que proyecta sobre otras vidas? ¿Entidad o relaciónes? ¿Realidad objetiva o el punto de fuga de un ejercicio de perspectiva múltiple? ¿Prisma o los arcoíris que refracta? ( esto que viene a continuación es muy bueno, lo destaco en cursiva) ¿Y qué pasa si eres tú la pared? ¿Qué pasa si nunca proyectas una sombra o un arcoíris propios y sólo consigues captar los que proyectan otros?

* Envejecer es como estar en una cola larga y lenta. Sólo te despiertas para salir del letargo y arrastrar los pies en el momento en que la cola te acerca un paso más a la ventanilla.

De conceptos fascinantes

* como Skaalar..”Me enseña cómo debo skaalar a la señora que está a mi izquierda: hasta que alguien la haya skaalado se supone que no puede tocar el vino. Hay que mirar profundamente a la dama a los ojos, sujetar la copa a la altura del tercer botón del chaleco, alzarla y beber, sin dejar de mantenerle la mirada y después, siguiendo así, volver a bajarla hasta el tercer botón del chaleco. Un ritual de una asombrosa intimidad”.

* como lo de caerse al mar.. “Manon repitió algo que el padre de Astrid solía decir, que si un danés se caía al mar y las olas le arrastraban al sur, tendría que saber alemán; si lo arrastraban hacia el oeste, inglés o francés; si hacia el norte o el este, noruego, sueco, finés o ruso. De manera que todos los daneses estaban obligados a prepararse para el día en que se cayesen al mar. “

De momentos cómplices entre los Allston:

* Nos miramos el uno al otro desde los cinco metros de nuestro último santuario común, ella en la cama en la que uno de nosotros, o los dos, probablemente, moriríamos, y yo en el sillón en el que el superviviente se sentaría a esperar consumirse.

* En este párrafo Joe justifica a Ruth por qué no se quedó con Astrid veinte años atrás, cuando sintió por ella en Dinamarca algo mucho más fuerte que una reciente amistad “si me hubiera separado de ti y de lo que tú y yo teníamos juntos, a ti no habría podido olvidarte de esa manera. Te habría echado de menos el resto de mi vida”.

Y una última reflexión de Joe, acerca de la vulnerabilidad, del yo, de guardar una parte del nosotros frente al .

“Hay una parte de sentimiento en nosotros que no llega a envejecer. Si pudiéramos raspar la callosidad y quisiéramos, nos encontraríamos, intacto pese al paso del tiempo, lozano, vulnerable y volátil y ciego a sus consecuencias, un conjunto de marcas tan fuera de control como las erecciones de un adolescente. Ese ser sintiente es el que Ruth no deja de intentar, melancólicamente, poner al descubierto en mí. Hacerme admitir mis anhelos y angustias, incluso los que son un peligro para ella, le permitiría perdonarme y tener compasión y puesto que tiene dificultades para conseguir que sostenga el afecto por lo de fuera, el perdón y la compasión no carecen de importancia. Si consigue triunfar en esa cosa tan pequeña, tras años de fracasar a la hora de convertirme en lo que ella desearía que fuese, podría dedicarse a mí sin egoísmo alguno y sin miedo de echar el esfuerzo en saco roto. Cazarme con mis sentimientos a la vista le otorgaría tanto poder sobre mí como si hubiera ido guardando las uñas que me corto o mechones de mi pelo. ¿Y eso es injusto? Obviamente. Al protegerme a mí mismo frente a las circunstancias, o contra mí mismo, pretendo protegerme frente a ella”. (Pág.128)

Pese a la aparente calma de la trama del libro, he encontrado fuegos que arden bajo la superficie de los razonamientos de todos los personajes, incógnitas formuladas con gran inteligencia y sobre todo conceptos muy gráficos y determinantes. Como la existencia de ese pájaro espectador, que no desea otra cosa que permanecer, ser, compartir espacio o silencio. Un pájaro al que puedes cuidar y que hará lo mismo por ti, me lo imagino graznando para quitarte de la cabeza un par de estupideces que te colonizan desde hace tiempo y también alisando tus plumas o tú las de él, con esas manos aladas, torpes, que terminan en punta. Pero si algo me parece realmente bello es que ese pájaro, o tú por él, mantengáis la calma y el aplomo suficientes para prestaros ayuda si por descuido uno de los dos vuela por algo que no es capaz de dominar. Y entonces es cuando las manos dejan de ser torpes y el pájaro espectador. Y se siente uno acogido, o sea, en su hogar, en casa, en lugar seguro.

Anuncios

Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en Leído en 2011, Lecturas compartidas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Me las arreglo, luego existo ("El pájaro espectador")

  1. Stegner es un gran narrador y con sus libros siempre tengo la sensación de estar leyendo la punta del iceberg. Tal vez, como opinas tú, deje avanzar demasiado la novela hasta llegar al intríngulis de la misma, que luego resuelve en dos plumazos. Pero bueno, por lo menos hay intríngulis, no?
    Con este escritor me pasa que aunque mi vida (o mi momento vital si lo prefieres) no tenga nada que ver con lo que se cuenta, siempre consigo encontrar algún paralelismo o alguna reflexión que me acercan a la novela y me hacen leerla con gusto. Considero el saber contactar con el lector uno de sus principales méritos.
    Éste fue un libro leído principalmente en la sala de espera de un dentista y está bien que fuera así.
    Ahora estoy con Nunca me abandones, había leído tanto sobre él que le tenía ganas.
    Beso grande hadiña.

  2. Angéline dijo:

    Es un gran narrador, sí, en eso estoy de acuerdo. Y me apetece leer todo lo que de él se haya editado en castellano, pero no puedo evitar quedarme pensativa después de terminar la novela. Algo no me cuadra ahí, me encantaría saber si el final lo escribió justo a continuación del resto, o si algo influyó en ese cambio de trayectoria de la trama en las últimas treinta hojas. Sin ser una explosión de pasiones, hay un pulso final entre Ruth y Joe que no viene mucho a cuento y también queda apenas esbozado el tema de Curtis, su hijo, su muerte, la aceptación de ésta por parte de Ruth y el trauma de Joe. Supongo que la escasa mención que hace de él coloca a su propia vida con Ruth o incluso con Astrid, en un plano mucho más vital e importante para él, pese a su cojera emocional con los afectos más directos (la difícil relación con Curtis; o con su madre, de quien se avergonzaba).

    Miro la foto de la solapa interior y pienso en la calma que transmite Stegner y esa complicidad con el lector que apuntas. Me encantaría que fuese mi vecino y pudiésemos charlar mientras paseamos a los perros, o que coincidiésemos en un café antiguo al que voy a leer a menudo mientras me tomo un café aromático. Parece un buen tipo, y chispeante. ¿Leíste eso de que “el sexo es lo más divertido que puedes hacer sin reírte”? O sin ser tú, añadiría yo, jugando a la personalidad múltiple.

    La próxima vez podríamos elegir una novela diferente, para polemizar un poco. Tengo ganas de destripar una historia, recursos de autor, visión espacial de los acontecimientos, motivación de los personajes, y mientras no es así, me encanta saber que estás con tu libro por ahí, igual al mío, aunque sea una novela de algodón, viento suave y magníficas puestas de sol. Un abrazo, Princesiña.

Comenta si te apetece

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s