Semblanzas, desde Austerland. "Sunset Park".

“Tiene veintiocho años, y a su leal saber y entender, carece de ambiciones. De ambiciones desmedidas, en cualquier caso, y de ideas claras en cuanto a labrarse un posible porvenir. Sabe que no se quedará mucho tiempo más en Florida, que está llegando el momento en que sentirá el impulso de ponerse otra vez en marcha, pero hasta que esa necesidad emocional madure y se transforme realmente en acto, se contenta con permanecer en el presente sin mirar hacia delante. Si algo ha conseguido en los siete años y medio desde que dejó la universidad y se puso a trabajar por su cuenta, es esa capacidad de vivir en el presente, de limitarse al aquí y ahora, y aunque no sea el logro más laudable que quepa imaginar, alcanzarlo le ha costado considerable disciplina y dominio de sí mismo. No tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas, contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada día; para vivir así hay que querer muy poca cosa, tan poco como resulte humanamente posible”

Podría asegurar sin ninguna duda que el personaje de Paul Auster que más me ha gustado es Ben Sachs (“Leviatan”). Y como todos los lectores que siguen a este autor sé que cada vez que lea una nueva novela suya, conoceré no sólo a los personajes principales y secundarios sino quizás a alguno de sus vecinos, compañeros de escuela en la infancia, posibles amigos que no lo fueron, o una antigua novia con parientes en otra ciudad que hablan de unos tipos que conocieron viajando junto a una pareja.. Exagero. Pero no me burlo, eso jamás. Puede que Auster me haya decepcionado con alguna novela (“Viajes por el Scriptorium” sobre todo, la dejé a la mitad) y eso haya supuesto un parón después de las otras que he leído de él, pero admiro su talento y que atrape historias que después se cuelan en lo cotidiano de la trama central es como un rasgo propio, algo que ya espero pero nunca deja de sorprenderme.

Lo cierto es que después del parón, volví con “Invisible”, una novela que tampoco me gustó nada, pero que leí hasta el final en honor a los viejos tiempos. Y después de dudar con “Sunset Park”, leí el post que Fructus le dedica y pensé “qué demonios, hablamos de Auster. Si hasta le echo de menos..” Y aquí he estado, instalada en la casa de los okupas, disfrutando de las rarezas de unos y otros y sobre todo, tengo que decirlo, de los perfiles humanos que Auster ha creado para esta novela. No he querido hablar de ella hasta terminarla pero ahora sí puedo decirlo, Fructus, no opino como tú. Creo que “Sunset Park” está a la altura del Auster de la época”La noche del oráculo”, pero no voy a caer en comparaciones porque esta novela no tiene nada que ver con aquella, es actual, está en la calle, en la vida del ciudadano americano del siglo XXI, con toda la problemática de la crisis y cómo la sobrelleva cada uno y aquella tiene un escenario diferente, tres personajes principales con sus respectivos azares encajándose en la ficción de otra realidad paralela en la que lo importante es el conjunto de las piezas, no como salen adelante, frente a este montón de gente, cada cual más vulnerable dentro de su dureza, o más absurdo dentro de su coherencia, perdidos en su falta de recursos y ambiciones.

Respecto al ritmo, es de agradecer la agilidad de Auster esta vez para situar lo más interesante del tempo, en ese futuro inmediato que está a nada de llegar, como la zanahoria que hace mover al burro. Pese a las ganas que tenía de que las últimas cien hojas me durasen, no he podido evitar leer cada vez más rápido, hasta correr con los ojos para comprobar de primera mano que todos los cabos quedaban atados, que es lo que de alguna forma nos hace creer el autor a partir del cambio que experimenta Miles cuando se instala en la casa de Sunset Park. Es lo único que le echaría en cara, señor Auster, el final del libro. Sabemos que Miles Heller vive el presente, el ahora, el YA, nos lo ha dicho al principio, en ese párrafo que cito, tan bien construido. Pero hacia el final le dota usted de sonrisa, velocidad, ansiedad, amor, sexo y planes. Ya no carece de deseos y esperanzas, no quiere contentarse con su suerte, ha creado una suerte nueva que se llama Miles/Pilar, no le interesa aceptar lo que el mundo le ofrece porque ha decidido ya lo que quiere y le importa un bledo que el mundo lo acepte o no. Y no sólo no quiere poca cosa para vivir, sino que lo quiere TODO, padre, madre, madrastra, novia, matrimonio, estudios. Y se siente capaz de llevarlo todo adelante. Sinceramente, adelanto el final a la penúltima página, con el Miles que se encamina a casa de su padre. El pensamiento derrotista de sus últimas líneas lo achaco al bajón del instante y a la triste costumbre de Miles de sentirse derrotado por momentos, antes de crecerse de nuevo, pero me siento libre para adjudicarle ese futuro que soñó con Pilar. Y decido que para mi recuerdo del libro, su padre le ayuda con un abogado, sacan a Bing de la cárcel, recuperan los dibujos de Ellen de la casa, el ordenador y los libros de Alice, pagan una multa y a vivir.. Por qué no. Todos lo merecen.

MALAS COINCIDENCIAS

Las casualidades. ¿Leían Pilar y Miles el mismo libro en el parque el día que se conocieron? ¿la misma edición del Gran Gatsby? Y Morris Heller, padre de Miles, llegó de Nueva York a Florida y le espió en ese parque sin que Miles lo supiera ¿justo en ese instante? Ay.. señor Auster..cómo le gustan estas cosas.

ALGUNOS BRILLOS

Una semblanza de Bing Nathan: “Es el guerrillero del agravio, el campeón del descontento, el detractor militante de la vida contemporánea que sueña con forjar una nueva realidad con las ruinas de un mundo fallido. A diferencia de los inconformistas de su clase, no cree en la acción política. No pertenece a movimiento ni partido alguno, nunca ha hablado en público y no tiene deseos de sacar a la calle hordas coléricas para quemar edificios y derribar gobiernos”.

Otra de Ellen Brice: “ No quiere cerrar las puertas a la vida sólo por seguir viviendo. Quiere tener los sentidos despiertos, pensar cosas que no se le vayan de la cabeza en el momento en que se le ocurran, sentirse viva en todas las circunstancias en que antes se sentía viva” No tiene miedo a temer a la vida sin razón sino a morir sin haber vivido.

Lo que escribió Miles en un trabajo del colegio, a los diez años (un poco joven, ¿no?) “las heridas son una parte fundamental de la vida, y a menos que uno esté herido de alguna forma, jamás se hará hombre”.

La sonrisa de Alice.

La forma en que Morris, padre de Miles, ve a Renzo y a Mary-Lee, respectivamente escritor amigo y ex mujer, buena actriz, los dos con gran talento en lo suyo “.. en el fondo inaccesibles a los demás: no seres humanos fallidos, exactamente, pero tampoco triunfadores. Almas mutiladas. Los heridos ambulantes, abriéndose las venas y sangrando en público”.

La admiración de Auster por alguien como Liu Xiaobo “hombres como él constituyen los cimientos de la humanidad, que pocos hombres o mujeres tienen coraje suficiente para levantarse y arriesgar su vida por los demás, y a su lado el resto de nosotros no somos nada, vamos por ahí encadenados por nuestra debilidad, indiferencia y tediosa conformidad”.

También destacaría la ternura en abstracto de esta novela, la novena que leo de Paul Auster. La suavidad de algunas actitudes. La comprensión final de los personajes principales, dentro de su propia indefensión. Y esa dulce nostalgia que todos sienten en algún momento, como cuando Morris Heller, padre de Miles, se sienta en el Joe Junior’s, escenario de muchos desayunos con su hijo, cuando éste era pequeño, y mira a su alrededor en busca de un pasado que sólo existe en su recuerdo, “y sentarse ahora en ese local, en ese pequeño y anodino restaurante de la esquina de la Sexta Avenida con la calle Doce, es volver a esos innumerables sábados de hace tanto tiempo y rememorar el Edén en que un día vivió”.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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4 respuestas a Semblanzas, desde Austerland. "Sunset Park".

  1. Para mí también ha sido un reencuentro con el mejor de los Austers, la novela me ha gustado y como tú, sólo le quitaría la última página, o bien le añadiría la siguiente, que sería exactamente la misma que tú has escrito. Porque esos personajes tan bien creados se lo merecen. Qué habilidad la de Auster creando personajes, qué bien los explica, qué interesantes resultan que te dan ganas de conocerlos a todos…Y Miles, ese Miles enamorado…ay, me encanta!

  2. Angéline dijo:

    Sabía que Miles nos gustaría, pero ¿y Morris, Bing, Alice, Ellen, Pilar..? Hay un algo en este libro que me recuerda al Nathan de Brooklyn Follies, y su Hotel Existencia. Parece como recurrente en él, acoger cálidamente a una serie de desrumbados en un lugar comodín, una especie de comuna limpia pero tan desastrada como los propios inquilinos. Respecto a la última página, creo que desluce la novela o quizás Auster deja una puerta abierta a una posible continuación, ya sea literaria o cinematográfica. Algunas últimas hojas no tienen mucho sentido pero también es una maestría saber acabar una novela y no todo el mundo la posee.

  3. Houellebecq dijo:

    Ese Scriptorum ha decepcionado a mucha gente pero tanto como apra dejarlo… (es que yo no dejo libros). Y además me gusta cuando Auster se pone a hablar de cine. Lo hace mucho en los últimos libros. Me dan ganas de abandonar el libro y ponerme con alguna película.
    A mí el final me ha precido repentino y brusco y hasta más deprimente que a tí que lo solucionas. Yo continué la historia hacia el lado terrible del asunto. Pero a la vez me hizo sentir positivo. Porque no deja de decirte una vez más que Carpe Diem. Y que todos compartimos esa inseguridad del destino que nos aguarda así que no deberíamos aburrirnos haciendo cábalas sobre planes a largo plazo.
    El libro lo leí con el mismo nervio que tú, es que Auster se lee siempre así, tal vez ese sea uno de los grandes motivos de su éxito.
    Tengo que decir que mi preferido hasta la fecha, lo citas en el artículo, es “La noche dle Oráculo” y luego “La música del azar” porque siempre quise ser alguien que cruza de hotel en hotel un país sin otra cosa que hacer que leer y poco más (aunque luego pasa lo que pasa).
    Pero este libro me ha resultado muy agradable y teniendo en cuenta el ritmo de publicación del autor (de los más altos del mercado, uno por año) y que de él lo he leído practicamente todo y ya le debería tener muy cogidos los trucos (y de algún modo así es)pues ha sido una buena sorpresa.
    Por cierto, le criticas las coincidencias forzadas pero tú misma entiendes que él es así. Creo que antes incluso las forzaba más y aún asi se lo perdonábamos. Tiene mucha afición a la sincronizidad. Yo no pero al final la novela me ofrece otras satisfacciones. Saludos lluviosos.

  4. Angéline dijo:

    ¿No dejas libros? Yo sí lo hago, al menos cuatro o cinco al año. Hay tanto editado y de buena calidad y es tan poco mi tiempo para leer que si es un bodrio o no le encuentro sentido más allá de la página 100, lo dejo. No hacerlo sería igual que seguir comiendo lo que no me gusta o beberme un vaso entero de algo intragable. La literatura es un buen vicio pero no me siento tan ligada a nadie como para leer un libro completo suyo si no consigue captar mi interés. A veces me fuerzo a hacerlo, como con “Invisible”, pero pocas veces y por poca gente. A mis referentes les doy una ventaja extra pero ni ellos pueden reinventar una novela que no me capta. Es igual que irse de un cine a mitad de la película. Lo he hecho pocas veces pero siempre he sentido una gran liberación al hacerlo. Respecto a Auster, le sigo, le seguiré, y no es que entienda que es así con las coincidencias pero tiene rasgos propios que me son familiares y le perdono las casualidades porque veo que disfruta con ellas. El final no viene a cuento, no creo que sea un toque de realidad sino la necesidad de terminar el libro como una novela, no como un documental. Creando conflicto, desarrollando en las últimas páginas un brote de confusión que no esperaríamos. Y podría haberle quedado genial, lo de jugar al despiste, pero creo que la cagó, por eso no le presto atención y para mi recuerdo de esos momentos que compartí con Miles y compañía, decido simplemente prescindir de una hoja y terminar la novela de otra forma. Saludos soleados, Houellebecq.

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