Un sueño en sepia

Camino por la calle y la gente me mira, sé que no voy desnuda todo el tiempo pero sí por momentos y no me importa. Recorro vías estrechas y me veo en los escaparates de algunas tiendas. Cada vez que mi imagen se refleja soy distinta, a ratos rubia y gruesa, en otros tengo el pelo negro muy corto y el cuerpo esquelético. Me miro con indefensión y la ropa de chico que llevo cuando soy delgada parece crecer de talla según va pasando el tiempo. Cuando soy rubia tengo cara de hombre y cuando tengo el pelo cortito mis rasgos son casi dulces, de mujer, soñadores. Algo sucede durante el sueño que me hace escapar desesperadamente, veo mi reflejo en algunos cristales y llevo la ropa ensangrentada. Antes de despertar y al borde de un grito imposible me encuentro refrescándome en el servicio de una gasolinera, la imagen que me devuelve el espejo cuando me seco es una cara que se derrite, se emborrona y se queda pegada al papel que tengo entre las manos. Quiero gritar de nuevo pero ya no tengo boca. Lo último que recuerdo es una mirada resentida, ni pánico ni tristeza, ese saber que ya no puede haber nada, que es imposible volver a tener rostro, entrar por esa puerta, reflejarme en el cristal de una tienda, correr por una vía estrecha, indiferente, desnuda, caminar por la calle, ser como antes. Más tarde un gris de fondo. Una inmensa sensación de rabia acumulada. La promesa de un desquite cuanto antes, una revancha. Y después nada.

(Fotografía de Connie Imboden)

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a Un sueño en sepia

  1. Houellebecq dijo:

    Absolutamente onírico. Tal y como decía hace poco lo más difícil en literatura sin resultar ridículo o aburrido es escribir sobre sueños o sueños o realidades que parecen sueños y erotismo. Aquí se trata de un sueño en sepia (no sé de qué color tengo los sueños porque casi no los recuerdo). Te critico desde mi punto de vista estilísco y por eso la crítica es buena, porque me gusta lo que se escribe en prosa como si fuese poesía y lo tuyo siempre me resulta así, en ese híbrido de poema con narrativa que me encanta. Y luego déjame que te señale que lo hayas premeditado o no yo me he montado varias historias según algunas frases que incluías, he cogido tus frases como apuntes de lo que he querido evocar. Saludos y buen fin de semana. Yo tengo que matar a mi vecino. Una vez más.

  2. Angéline dijo:

    Estoy de acuerdo en que escribir un texto erótico es difícil. A mí me atrae terriblemente hacerlo y siempre ando bordeando alguno, a veces sin pretenderlo, surge sin más. No sé lo que habrá hecho tu vecino (en un post de 2008 parecía que ya te llevabas mejor con él), pero me solidarizo contigo. Yo también tendré que subir en algún momento a hablar con los míos antes del viernes, a partir de entonces necesitaré descanso y tranquilidad durante unos días y es casi imposible encontrar paz si sobre el techo de tu cuarto arrastran muebles continuamente y caminan con tacones durante horas. La gente no sabe convivir sin molestar y yo fantaseo con el día que tenga una casa en la que no suene nada que yo no provoque. Feliz fin de semana, Houellebecq. Y paciencia..

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