¿Es mejor hablar que morir? “Llámame por tu nombre” (André Aciman)

“Llámame por tu nombre” es la novela que Princesa y yo hemos compartido estos días (siempre un placer estas lecturas con mi amiga de Hojalata), se trata de la primera de André Aciman y no nos ha defraudado, aunque quizás yo me haya emocionado más con ella que con “Ocho noches blancas”, del mismo autor, por más que ésta haya sido con mucho LA NOVELA para mí este año, ahora sería en plural, las dos en el pódium, y André Aciman el mago que mueve sus hilos frente a mi extasiada presencia. La contraportada de “Llámame por tu nombre” resume su contenido en el texto: “En una localidad de la costa de Italia, durante la década de los ochenta, la familia de Elio instauró la tradición de recibir en el verano a estudiantes o creadores jóvenes que, a cambio de alojamiento, ayudaran al cabeza de familia, catedrático, en sus compromisos culturales. Oliver es el elegido este verano, un joven escritor norteamericano que pronto excita la imaginación de Elio. Durante las siguientes semanas, los impulsos ocultos de obsesión y miedo, fascinación y deseo intensificarán su pasión”

Debo añadir que ni Oliver ni Elio son gente corriente para su edad. Extremadamente cultos, con una sensibilidad exquisita, los diecisiete años de Elio frente a los veinticuatro de Oliver no son más que una línea que se mueve hacia la madurez y regresa intimidada en numerosas ocasiones durante la novela. Decir que la localidad de la costa es llamada emblemáticamente B, que ese verano además de ser significativo para ellos es cálido y propicia su complicidad (“Me gustaba cómo nuestras mentes parecían trabajar de forma paralela y, de manera instantánea, inferíamos los juegos de palabras del otro, pero al final siempre nos conteníamos”), la literatura, la música, los lugares comunes que se convertirán en fantasmas cuando el suceso se extinga y dé paso a esa otra fase que a veces quema como el dolor, llamada recuerdo.

La acción es sin duda fácil de resumir, durante seis semanas Oliver y Elio viven bajo el mismo techo, se hablan, se escuchan, comparten hasta donde se permiten, se expanden, crecen, se ponen a prueba, se escalan, se esperan, se quitan palabras de la boca, se admiran, se fascinan, se pierden. (“No estamos compuestos para un solo instrumento. Ni yo, ni tú”) Lo que no es sencillo es explicar ese sentimiento ni tampoco para mí por qué sintonicé con esta novela desde las vísceras otra vez. Había decidido hace tiempo dejarlas en paz pero se ve que no puedo y que algunos autores me tientan para dejar de ser una simple lectora y convertirme en una viajera por la novela, efecto que me produce a veces un dolor enorme, ya que es la forma más sencilla de descarnar un sentimiento empático, que es lo que he sentido desde el principio junto a Elio y Oliver.

PINCELADAS

Por su grafismo:

“Se trataba de algo parecido a esa mirada herida que necesita de una cura..”
“Simplemente oler a Marzia en mi mano me hacía amar a todas las mujeres que hay en cada mujer”.
“Aquella tarde, mientras nos dirigíamos en bici a los cines, yo iba- y no me preocupé de ocultarlo- montado en el aire”.
“Ambos me pedían que jugase más al tenis, que fuese a bailar más a menudo, que conociese a gente, que averiguase por mí mismo por qué son tan necesarios los demás en la vida y no sólo cuerpos extraños a los que acercarse furtivamente”.
“También me gustaba el ambiente lánguido que se respiraba en la ciudad, como el brazo de un amante cansado y tembloroso apoyado sobre tu hombro”.

Por su lucidez:

“Qué gran aplomo decirle a alguien que no puedes tocarle porque te conoces”.
“Pero volver atrás es falso. Pasar página es falso. Mirar hacia otro lado es falso. Intentar reparar todo lo que es falso resulta ser igualmente falso”.
“¿Por qué estaba tan asustado? ¿Por qué? Porque todo me aterra, porque tanto el miedo como el deseo están ocupados engañándose el uno al otro y a mí”.

Por su belleza:

“Nunca se me ocurrió pensar que no sólo le había llevado allí para enseñarle mi pequeño mundo, sino para pedirle a mi pequeño mundo que le dejase entrar, para que así, el lugar en el que venía a estar solo durante las tardes de verano tuviese la oportunidad de conocerle, juzgarle, ver si me convenía, arroparle para que yo pudiera volver aquí y recordarle”.

LA LECTURA Y VIAJANDO POR LA NOVELA

Reconozco que haber leído antes “Ocho noches blancas” me hizo comenzar a menos velocidad de la normal, y que caminé por las primeras hojas como quien lo hace por una ciudad que no conoce y en ese momento no lamenta dejar atrás, pero hacia la página 25, la cosa fue cambiando. Los Printz quedaban bien lejos, como unos parientes remotos de Elio y Oliver, la trompeta de Wynton Marsalis entonaba el “Canon” de Pachelbel en mi cuarto y los tres nos fundíamos por la carretera camino del pueblo, donde la señora Milani tendría listas o no las hojas traducidas de Oliver, o en uno de los muchos momentos que Elio miraba el mar desde su refugio del muro de Monet. Elio.. sabes que esto no va a durar.. incluso a mí me duele esa nostalgia anticipada, echaros de menos mucho antes de vuestra partida.

Ahora estamos en la librería, en Roma, escuchando al poeta Alfredo y alguien te pregunta Elio si tus amigos te salvarán de ser tú mismo. Respondes con esa frase que lo resume todo, te miro con suavidad desde el escalón en el que estamos sentados. “Ojalá tuviese un amigo que no estuviese predestinado a perder”. Amén.. Aquí me fui porque esa frase me revolvió un poco y sólo volví a veros en ese momento tan especial, esa pared de la vía Santa María dell’ Anima. Amén de nuevo.. Cómo todo nos parece mucho, cuando ya no nos queda nada.. “Estaría dispuesto a conformarme con menos, con tal de vivir con estos restos trillados”

(Vía Santa María Dell’Anima)

Oliver. Nada. Sólo quería llamarte por tu nombre. Quedan veinticinco páginas y necesito salir de esta trama sin llorar. Escucho el Adagietto de Mahler (pieza por excelencia para las despedidas) desde vuestro encuentro en el futuro, en Estados Unidos. Saber que estamos en el tiempo de descuento no ayuda. Que todo aquello haya sucedido hace quince años y que ahora estemos incómodos, nostálgicos y entristecidos, tampoco. Vaya, sabía que el Adagietto traería las lágrimas. O serás tú, Oliver, con tu vida actual ordenada, las manchas que el sol dejó en tu piel y esa afirmación de que nunca estaréis preparados para hablar de vosotros como si fueseis unos desconocidos. O las palabras de tu padre, Elio, cuando decía “La mayoría no podemos evitar vivir como si tuviésemos dos vidas, una es la maqueta a escala y la otra es la versión final y luego están todas las adaptaciones intermedias. Pero sólo hay una, y antes de que te des cuenta, tienes el corazón gastado y en lo que respecta a tu cuerpo, hay un punto en el que nadie se fija en él, y mucho menos quiere acercarse a él”.

APUNTES Y PALABRAS NUEVAS

Anoté cuarenta y dos momentos del libro, mi marcapáginas habitual (un lápiz) apunta el número de pagina y una pequeña parte del detalle a destacar en las hojas blancas del final. En algunos casos han sido frases y en otros, largos párrafos e incluso alguna hoja entera. Cuando llegas a este extremo te das cuenta de que lo que estás leyendo te va a dejar un vacío enorme que tendrás que rellenar con otro libro, extraño en este momento pero no tanto más adelante. Y así debe ser el relevo, pero anoto que estuve tentada de volver a empezar la novela en cuanto la terminé y eso es adicción ya.. ah, señor Aciman… Encontré tres palabras destacables. Implume (sin plumas). Sedente (que está sentado). Procrastinar (diferir, aplazar)

POR QUÉ RECOMIENDO ESTA LECTURA.

Por la pasión. Sin freno, sin cortapisas. Por esa complicidad que en Aciman es un arte. ¿Necesita un subidón emocional? Lea “Llámame por tu nombre”. Si no le late el corazón a dos mil por hora en algunos pasajes, quizás no tenga la suerte de mi sentimiento empático, o no haya vivido un amor de intensidad similar, como es nuestro caso. Pero siempre queda la música, ya lo decía Aute hace tiempo, y sobre todo la lírica, que en esta novela está a flor de piel y nunca mejor elegida la piel para un túnel hacia el interior, tan emotivo, frágil y profundo como es el sentimiento que comparten Elio y Oliver durante un verano frente al muro de Monet, en San Clemente y finalmente en la espiral de futuro de sus vidas; ese lugar donde la memoria decide perderse y abrillantar lo acumulado, con la pátina de un tiempo que tantas veces se reinventa a sí mismo, sobre una realidad que le sale al paso, ambigua, desdibujada, brumosa.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en Fascinaciones varias, Leído en 2011, Lecturas compartidas, Viajes por las novelas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a ¿Es mejor hablar que morir? “Llámame por tu nombre” (André Aciman)

  1. Houellebecq dijo:

    A mano izquierda y entrando por tu blog ya me fijé en esta recomendación que estabas leyendo (sigue ahí, no sé si has empezado a releer o dudas sobre tu próxima lectura). La recomendación es tan apasionada y visceral como debe haberlo sido la lectura. Realmente dan ganas de llerla porque me gustan tus subrayados y hasta es fácil adivinar el estilo del que escribe con delicadeza esas frases. Pero yo tengo dos libros nuevos en préstamo de la biblioteca. Uno de ellos es “Cosas que debes saber” (y tú debes saber de quién es) y el primer cuento sobre un hombre casado con una oriental da envidia desde la primera página. Tal como dijiste, dominio perfecto del tiempo. Pero no sólo eso. Es que A.M. Homes es otra de las que te dan más por menos. Parece que haga largos procesos de recorte de frases sobrantes. He entrado fuerte en su literatura. Tanto que sólo después del primer cuento ya me agobia que el libro se agote y me puedo imaginar dándole el máximo regalo a ese tipo de autores (son lo sque aso de coger en préstamo a comprar a la libreria o a buscar en mi Mercado de San Antonio, una manzana barcelonesa dedicada al ocio y mucho a los libros). En fín. Se agradece.

  2. Angéline dijo:

    Era muy tarde ayer para colgar el post y actualizar la lectura pero lo he hecho ya y después de tu comentario no he podido resistirme a que fuesen dos. Entiendo perfectamente lo de la envidia (para mí A.M. Homes es fabulosa) y hasta yo la he sentido y me han entrado unas ganas enormes de releer estos cuentos. El primero es muy bueno pero verás cómo te sorprenden otros, no te lo recomendé sólo porque me gustasen a mí, lo cual es obvio porque me deshago en elogios hace ella siempre, sino porque pensé que te gustarían a ti (por la referencia que tengo de tus pensamientos en la Blog Hostil). No todo el mundo la entendería, hay lectores muy cabreados con ella pero para alguien con un tipo concreto de humor, alguien que escriba además, Amy es una bendición, tan sarcástica, y cierto, no le sobra una coma, en fin yo aprendo de ella cada vez que leo algo suyo. Y no es cierto que sea una escritora fría y distante, ahí está “La hija del amante”, un libro autobiográfico donde su vulnerabilidad queda más que patente, o “Este libro te salvará la vida”, que pudo haberlo escrito perfectamente Philip Roth. En cuanto a la lectura compartida, no te imaginas lo que he disfrutado con este libro. Hay ahí ciertos flecos personales pero también admiración y auténtico fervor por Oliver, ternura por Elio y envidia de nuevo por el estilo del señor Aciman, creando esas complicidades que me estremecen hasta el último poro. Qué maravilloso es leer, ¿verdad? He escrito a Alfaguara para ver la posibilidad de agradecer al autor que hiciese un libro como éste. Me han pedido que les envíe la carta y ellos se la harán llegar. En fin, si no es cierto, al menos lo habré intentado. Creo que André Aciman se merece el aplauso y yo se lo voy a dar. Un saludo Houellebecq, me alegra que Amy te haya pasado el brazo por los hombros como a mí, date por hechizado.

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