Cuestión de altura: Inconquistables, elegidos.

William Ernest Henley fue un poeta inglés (1849-1903), crítico y editor. Georg Friedrich Händel (1685-1759) fue un compositor alemán de gran prestigio. Henley enfermó de tuberculosis a los doce años y tuvieron que amputarle una pierna. Händel iba para abogado pero cuando desarrolló un talento tan fuerte para la música su padre le apoyó totalmente en su carrera. Henley inspiró uno de los personajes de su amigo Robert Louis Stevenson, Long John Silver. Händel fue el primer compositor que enfocó su música a los gustos del público, no a los de la nobleza como era lo habitual en la época. Esta noche uno y otro se funden en mi mente. El “Eternal Source of Light Divine” (Birthday Ode for Queen Anne) de Händel en la voz de Elin Manahan Thomas, y el poema “Invictus” de Henley. Suele suceder (ya ocurrió con Shakespeare y el soneto 116 en “Sentido y sensibilidad”) que cuando llega un poema al cine de repente se hace famoso e imprescindible y nunca lo había sido hasta entonces. Clint Eastwood (“Invictus”) aupó a la fama las palabras de Henley, contenidas en su “In hospital”, la última colección de poemas que escribió.

Me abandono en ellos por un momento. Puedo crear mi propia historia, valerme de su sonido, del ritmo de los versos, de la espiral de las notas. Imaginar o seleccionar pasajes ya vividos, atender a la voz del poema como si fuera un mensajero, un canto externo, un delicado reproche, enmascarado. Visualizar una mirada sometida que anticipa un grito, la impotencia ante el hecho inútil, ante el inevitable acontecer de un suceso. La tensa espera de la frase esclarecedora y lapidaria que nombre un acontecimiento, injusto. Tanto como el fin, cuando nadie lo aguarda ni lo convoca.

Y revolviendo.

Y más al fondo. También puedo ver, incluso recordar, la decepción, el dolor, la boca crispada. Las palabras que, mordidas, se disuelven rotas entre los labios. La lágrima, el orgullo amordazado, la mirada cambiante, del blanco al gris, del gris al negro. Y resistir, venciendo a la incertidumbre en su terreno mientras extraño algo que deseo con fuerza y todavía no he conseguido, en un momento tan sublime como éste.

INVICTUS
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. –
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. –
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.

INCONQUISTABLE

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el horror de la sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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4 respuestas a Cuestión de altura: Inconquistables, elegidos.

  1. alex dijo:

    Más que conmovedor, el poema es revelador. Me ocurre en no pocas ocasiones que recuerdo aleatoriamente una línea de diálogo de una película y la asocio con una melodía de otra distinta con la que no comparte apenas nada. Y funciona, al menos en mi cabeza, dando como resultado una sensación de relajación que suele crisparse al primera ocasión que induzca culquier elemento exterior. Independientemente de la duración de este “fenómeno” personal, suele merecer la pena. Las desconexiones casi siempre merecen la pena.

    Besos, Angéline.

  2. Angéline dijo:

    Mi vida es una continua sucesión de estos instantes. Conceptos que se imantan, encadenándose, y te hacen sentir grande. Y últimamente todo parece relacionarse entre sí, mucho más allá de lo que algunos llamarían casualidad. En cualquier caso, la unión poema-canción llenó un momento místico que tuve cerca de las tres de la madrugada. En esa noche imperturbable en la que tantas veces me resulta casi imposible desconectar del mundo. Y fue fantástico elevarme a las alturas con Händel y aferrarme a las cuerdas del final del poema de Henley. Algunas sensaciones te hacen fuerte, y así debe ser. El faro de la Torre de Hércules me guiñaba su ojo en la distancia. Besos, Alex.

  3. Houellebecq dijo:

    Un poema que me recuerda al argentino Almafuerte con su “nunca te sentirás vencido, aún vencido, etc.”. Explicar la música y lo que se siente al escucharla es difícil. “Es el arte que viene de fuera pero lo sientes como si viniera de dentro” que leí por ahí. Y lo escucho mientras escribo estas líneas y me gusta mucho. Me ha relajado una noche en la que ya iba en plan salvaje y acelerado. Y la letra-poema es una delicia. Por cierto, me encanta Händel. Saludos Angeline.

  4. Angéline dijo:

    Cené con unos amigos el sábado y probé una comida nueva, dos ingredientes que nunca se me hubiera ocurrido juntar. Paladeas ese sabor de la mezcla, la sorpresa de esas texturas y parece que se abre un camino a experimentar en la cocina, como si de pronto tuvieses permiso para innovarlo todo. Händel, en esta pieza, junto al poema de Henley, fue un suave instante que me hizo sentir a unos centímetros del suelo, como al principio de un largo pasillo iluminado. Quería compartirlo aquí en la nieve. Me alegra que haya relajado tus ánimos, si es que hacerlo te reporta un bien. El poema es fantástico, cada persona con la autoestima baja debería pegarlo al lado del espejo principal de su casa y repetirlo en voz alta por las mañanas antes de salir a la calle. Händel es una maravilla, tan prolífico, un auténtico genio. Buenas noches, Houellebecq.

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