Stoner (John Williams)

Dos cosas:

Me ha costado leer “Stoner”.

La literatura debe provocarnos algún tipo de reacción.

A lo largo de un año de lecturas deberíamos sentir al menos alguna vez alegría, admiración, rabia, vergüenza ajena, ganas de zarandear al personaje para que despierte, algún tipo de enamoramiento cósmico, piedad, ternura, tristeza, nostalgia, extrañeza, deseos de venganza, sorpresa, incredulidad, ganas de arrojar el libro contra la pared más cercana, un campanazo mental que gire ciertos acontecimientos de nuestra vida hacia otras posibilidades, algún tipo de despertar contundente, devoción, envidia, algún déjà vu, algún renacer, el descubrimiento intempestivo de algo, calma, relax, la sensación de llegar a casa, la de que algo que lleva demasiado tiempo en nuestra vida debe irse.

Me ha costado leer “Stoner” porque he sentido por momentos ganas de cogerlo por los cuellos de la chaqueta y decirle “¡Sólo tienes una vida, cojones, nadie va a agradecerte que la desperdicies!” Me he tenido que contener para no lanzar el libro hacia el techo de la caravana, justo cuando Edith, la mujer de Stoner, le hace la vida todavía más difícil y él.. lo acepta. Seguramente todos hemos visto alguna vez la típica película del matrimonio acosado por la pandilla de turno, lo mal que lo pasan por esa violencia que intentan que no explote sobre sus vidas y la revancha que el patriarca lleva a cabo después de que las cosas se pongan difíciles, quizás muera su mujer o su hija, o algún tipo de calamidad se cierna contra la familia. El espectador se encoge en la primera parte y acepta y aplaude la segunda, porque está deseando ver cómo el aniquilador es aniquilado. Bien. Pues no ocurre lo mismo con Stoner, es una buena persona del principio al fin, demasiado suave y tranquilo. Su pasión se reduce al compromiso que cree sostener con la vida que se ha creado y ni siquiera haber probado las delicias de un edén particular, el amor profundo, le da una pista de por dónde debería ir. Acata. Se resigna. Asume.

RESUMEN DE LA NOVELA

William Stoner, nacido en 1891 en una familia humilde de agricultores, consigue estudiar en la universidad de Columbia y más tarde dar clases en ella. No participa como militar en la Primera Guerra Mundial ni mucho menos en la Segunda, pero cada una de ellas afecta de una forma dramática e intensa su visión de la vida. Trabaja como profesor durante casi cuatro décadas y confina su existencia entre las paredes de la universidad, un matrimonio desafortunado con la mujer equivocada y una paternidad que comienza de forma luminosa y se apaga como todos sus afectos más arraigados, inevitablemente. Durante unos meses también es un hombre afortunado que ama y es amado, un hombre diferente que descubre en una compañera de universidad el complemento tan largamente deseado, la persona que bien podría ser su alma gemela (si es que esto realmente es posible) pasión, comprensión, alegría. La novela no es sino un recorrido por las diferentes etapas de su vida y hasta el final fantaseé con la idea de que se rebelase en algún momento. Y lo hace, pero demasiado tarde, poco antes del fin de todo.

EXPERIENCIA O EL INICIO DEL APLOMO

Nuestros mayores siempre han dicho esta frase “Ojalá pudiera tener X años, con lo que sé ahora..” Por supuesto. Comenzamos con cierta timidez, vamos avanzando por la vida unos con más dificultad que otros, sorteamos dificultades y desengaños, nos hacemos fuertes o nos rematan dos pares de acontecimientos. Aprendemos. Hay quien lo utiliza para procurarse la felicidad y quien lo pone de escudo para que nada más impacte con fuerza en su corazón, ni bueno ni malo. Es una verdadera lástima no poder asomarse al futuro y ver.. ¿por qué uno no aprende a decir que NO, hasta que ha dicho SI las veces necesarias para arruinarse la vida? ¿No es triste encontrar esa fortaleza de espíritu justo cuando en muchos casos ya no hay forma de recuperar un valioso tiempo perdido? ¿Hay alguna conexión entre la experiencia y el instinto? ¿No es posible ir sentando las bases de nuestro comportamiento antes de probar todas las opciones? ¿Por qué no experimentar antes de la experiencia? ¿Por qué no comer antes del hambre? ¿Por qué no plantar cara al trozo de nuestra biografía que se enquista, a la parte que impide que todo circule fluidamente, como debe? Nos inculcan unos valores que establecen nuestra forma de actuar pero cuando se convierten en un obstáculo, cuando en lugar de aportar bienestar nos hunden, ¿no es momento de variar el rumbo? Stoner podría echar la vista atrás a los sesenta y cinco años y cerrar los ojos apesadumbrado. ¿Es necesario tanto dolor? ¿Lo es para él, quizás?

NOTAS SUELTAS
Encontré una falta de ortografía en la página 55 y por alguna razón no hay un sonrió con el acento donde debe, en todas partes figura como sonrío.
Me ha gustado que comparase la muerte con un exilio, es una forma romántica de ver un momento tan trágico.

Una gran observación /conclusión: “William Stoner aprendió lo que otros mucho más jóvenes habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra”. Sólo por este párrafo ya podría sentirme en deuda contigo CEci. Qué gran verdad contienen esas palabras y qué significado tan profundo y con tantas ramificaciones encuentro en ellas.

REACCIÓN

No quiero desvelar más detalles de la trama de esta novela pero sí comentar que tanta sumisión produjo en mí el mencionado campanazo del principio. Y que recordaré este libro no porque el profesor Stoner se quedase tantas veces a las puertas de, sino porque al hacerlo necesité protegerlo de todos los que contribuyen a hundirle y de sí mismo con una “ferocidad” (palabra muy mencionada en el libro) inusual en mí. Y de paso abrir las compuertas de algunos de mis procesos en trámite. De pronto los necesito en marcha y con fecha límite. No es justo estar esperando eternamente a que ciertos conflictos se solucionen, la vida es mucho más que saltar de valla en valla, metas cortas y rápidas, es lo que ahora necesito. Y no quiero lamentarme más adelante aprendiendo a pronunciar un No tras muchos Síes, ni dejar de disfrutar lo que en estos momentos deben ser proyectos prioritarios. Resultados ya. Y a otra. Gracias, John Williams.

(Fotografía de Andrzej Dragan)

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en Leído en 2011, Viajes por las novelas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Stoner (John Williams)

  1. CEci dijo:

    ¡Ay, la resignación estoica! ¡Cuán valorada está y a qué grados de infelicidad conduce! Stoner es un grandísimo personaje y esta novela está, empatada con “A landing on the sun” de Frayn, en mi top de lecturas de este ¿verano? que ya acaba.

    Besos

  2. Angéline dijo:

    Stoner es un personaje muy particular, para mí será un eterno resignado pero sigo preguntándome por qué querría serlo. Creo que no me ha impactado tanto como a ti, aunque sí la encuentro una novela muy recomendable. Mi lectura preferida de este año por ahora es “Llámame por tu nombre”, hasta lloré al final y todo. Sigo tus recomendaciones de cerca, CEci. Besos (aquí repunta hoy el verano pero este año no se gana el nombre, desde luego)

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