El abrazo

Dicen que soñar no cuesta nada pero yo no estoy de acuerdo. Tener los sueños a punto es una labor dura. Ha de ir uno sorteando en la vida miles de meteoritos desorientados que a veces se llaman a sí mismos bien intencionados y no producen otra cosa que daño, sangre y lágrimas. Los sueños, por otra parte, están hechos de esa materia frágil como el pan de oro, que se deshace entre los dedos, son transparentes como la gasa y crean reflejos imposibles antes de desaparecer por completo. Por conservar un sueño muchos hemos luchado a brazo partido, navegando contra corriente y ganándonos ese apodo tan gratificante (“descarriado”) que en algunas familias se pronuncia a media voz, como una desgracia compartida, ocurrida a toda una comunidad de gente, un bloque humano homogéneo, sin grietas.

Fotografía de Ricardo Caballero

Sin grietas.. que levante la mano quien no ha sentido nunca unos segundos de pérdida inexplicable, una melancolía desconocida, un no caber dentro de la piel, la necesidad de soltar amarras con todo y comenzar de nuevo. A veces no es necesario comprobar que la antena de televisión que se ha estrellado frente a nuestros pies no nos ha matado sino aferrarse a un impulso, coger el próximo tren hacia ningún sitio, simplemente desconectar momentáneamente de todo y de todos y sumergirse en uno mismo para reparar el casco de nuestro inconformismo y ver por dónde se escapa esa vida que cada día está menos presente en los ojos, en la piel, en la forma de caminar, de enfrentarse a cada misil con nuestro nombre, esos que a veces despegan de una base cercana, familiar, a pocos centímetros de nuestra resistencia.

Muchacha dormida. Santiago Carbonell

Qué sueña esta Muchacha Dormida, qué clase de luces pueden flotar por su mente, qué círculos trazan la espiral de ese mundo imaginario al que se llega cuando uno se apea de sí mismo y duerme, se olvida, se sume lentamente en una nebulosa plácida que le acoge y en la que acepta abandonarse a voluntad. Qué sonidos rebotarán por esas paredes acolchadas, qué imágenes le parecerán reales, intensas, qué rostros adorará, quién provocará sufrimiento en ella cuando descubra que sólo existe en su interior. Qué tipo de paisaje gravedad cero inundará su espacio, qué sensaciones de placidez voluptuosa se transformarán en un éxtasis de cuento, tan inalcanzable como la duración de ese sueño. Cuánto descenderá en su desconexión hasta que ese codo suspendido en el aire se vaya posando suavemente sobre la mesa, la mano que cuelga salte con un espasmo repentino al hacerse insoportable el peso de esa cabeza.

A menudo surge la cuestión del artista y su obra, cuánto debemos saber de quien la crea o si sólo deberíamos disfrutar de lo que nos muestra, sin relacionarlo con el carácter o la actitud del autor. Soy partidaria de ahondar en los detalles sobre éste, conocerle un poco, intentar saber de dónde viene lo que más tarde es un poco de todos. De Santiago Carbonell apenas tengo unos datos, nacido en Quito en 1960, emigró a México con veintiséis años y allí creó una familia, estableciéndose en Querétaro. Es un pintor reconocido y ha hecho numerosas exposiciones, tiene también la nacionalidad española. Las fotografías que he visto de sus cuadros me han impresionado por la ternura especial que destilan sus figuras, porla sensualidad de los cuerpos. Inevitablemente he llegado a su rostro (aprecio estos detalles) y aunque más adelante me interesará conocer mejor su obra, en este instante lo que me llena la pupila son estos personajes de largos dedos, manos con vida propia y la languidez más exquisita.

El Abrazo. Santiago Carbonell
(“El abrazo”)

(Fotografía de Ricardo Caballero)

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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4 respuestas a El abrazo

  1. Houellebecq dijo:

    Me gusta especialmente el de la chica dormida plácidamente por lo que sugiere y por lo que te sugiere.
    El tema del que hablas al principio, soltar amarras y dejarlo todo atrás es efectivamente un sentir común a todo el mundo, incluso a los más conservadores, creo yo. Aunque tampoco veo por qué se le ha de colgar a nadie lo de “descarriada”. ¿Por luchar por tu sueño? Eso es porque no has hecho pecados mayores como matar a alguien. Así los pecadillos menores pasarían desapercibidos. Pero ironías aparte y volviendo a lo del artista pues respondo a la pregunta. ¿Cuanto hay que saber sobre él? Lo que quieras. La obra ha de ser independiente y no necesitar de ese dato. Pero es cierto que si ahondas en el artista todavía la disfrutas más. A mí me pasa. Saludos desde un mal momento de ajetreo y calor espantoso. A pesar de todo me olvido un poco de todo leyendo y escribiendo y pasando por tu reino.

  2. Angéline dijo:

    Soltar amarras y dejarlo todo atrás no deja de ser un sueño utópico. Quien más quien menos estamos sujetos a demasiadas responsabilidades que a su vez generan otros lazos invisibles que anudan parcelas de nuestra vida que hasta ese momento controlábamos. Lo de descarriarse es un punto de vista. Quien te cuelga el apodo muchas veces no te conoce, simplemente fantasea con tu vida, te juzga y condena. Yo he asumido hace muchos años que lo soy para mi familia, también sé que no pueden evitar quererme y no aliento la fama que tengo pero tampoco hago nada ya para sacarles de su error. Actúo por educación e instinto, siguiendo mis propias reglas. Santiago Carbonell me encantó, ya hace tiempo. De estos dos cuadros no sé con cuál me quedaría, quizá también con el de la Muchacha Dormida. Ánimo con el calor, el verano va hacia el final ya. Aquí hemos estado con tormentas y hoy vuelve a llover. Un abrazo, Houellebecq.

  3. alex dijo:

    “El Abrazo” transmite carnalidad al tiempo que empatía, ternura y deseo. Concepto siempre compatibles que sin embargo no se dan o lo hacen durante un tiempo demasiado breve.

    La melancolía, al menos en mi caso, aparece y desaparece sin motivo alguno. Basta un olor o cualquier visión rutinaria para que tu memoria se marche a otro lugar y regrese de la mano de la tristeza dulce. El invierno se acerca. Ya los días son más cortos. Tiempo abonado para la melancolía, que aguardará hasta diciembre para estallar y terminar por esconderse a la espera de un nuevo ciclo. Supongo que las cosas deben ser así, me parezca injusto o no.

    Besos, Angéline.

  4. Angéline dijo:

    Pues si la melancolía es como decía Victor Hugo, la felicidad de estar triste, no deja de ser una sensación-sentimiento enriquecedor, siempre que no sea la dominante. Espero que en tu caso, Alex, sea más una suave compañía que una carencia, la melancolía es a veces también una mordida fuerte, una presión, conozco gente que en cuanto llega la lluvia y la semioscuridad del invierno entran en una fase introspectiva, se aislan. En cualquier caso estás muy bien acompañado y desde aquí yo también estoy ahí con vosotros. Un beso.

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