¿Quiénes y cuántos..?

Tenía dos posibilidades, escribir un post absolutamente serio acerca de un artículo de El País sobre el confinamiento de los presos en régimen de primer grado que me ha dejado impactada (lo escribiré de todas formas, viajar por un artículo es tan gráfico y real como viajar por una novela y éste me ha producido un latido extra entre cada dos, vamos, que no me lo quito de la cabeza) o ver qué hace Darthois, ahora que el verano empieza a declinar y he escuchado al encender la radio una de sus canciones preferidas, la versión de Eric Clapton de Knocking on heaven’s door. Tiene un ritmo que engancha, lo reconozco, y aún con ganas de meterme en la sordidez del artículo, también echo de menos a Darthois y quiero saber qué ha hecho durante este tiempo. Así que mientras sigo con el pie el toque de batería de la canción, viajo a mi querida nieve, paso el puente que en julio estaba en obras y compruebo que vuelve a lucir, renovado, como si un pintor retocase el paisaje ajado con una dosis extra de intensidad pero con la pátina adecuada para hacerlo parecer un elemento de un pasado remoto.
Cumplo el ritual de echar gasolina en la estación de la derecha y comprobar los líquidos del motor y la presión de las ruedas en la de la izquierda. Durante horas cada día no tienen otra cosa que hacer que mirarse mutuamente y la primera vez que pasé por allí, el viejo Jobs me acusó de amiguismo cuando revisé las ruedas en la otra gasolinera, mientras me llenaban el depósito. Desde entonces mantengo un equilibrio con ellos que también complace a Hutton, la competencia del otro lado de la carretera, no me cuesta nada hacer felices a este par de cascarrabias. Enfilo la pequeña rotonda de Hills Park y giro con cuidado hacia la Grant’s Avenue, he venido sin cadenas y no quiero fastidiarla justo antes de llegar a casa. Cuando aparco en la entrada, el señor Ferdinand está guardando las herramientas en su furgoneta. La noche se acerca y el sótano está casi terminado. Me pone al tanto de las últimas obras y miramos un muestrario de colores para la pintura de las habitaciones del primer piso. Sabe que me gustan los tonos suaves y luminosos pero hay un naranja que me lleva un ojo y le desconcierto cambiando el color del pasillo, dos tonos distintos de la misma gama para hacer contrastes.
Desde mi atalaya en el ático descubro la casa de Darthois tranquila y sin luces. En breve se encenderán las automáticas, y ya no sabré si hay alguien allí o no. Impulsivamente, le llamo mientras mastico algo prohibido, un bocadillo de chorizo que me he concedido de forma puntual, como premio después de conducir seis horas. La restricción ahora ya no es preventiva sino necesaria, va en el paquete con los veinte kilos que he perdido en el último año comiendo crudos y hervidos, privándome de maravillas como ésta, comidas que mi organismo ya no digiere y se me pudren dentro, aunque un día es un día. De pronto escucho una voz juvenil, femenina, diciendo “no estamos en casa, pero imagina que sí, ¿qué nos dirías?”. Cuelgo y marco de nuevo, la voz alegre vuelve a hacerme la misma pregunta. Desconcertada, digo la primera estupidez que me viene a la cabeza “No estoy llamando pero si lo hiciera imagina que te pregunto, quiénes, cuántos, son nosotros..”.
Mientras hago la cama curioseo la casa de Yann para ver si hay algún cambio. Las luces ya están activadas, ahora se apaga la de la cocina y poco después se enciende la del baño de arriba. En unos minutos cambiará la distribución, es posible que no haya nadie. ¿Estamos? Quizás aquella mujer tan.. mujer ahora viva con él. La idea me produce una sensación de ahogo. De pronto necesito abrir el ventanal del ático y el cuarto empieza a congelarse. Que Darthois es un mujeriego lo sé desde que lo conozco pero alguien ¿fijo? Caramba, eso duele. Y que lo haga me irrita, pero así son las primeras impresiones, no tienen vuelta de hoja.. Es tarde, estoy cansada y no tengo ganas de especular con la vida de Yann, apago todas las luces menos el lector pequeño. Desde la cama sigo viendo la casa de enfrente, la calle nevada, la farola de la esquina, la luna llena. Cojo el libro que estoy leyendo, “El teatro de Sabbath”, de Philip Roth. La primera frase de la novela es un ultimátum: “- Renuncia de una vez a joder con otras o lo nuestro se termina”.
Sonrío y la digo en alto imitando al Padrino. Me hago gracia y la repito como si fuera Colombo, perdón, Sam Diamond. Acabo de ver “Un cadáver a los postres” y es divertido imitarles a todos diciendo la frase. Juego al juego de buscar una verdad abriendo el libro al azar y poniendo a ciegas un dedo encima de cualquier línea. Sale la página 251, y la frase forma parte de un diálogo.
“- Te quiero sobre mi espalda. Tu polla dentro de mí. Oh, Dios mío. Oh, Dios mío, te quiero.”
La hostia..
Dos horas más tarde, estoy durmiendo. El teléfono suena y no me entero. Quien llama deja un mensaje breve “Durante unos días seremos cuatro, Xavier, Gina, Margaret y yo, después espero recuperar mi casa de nuevo.” Unos minutos después la misma persona deja otro mensaje: “¿Celosa..?“.
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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a ¿Quiénes y cuántos..?

  1. Houellebecq dijo:

    Pues sería interesante que escribieras ese artículo pendiente porque me ha picado la curiosidad, la verdad.
    Y luego ya sí, me he puesto a leer ese post tan metaliterario o al revés. La vida inmiscuyéndose en la ficción. Alguien lee el mismo Roth que la persona que escribe.
    Por cierto, ya sabemos todos que Darthois es un mujeriego. Recordemos que tiene la cara de Clooney. No puede ser otra cosa, lo lleva dentro.
    Y si juegas con ese libro a buscar frases la estadística dice que te saldrán de ese estilo ya que Roth ahí, como en “El mal de Portnoy” va más bien tirando a salidillo. De ahí el éxito de sus propuestas.
    Finalmente esa última frase o palabra es muy para dejarnos en suspenso. ¿Celosa..? Pues aquí estaremos para pasearnos por los puntos suspensivos y rellenarlos con algo. Mientras llega la solución nosotros imaginamos. Después te tocará a tí resolver el enigma y hacerlo con letras.
    P.D. En mi blog y a continuación de tu último o penúltimo comentario algunas propuestas posibles para lectura.

  2. Angéline dijo:

    La verdad es que el artículo de El País me dió que pensar. Nunca más cierto que no valoramos lo suficiente cuanto tenemos. Escribiré sobre él en cuanto reúna la información que necesito.

    La vida inmiscuyéndose en la ficción.. bueno, en esta ficción la realidad varía por momentos, así que a veces vamos a la montaña y otras nos encontramos sentados en ella de repente. Darthois es un caso, pero no sé qué le ocurre últimamente. ¿Será posible que haya sentado la cabeza? De entre todo lo que podrían decirme estos días, eso sería lo último que podría creer, pero la voz hablaba con tanta seguridad, y sobre todo, con tanta alegría.. Entiendo que Angéline se haya quedado pasmada, no es para menos. Y creo que se ha celado, aunque le cabree hacerlo.

    En cuanto a Philip Roth ya le conozco de antes y sí.. tiene una soltura para el erotismo que no se encuentra fácilmente. “El mar de Portnoy” fue una gozada, pero también “El profesor del deseo”, “El animal moribundo” y “Mi vida como hombre”.

    He visto tu propuesta de libros, te contesto por la tarde, pero hablas de un libro al que le tengo unas ganas..

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