El sonido de la sombra

Tiendo a pensar que todo tiene un frente y un perfil, y que éste, con la limitación de ser sólo medio ángulo, es como una sala de espera, un lugar provisional desde el que entramos de lleno en un cambio. Que la vida es una sucesión de acontecimientos que podemos abordar desde múltiples perspectivas. Nada me parece tan completo como para ser o no ser o quizás aquí en Galicia ese depende nos puede y obliga a observar el suceso en cuestión desde varios prismas, pero creo que a ciertas alturas de la vida, si miras atrás puedes ver casi con nitidez que el pasado es un conjunto de fragmentos. Desde/ hasta/ círculo cerrado y comienzo del siguiente. Y en este momento lo que realmente me llama la atención es la sombra de ese perfil, cuando el círculo quiere cerrarse y comienza a unir todas sus piezas.

Una visión literaria maravillosa de esta sombra la narra el Maestro John Banville en una de las novelas que más he disfrutado en mi vida como lectora: “Eclipse”. Los protagonistas acaban de saber que su hija se ha suicidado tirándose por un acantilado. Aquí la reflexión se refiere al implacable ritmo del mundo, imparable tras una tragedia personal que sólo afecta a quien la padece pero que permite a los demás seguir con su vida, riendo, gritando, derrochando energía “nos llegaban las voces de unos niños jugando en alguna parte, en algún patio retirado, y nuestra hija estaba muerta”. La vida conocida como tal se rompe en un punto cualquiera, en el momento en que esa llamada detiene para siempre el contador del tiempo en su hija. Hacia adelante ya sólo hay silencio y todo lo relacionado con ella ha de caber en ese círculo que se ha cerrado, nacimiento, vida, muerte. Todos los logros, las sonrisas, las facetas brillantes, las peculiaridades, las ausencias, quedan comprendidos en esa franja de tiempo en la que no pudo abarcar más de lo que lo hizo. Y mientras tanto ese mundo es ajeno a este dolor. La gente camina, gesticula, se divierte, tiene prisa, los coches circulan, la actividad general en la calle no se ha detenido un segundo porque esa pérdida forma parte de él en una proporción ridícula.

No importa que como padres sientan un vacío que no es otra cosa que desgarro, fuera de sí mismos la realidad se compone de millones de otras personas con tantas otras historias desoladoras o magníficas, una fusión de victorias y desengaños que motiva, eleva y hunde a los habitantes de este planeta. Como ese dolor terrible de perder a un hijo y sentir en tu interior una cuenta atrás hacia ningún sitio. Desorientación. De pronto el papel que te asignan tiene demasiadas líneas en blanco. Hay quien se siente excluido, como si formara parte de una sociedad todavía desconocida para la gente que le rodea. Como ocurre cuando uno pierde su empleo. Son malos tiempos, quien más quien menos teme perderlo, lo ha hecho, o tiene amigos, conocidos, familiares, vecinos, que han perdido el suyo. Se hace inevitable recapitular, un plan B si ha sido algo repentino, economizar, buscar rápidamente otra cosa pero a tu alrededor la vida se desenvuelve con la misma rotundidad e impertinencia que hasta entonces. La gente sigue comiendo fuera, los restaurantes están llenos a las horas punta los fines de semana, el consumismo intenta arrastrar a la misma marea de curiosos, que siempre alardean de las oportunidades que han adquirido, pero ahora ya hay desertores, gente que se retrae, el mensaje ya no es tan apetecible como hace unos años, ahora de vez en cuando, tenemos miedo o no nos interesa ya el juego. El perfil oculto del futuro nos llena de incertidumbre en esas noches insomnes en las que estamos para todo menos para hacer números en la oscuridad de la cama.

He experimentado varias veces ese giro brutal del acontecimiento, la caída libre hacia un nuevo presente que no da para festejos sino para el duelo interno. Confieso que esta situación de crisis también me inquieta en esas noches insomnes, ser la única adulta de casa no ayuda mucho. He sentido por las mismas razones mencionadas la cuenta atrás hacia ningún sitio. Pero por algún motivo, cuando veo esa sombra, la antesala al cambio, algo se activa en mí por instinto, una suerte de rebeldía cósmica que levanta un muro de protección antes del daño. Si en algún momento me he sentido confusa o débil, en ese instante la cordura me rodea proporcionándome una visión lógica y entereza. El sonido de esa sombra es un silencio contenido. Como quien retiene el aire para darse fuerzas. Después llega lo inesperado, y toca acusar el golpe o recibir el beso. Afianzar bien la cabeza sobre los hombros, o dejarse ir con gusto, llegado el caso, si así debe ser también.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a El sonido de la sombra

  1. Houellebecq dijo:

    Esa cuenta atrás hacia el vacío me parece la descripción perfecta para lo que siente alguien que ve que cobra temporalmente y después de eso hay una incertidumbre que se decanta del lado del pesimismo. Es difícil no haber paedico un presente súbito de los que hablas. Yo mismo no estoy seguro y recapitulo o me recapitulan más de lo que quiero. Esta crisis es la única que realmente he sentido como mía y que he notado en mí o incluso mucho peor en muchas personas que me rodean. También la única en la que cuando esperas mejoría te sorprende empeorando. Es casi apocalíptica por las sensaciones que ocasiona en muchos hogares. Difícilmente puedes pensar en la bundancia de hace unos años. Aunque a mí nunca me ha parecido necesaria esa abundancia, sólo la justa para permitir mis pequeños vicios intelectuales y necesidades básicas. El caso es que todavía veo efectos en amigos cercanos pero ninguno ha muerto y van viviendo y todavía salen a flote. Creo que el vacío sólo existe cuando mueres. Siempre existe la ocasión de una buena noticia. Incluso se puede buscar. En un barco que se hunde tiene más posibildiades de sobrevivir el que conserva la calma.
    Por cierto, me gusta ese depende gallego. Es muy honesto.

  2. Angéline dijo:

    Tiempos nuevos, tiempos salvajes.., decían los Ilegales hace años. Ya en aquella canción incitaban a la gente a la rebelión, a pelear por lo suyo, decían que nadie regala nada (“esta es tu pelea, levántate y lucha”) y así era y es. Tiempos difíciles, a veces no da tiempo a asimilar los cambios con rapidez y aunque mucha gente intenta mantenerse con el ánimo a punto, es demasiada la presión y no siempre pueden. Quizás la felicidad pueda residir en los pequeños, microscópicos detalles. Para muchos lo imprescindible es ya realmente muy poco y aún de eso, han de reducir cada día más. Esperemos que esto remonte y vuelvan las oportunidades. En cuanto al consumismo indiscriminado, cada uno sabrá qué de ello necesita para ser realmente lo que quiere ser. El depende gallego también tiene perfil, con él jugamos a menudo, poniéndole acentiño..

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