Lectura compartida "De vidas ajenas" (Emmanuel Carrère)

A partir de hoy y durante unos días compartiré una lectura con dos personas que considero muy interesantes por distintas razones. Una es Houellebecq (“En blog hostil”), he estado leyendo su página periódicamente desde marzo y la otra es Carl Ziegel, personaje de ficción de la parte cálida de esta blog que creé en 2004 y uno de mis acompañantes más fieles en estos viajes literarios. Houllebecq tiene un sentido del humor muy peculiar, pero si me apetece compartir una lectura con él es porque, como yo, disfruta con la literatura y este es tan buen momento como cualquiera. El libro elegido es “De vidas ajenas”, de Emmanuel Carrère. Ni Carl ni yo hemos leído anteriormente a este autor, Houellebecq sí, por lo que al menos para nosotros será una total sorpresa lo que nos encontremos.

Para esta lectura me ha apetecido buscar un lugar cómodo, un espacio en el que podamos leer, tomar un café, charlar, decir en alto alguna frase que le choque o admire a alguno de nosotros. Al principio encontré una librería-café preciosa pero de unas dimensiones desproporcionadas. Para esta ocasión me apetecía algo más íntimo, sencillo, un lugar bien iluminado, un ambiente literario, un recinto en el que las vidas que se narran en la novela pudieran quedar contenidas de una forma cómplice, como quien recibe una confidencia y la cuida en el silencio, sabiendo que pocos más están al tanto de ella. Se trata de leer en un entorno tranquilo o al menos, sin tantas distracciones como en la librería monumental, que por cierto me deslumbró y viajaré a ella en otro libro. Así que para esta ocasión me he decidido por la “Cafebrería El Péndulo”, en Méjico. Concretamente, la sucursal que está ubicada en Polanco.

Pulsando aquí, se puede dar una vuelta por toda la Cafebrería, (con la rueda del ratón se acerca y aleja la imagen) tiene tres zonas diferenciadas y unos cómodos sofás en el piso de arriba que nos albergarán. Como es una nuestra fantasía, durante un tiempo podremos utilizar este escenario a cualquier hora, ponernos un café a las tres de la mañana si se tercia, dar una vuelta para desentumecernos, activar el equipo de música de la planta baja si nos apetece leer escuchando algo concreto. No habrá ningún evento que llene la librería de gente y la temperatura (en honor a Houellebecq) será suave y agradable, en la calle lloverá. Carl ha llegado con su libreta, como siempre, es incapaz de pintar mínimamente un libro. Yo apuntaré los números de página y las notas que tome en la hoja en blanco que figura al final de la novela. Y entraremos en las vidas ajenas con el permiso de Carrère. Ya iremos viendo por el camino lo que esto significa. Feliz lectura, chicos.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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30 respuestas a Lectura compartida "De vidas ajenas" (Emmanuel Carrère)

  1. Carl Zeigel dijo:

    Me gusta el sitio, me he puesto cómodo en el sofá negro de arriba y he leído la primera frase de la novela, tu prueba de fuego en los libros, creo que no te defraudará.

  2. Angéline dijo:

    Traigo unas bebidas, hazme un sitio en el sofá. ¿A ver la frase? Uhmm.. tienes razón, dan ganas de seguir leyendo, pues ya pasó la primera prueba. ¿Bonito este lugar, eh? Toma, tu tónica. Aquarius para mí y café con hielo para Houellebecq, por si viene.

  3. Houellebecq dijo:

    Yo el primer capítulo y ya me promete también. Espero no resultar tramposo por llevar dos libros de Carrere a mis espaldas. No me gusta que influya el pasado en la lectura del presente pero será inevitable. Compararé involuntariamente. Si hago comparaciones odiosas con sus anteriores libros me puedes derramar el café hirviendo encima. Los dos podéis hacerlo.

  4. Angéline dijo:

    Entonces es una suerte no haber leído antes nada suyo. Estoy inmersa en la catástrofe de Medaketiya, veo la línea entre esas dos humanidades separadas que comenta el autor, ser testigo de algo que no te involucra en la pérdida real. Pero algo de ti se desprende también y te abandona, una suerte de luz, de vivencia lineal que después de la tragedia convierte la visión de tu presente en algo atenuado pero al tiempo dota extraordinariamente de un nuevo brillo a tu propia historia.

  5. Carl Zeigel dijo:

    Quizá sea entonces cuando empiezas a dejar de pensar en tu convivencia en pasado, como le sucede al autor con Hélène, valoras lo que tienes y abrazas el pretérito. Justo cuando los que han perdido a sus seres queridos comienzan a utilizar el pasado y se resisten con menos fuerza, a medida que la verdad desnuda se abre paso en su mente, a utilizar ese pretérito que, inadecuado, desacertado, complicado o sujeto a las revisiones pertinentes, resumía lo que tenían con esa persona, su Todo, su vida en común.

  6. Houellebecq dijo:

    He estado un rato en el escenario anticinematográfico de Carrère(en el sentido Hollywood). Muy de su gusto que la desgracia se presente acompañada de gestos ultrarealistas y pensamientos cotidianos. La naturaleza actúa sin crueldad, sólo actúa. No existimos para ella. Y nos recuerda lo insignificantes que somos. Entonces respondemos uniéndonos más. Es un acto de supervivencia necesario.
    El autor ya empieza con su historia desnuda de efectimos lingüísticos. Los franceses suelen preferir el estilo sobre la anécdota pero Carrére se salta el tópico y narra sin metáforas ni juegos de palabras. Pero su sencillez es aparente. Selecciona los hechos y los ordena como un escritor. Esto es es escribir y no redactar. Digamos que no es un estilo evidente ni ostentoso pero está ahí e imagino que lo iremos viendo más adelante de un modo más claro.
    A mí me suele resultar terrorífico en esa ausencia de suspense. Como en Patricia Higsmith es un horror escondido. El detalle de la historia del superviviente del Tsunami. La línea entre el caos y el orden perfectamente delimitada es un detalle magnífico. Los hechos antes de la ola, tan normales (nada de profecías o el más mínimo indicio o aviso salvo el de las cornejas silenciosas). Las vidas perfectas antes del Tsunami y la velocidad y efectividad de la tragedia. Me ocurre que de tan real lo vivo yo. El contraste es más salvaje porque ataca a gente feliz y de vacaciones y en algunos casos rica. De hecho ya estoy viendo, es mi impresión, que carrére de moemnto solo me habla de personas de su estatus social. Los autóctonos apenas salen como acompañamiento, sólo las vidas de europeos felices con mala suerte.
    No quiero continuar con el tema de la irritante y pueril personalidad del autor(página 37). Lo dejaré para futuros comentarios. Y más sobre su falsa humildad y ensalzar las vidas ajenas y reducir la propia(página 31). Tengo mucho que decir al respecto pero me estoy adormeciendo en el sillón. Debí pedir café en lugar de chocolate. Ya me pasaré en otro momento a debatir con vosotros. Buenas noches.

  7. Angéline dijo:

    Irritante y pueril personalidad del autor, falsa humildad.. un poco fuerte, ¿no? Al fin y al cabo uno nunca sabe cómo va a reaccionar frente a un suceso de esta magnitud. Y que no se situase como su mujer en primera fila de la ayuda a los demás no quiere decir que lo sintiese menos que ella, sino que su empuje vital es distinto. Creo que es tan humana una actitud como la otra, incluso tener esos pensamientos que pueden parecer egoístas pero ¿acaso no piensa mucha gente cuando le muere un ser querido en un accidente, que ojalá la víctima fuese el que iba con él y se salvó? No es para ir diciendo en alto pero cuántas reflexiones como esas habrá en el calor del dolor. Y lo de ensalzar a Philippe y Jérôme seguramente es una alabanza sincera, ya que de sí mismo dice algo muy revelador que me resultó tan familiar que casi me atraganto un café que acababa de subirme “…destrozo mis amores porque siempre me imagino que en otra parte, algún día, más tarde, encontraré algo mejor”. Esto le ocurre a un inconformista, un insatisfecho no a alguien que como ellos viven “la verdadera vida”, como la llama en la pág. 27. Estoy entrando en el capítulo de la página 53, pero todavía me flota en la mente la pregunta de Jean-Baptiste en la pág. 36 “¿Tú harías lo mismo que él?”, es decir, calmar el dolor de los demás cuando llevas a cuestas el tuyo propio, la tragedia en este caso de la muerte de la pequeña. Carrère dice que prefiere pensar que en Philippe es una estrategia de supervivencia. Yo, sin conocerlo, me inclino a pensar en la posibilidad que rechaza, que además de esa estrategia, Philippe sea de una generosidad extraordinaria. Buena persona. Gracias, Carl. ¿Ya estamos comiendo otra vez? A este paso.. ¿Qué vino es éste? Está buenísimo.

  8. Houellebecq dijo:

    Iba a subir las escaleras pero he visto el libro de McEwan y uno de Murakami a mano izquierda y los he hojeado (y también ojeado sin hache)un rato. El de Isabel Allende no me ha interesado mucho aunque me consta que sigue arrasando en cualquier lugar (una señora simpática en persona). No he subido las escaleras porque he escuchado a Angeline decir”falsa humildad… un poco fuerte ¿No?” y me ha dado la risa. He ido al encuentro de esas palabras que iban para mí.
    Pues sí, un poco fuerte pero es que estoy muy relajado en esta librería. Se me va a escuchar decir lo que se me vaya ocurriendo aunque suene brutal. Y es que tramposamente vengo viéndo pueril a Carrere desde que se dedicó a lloriquear de peor modo en el anterior libro.
    La sensación de la página 37 de ser como un niño que ve cómo actúan los mayores y él no hace nada la recuerdo de mi adolescencia. Sé lo que es sentirse así (subrayé mi ejemplar con lápiz). En la página 31 admira la vida de los ricos que lo dejan todo y abandonan ocupaciones para buscar sus paraísos como si él no pudiera hacerlo. Séneca criticaba esta actitud de la gente que dice envidiar ciertos tipos de vida que están tan a su alcance como al de cualquier otra persona. Si no eres así, Carrère, es porque en el fondo no quieres abandonar tu carrera de escritor y largarte de aventura, no pongas excusas ni me llores que tú sí puedes. Aunque probablemente sea la forma que tiene de decirnos que no se atreve. Es inseguro en ese terreno.
    Sus problemas en las relaciones me son conocidos (también por referencias anteriores)y no puedo decir nada más. Inconformista está bien como virtud, insatisfecho más bien lo veo como carencia. Exige en sus parejas lo que efectivamente nunca encontrará. La perfección no existe y si la encontrara se aburriría.
    Pero no creas que me cae mal. Me enternece en la página 50 cuando sigue atisbando las vidas de otros y sentencia respecto a una de esas relaciones “amor de verdad es esto”(no lo mío que no sé hasta cuando durará lo de Helene). Para él es bueno y deseable todo lo que no tiene. Sí, tú lo has dicho Angeline, un insatisfecho. Y lo siento mucho por él, de verdad. No le envidio.
    Por otro lado en la tragedia no sé cómo actuaría. Carrère lo explica todo muy bien. Todo son gestos exagerados y emociones magnificadas. Los franceses que no quieren perder su tarjeta de crédito son los malos de la película en ese contexto en el que el egoísmo se convierte en el peor pecado(y lo es respecto al grupo pero la insensibilidad es un magnífico recurso de supervivencia a nivel individual). El remordimiento del superviviente está en casi todos los que no han perdido a nadie pero Carrère no juzga eso, sabe que todos somos egoístas, cierto, que a pesar de todo mejor que muera el hijo ajeno que el propio y subrayo que en la página 51 dice que la naturaleza humana es egoísta y lo acepta estoicamente y no hace juicios morales. Aunque vuelve a retratarse en la página 52 “mi temor infantil” no sé si con honestidad o para que le digamos “no Carrère, no eres así, nosotros seríamos como tú en esas circunstancias”.
    La cincuentena de páginas que llevo me resulta muy interesante. Creo que este escritor selecciona los detalles que yo, Houellebecq, deseo leer. Con un par de pinceladas te diría Angeline que no sé cómo actuaría en esas circunstancias pero sí sé que leyendo el libro he querido irme con Helene y dejar al infantil de su marido haciendo elucubraciones sobre lo inútil que se siente. Por cierto Carl, ¿Por qué me mira así Angeline? ¿Crees que después de atacar la presentación de Alan Pauls, decir hace mucho tiempo que Banville era clon de Nabokov o meterme ahora con Carrère hará que coja el jarroncito con,no sé, parecen margaritas, que hay en la mesita frente a nuestro sillón y me lo pondrá como sombrero? Tú la conoces mejor… ¿Es rencorosa?

  9. Carl Zeigel dijo:

    ¿Rencorosa? En absoluto. Sus amigos le recriminan continuamente que dé tantas oportunidades a la gente, yo mismo tampoco entiendo por qué lo hace pero la respeto. Te escucha con interés, por eso te mira fijamente, como si quisiera descifrarte. Es un gesto muy suyo, ladeando un poco la cabeza. Gracias, sí, con dos de azúcar. No, para nada, al contrario. Su opinión sobre Pauls y Banville no habrá variado en absoluto pero seguro que le ha parecido muy estimulante la tuya, odia las conversaciones lineales en las que la gente no se atreve a discrepar y siempre adulan al que habla. La actitud de Carrère es la menos brillante de todas en la tragedia de Medaketiya, su papel de testigo no participativo le convierte por momentos en un pusilánime pero aún así ha escrito el libro y se ha asignado este nada amable rol de cónyuge-consorte-de la mujer activa. ¿Por qué? Podía haber maquillado su falta de empuje, como lo llama Angéline. En la página 62, empiezo a ver a un Carrère diferente, achacándose con ironía una grandeza que no lo es realmente. ¿Está cambiando? ¿Ha aprendido con las desgracias algo de sí mismo? Está por verse. Otra cosa que me llama la atención, la necesidad, desesperación, de todos por envejecer acompañados, el estigma de la soledad impuesta a cualquier edad (“amaba sin temerlo su fondo de melancolía”, dice Carrère de su mujer). Su tenacidad por llegar al fondo del melodrama (“¿Y las tres niñas, a unos kilómetros de allí? ¿Dormían? ¿Qué les pasaba por la cabeza? ¿Qué piensas cuando tienes siete años y sabes que tu madre se está muriendo?”) me molesta, como a él escuchar la palabra “parisiense” o cada dos por tres “sin problema”. Creo que no necesitamos que nos deslumbre con la linterna en estas ocasiones. Podemos imaginar, algunos incluso con precisión, lo que es perder para siempre a un ser querido.

  10. Angéline dijo:

    Ajá.. te traes alfileres del otro libro para pincharle en éste.. (Estoy en pág 101).. Que sepas que por ahora no siento una especial cercanía a Carrère pero me ocurre con él igual que a él con Étienne (“reconocía esta inquietud, reconozco a las personas que la sienten, la reconozco de espaldas, en una multitud, en la oscuridad..”). Si la insatisfacción de la que hablábamos antes tuviese color y fuese granate por ejemplo, puedo ver esa sombra color sangre en Sri Lanka, en Francia, asomando a sus descubrimientos e inquietudes, durante el duelo por Juliette, la madre de las niñas, la jueza, la mujer estricta que más tarde fue niña para él, joven, hermosa, viva, plena y ávidamente viva. Y aunque parece que hay un antes y un después de la ola, me pregunto si Carrère es sincero consigo mismo en la pág. 77, cuando dice que antes de Medaketiya no habría podido definir su existencia como una vida colmada (quizás su cojera emocional se lo impedía), y después de ella sí, cerca de Hélène en una convivencia no amenazada, ya sí, colmada. Vida colmada. Quizás con el tiempo se aplaque esa angustia vital, que no es buscar la perfección exactamente, sino seguir conociendo. No es que el inconformista ponga el listón alto, es que no quiere parar de buscar, o no puede. ¿Jèrôme y Patrice son simples para él, conformistas, agradables, buenos, impolutos? ¿Hay dos bandos, los brillantes y los ásperos? En la pág. 84 te contesta, Houellebecq, a su pasividad en la tragedia de la ola. “.. el gusto de ser útil. Es para mí una motivación más misteriosa que la perversidad”. Claveles. O eso parecen. Mi agresividad es puramente verbal cuando la necesito, sólo llegaría a la física como defensa y tiene razón Carl, ha sido un soplo de aire fresco que me llevases la contraria.

  11. Houellebecq dijo:

    Vaya, Angeline, también tenía el mismo subrayado de la página 84. A mí también me resulta misteriosa la motivación para ser útil. Incluso cuando la siento yo. No sabría decir por qué la persigo. La utilidad, digo. A veces cuando algo no me cuesta mucho, lo hago. Puede haber satisfacción empática al hacer algo por alguien.
    Pero sigamos con Carrère que voy leyendo y ardiendo en deseos de comentar al individuo porque esta novela es sobre la muerte sí(la grande y exótica y ajena como la del principio y la más cercana y posible para nosotros como la del cáncer). Pero también, como casi siempre, es un libro sobre Carrère. Repite ese irritante elitismo “soy de clase social alta pero estos de clases inferiores no están tan mal”. Yo puedo haber tenido prejuicios en la vida pero al admitirlos en voz alta los he matado. Voy teniendo nuevos pero los voy detectando con mis anticuerpos. Una vez los tuve contra la cultura gitana(podría debatir y excusarme mucho con anécdotas pero escondería que ese odio que les profesaba era prejuicio). Alguna vez hemos visto a alguien por encima del hombro. Pero es que Carrère es casi obsesivo cuando no deja oportunidad de soprenderse de lo maravillosos que son burgueses y clases “menores” y demostrar que esperaba todo lo contrario de ellos. Es como el adulto que se sorprende con las contestaciones inteligentes de los niños. Los niños son los grandes subestimados del mundo. Siempre esperamos que sean imbéciles y nos volvemos histriónicos y hacemos el idiota para ponernos a su nivel pero luego ellos te pueden soltar un corte que te ponga en tu sitio. Yo con mi sobrina hablo con una mujer inexperta pero en igualdad de condiciones. Y ella me adora(no sé si por eso). Lo que quería decir con todo esto es que para mí el paternalismo es una forma de prejuicio. Muchos españoles hablan de sudamericanos con paternalismo. Heteros sobre homosexuales dicendo”no, si yo veo que son personas tan buenas como los “normales”””, etc. Carrère me da ese regusto paternal en esta y en “La muñeca Rusa”(allí es directamente despreciable).El paternalismo esconde el prejuicio a un nivel subconsciente. Lo sientes pero no sabes que lo sientes, eres tan bueno… Bueno, tú, Carl, has visto más mundo que yo y uno muy duro. Estoy seguro de que me entiendes y hasta podrías darme lecciones sobre relativizar las cosas y ver el mundo en su justa medida y sin prejuicios. Viajar enriquece mucho en ese sentido. A Carrère… no sé. De todos modos, Angéline, tú misma ves el cambio que da la novela y te preguntas si hay otro Carrère. También me podrías preguntar ¿Por qué me gusta este escritor si lanzo estas “perlas” contra él? Me gusta porque yo no soy perfecto y me reconozco en alguno de sus defectos. Además, el otro día le llamé inmaduro pero yo mismo escribí en contra de la madurez hace tiempo. ¿Qué es ser maduro? Houellebecq dice que no se madura nunca. Yo creo que efectivamente no hay una madurez alcanzada y objetiva, son grados. ¿Y qué es? Leyendo a Carrère creo que es tener sentimientos egoístas y pueriles(todos los tenemos, somos egoístas porque tenemos que serlo para sobrevivir) pero en la madurez reprimimos ese egoísmo o lo disimulamos. La madurez es asumir que somos niños y controlar en la medida de lo posible al inevitable infante que llevamos dentro. Todo esto se sale de la intención del autor pero ahora os miro a ambos mientras espero que el hielo muera a manos del café hirviendo y os pregunto angèline, Carl…: ¿Tengo que atenerme a la intención del autor todo el tiempo o me permitís alguna digresión sobre lo que me ha inspirado Carrère o mis “discusiones” contigo Angèline? El otro día mantuve una charla en conferencia con Darthois y me dijo que te molestase y te gastase bromas y alzase todo el tiempo las cejas con ironía Clooney pero le respondí que lo de ser un bufón tiene un límite, ha de haber un tiempo para todo, hasta para ponernos serios. Se rió bastante. Creo que de mí.

  12. Houellebecq dijo:

    De todos modos sí creo eso que dice Carrère de que los pobres se separan menos y tienen más posibilidades de ser felices en el amor(página 72). Es una paradoja que salió en una estadística sobre los efectos de la crisis. Como tienes que soportar a tu pareja por motivos económicos, si eres listo aprendes a soportarla y quién sabe, a valorar algo que antes no hubieses tenido tiempo de comprobar.
    En la misma página vemos ese elitismo suyo cuando dice de sí que “miraba la vida desde arriba”, ahora la de los campesinos.
    Y un narcisista cuando se lo pasa en grande modulando su voz en la 62 (aquí me reconozco también).
    Y me reconozco de nuevo en él mirando las estanterías de la gente que frecuento. Aunque pocas tienen libros.
    Y vemos otra vez a su niño desatado cuando dice en la 67 “no consolado, no, sino acunado, simplemente acunado y dormirse así”.
    Lo veo más adulto con las dudas morales de si alargar o no alargar la vida de la hermana de Helene. Pero las dudas más parecen de ella. El niño Carrère está fastidiado porque Juliette se muere y él quiere presentar su película.
    Me cae bien el juez cojo. Mejor que Carrère pero no sé por qué. Tal vez porque no le hace ver nada más entrar “te conozco, tío, eres escritor” y por el sensible detalle de invitar a esa familia para hablar de su pérdida. Admito que en principio me hubiese negado a ir a esa reunión. No estoy dispuesto a hacer por los muertos más que por los vivos. Pero luego el juez me cae bien.
    Supongo que ahora enfrentaré el libro a más velocidad. Todas las cartas están sobre la mesa y no espero grandes cambios. Estoy anotando tanto y tan digresivo que parezco el comentarista chiflado de “Pálido fuego”, aquel libro con el que no conectaste, Angeline.
    De todos modos he terminado mi café con hielo y voy a leer y me pondré como una moto y las ideas me vendrán como siempre en esos casos a raudales. Intentaré frenar algo y atenerme a lo que leo. Pero ya verás que Carrère me vuelve a motivar. Y que molesto con alfileres del otro libro(te dije Angéline que frenases esa costumbre, que leemos el libro sin referencias, no me tires café encima porque mancha pero dímelo: ¡Deja de contarme “La muñeca rusa”!). Digais lo que digais esta reunión me resulta deliciosa, amigos.

  13. Carl Zeigel dijo:

    Hay un poema de Wislawa Szymborska cuyo protagonista dice más o menos que debe mucho a quienes no ama: “El alivio con que acepto / que son más queridos por otro/ la alegría de no ser yo / el lobo de sus ovejas”. Incluso hacia el final, hay una parte en la que dice “Ni siquiera imaginan / cuánto hay en sus manos vacías”. Me lo recuerda Carrère cuando dice en la pág. 87 que intuye que Étienne era un individuo ansioso, permanentemente al acecho de algo que se le escapaba y que al mismo tiempo poseía, que estaba afianzado en una confianza inexpugnable. Quizás yo sea un ser quebrado, y tenga lo que un poeta denominaría una “alma rota”, no puedo mirar al frente con la misma candidez que otras personas y probablemente tamice demasiado la información que me llega pero deseando que Carrère me conmueva de una vez no encuentro más que enjambres revoloteando que me distraen de algo que me interesa en ese momento. Entiendo que es muy lírico que algo se te escape y al tiempo lo poseas pero estamos hablando de Étienne, un hombre que peleó contra sus demonios y en el presente los mantiene a raya, cuando no los volatiliza. Estar permanentemente al acecho de algo es consagrar tu vida a ese propósito, no puedes ser A y B en algo tan intenso, sí pueden gustarte a veces las salsas pero no puedes ser un “hurgador” nato y al mismo tiempo un desentendido. Porque incluso cuando habla de que el juez se apoya en su miedo, y lo desdobla, acaba reconociendo que también lo controla, lo domina, lo vence. También es interesante que Juliette no fuese más que una parte de la tragedia que pasa por su lado casi sin rozarle mientras Étienne no existía y que a través de sus ojos impacte en él cobrando vida después de su muerte. Yo sí hubiera acudido a casa de alguien que me citase para hablarme de Petra, mi mujer, después del ataque. De mi hijo Kiev. De mis padres o de mis hermanos, especialmente de Drzislav, el pequeño, la diferencia de edad con él era bastante grande, nunca vivimos en la misma casa, apenas le conocía más que a cualquiera de mis compañeros del trabajo pero sé que para él era como un ídolo, en realidad éramos muy parecidos físicamente, podría haber sido mi hijo. Iría a esa reunión, aunque sólo fuese para tener algo de ellos que no hubiese perdido. Algo nuevo que atesorar, que nadie me hubiese arrebatado, en cierto sentido sería como guardar un trozo de vida, algo inédito para mí porque no estuve presente cuando lo vivían. Como la avispa del cuento “Nieve” de John Crowley, una mini cámara volante del tamaño de un insecto, que graba miles de horas de la dueña de la casa, y las almacena en ese lugar inquietante que es El Parque, para que nunca muera y se conserve joven, lozana, incluso más allá de la vida. Es difícil que otros comprendan cuánto hay de lo que has perdido en tus manos vacías, de qué forma tan especial, de alguna manera, no puedes a veces con el peso que tienes en ellas. Perdonad, me he dejado llevar por la música de Mahler. Voy a poner algo de jazz y traeré cafés. Vaya, y ahora se va la luz. Esperad, voy a revisar el cuadro. Después de estos días, me siento aquí como en mi casa. Y en buena compañía.

  14. Angéline dijo:

    Un momento, Houellebecq, voy a encender la vela de la mesa. ¡Uau!.. se nos ve fantasmagóricos, pero si alguien puede arreglar una avería es Carl. ¿Así que Darthois, eh? Ya sabía yo que se moría por venir a leer pero que lo hubiese dicho. En el tiempo de las nieves, hace más de un año que no nos vemos y uno por otro los meses pasan y nada, que no llamamos. No estará solo, de eso estoy segura. Qué payaso es.. pero entiendo que te diga lo de las bromas. Normalmente él despierta la pirada que hay en mí y es realmente divertido dejarse ir. Hemos pasado algún momento confuso o triste pero también algunos.. ¡Ah, la luz! Te lo dije. ¿Y eso es..? Eh, Wynton Marsalis, me encanta esta canción.. “After you’ve gone” . Te cae bien Étienne, Houellebecq, también a mí (modestamente). Creo que Carrère se empeña bastante en ello además. Me parece un buen escritor pero me ocurre como a Carl, a veces me empalaga un poco su descripción del cariño o del amor (la fulminante historia de amor de Étienne y Nathalie, ¡cielos..! enamorados en tiempo récord) y que no me deje imaginar el proceso de algo, por ejemplo la amputación de una pierna. Sé que para él es importante describir cómo subirse la ropa por el espacio vacío de la extremidad inexistente (escaleras innecesarias, que diría alguien que conozco) pero me gustaría hacerlo yo, con una leve indicación lo hubiese imaginado a mi gusto (¿te has fijado la cantidad de veces que dice esta palabra en el libro?). Y después está Pierre Cazenave y sus ideas. Me temo que no me convence en ninguna parte de las que habla sobre el gérmen del cáncer en uno (“Sabe que el cáncer es él. Toda su vida ha temido una cosa que, en efecto, ha llegado”). Pero me he sentido realmente alarmada cuando Carrère dice en la pág. 122 “pero hay personas que nacen pecadoras, que nacen condenadas, y a las que todos sus esfuerzos, todo su coraje y su buena voluntad no liberarán de su condición”. Fue cuando pegué el bote de antes en el sofá y tuve que bajar a la cafetería. Es que prácticamente todo ese párrafo me parece un sinsentido. Lo leí cuatro veces y llegué a la conclusión de que a veces es más la forma en que se dice algo que lo que se dice, suena bien y parece genial pero disecciónalo y bueno.. ¿?. Y es que creo que verdaderamente puedes decir con firmeza a un melancólico que la felicidad es una decisión. Si antes de una ola gigante tu vida no era colmada y después sí, por qué un melancólico no puede encontrar en un momento de su vida el camino a la felicidad, tomando una decisión súbita. Me da la sensación de que el libro está escrito no desde la experiencia y el conocimiento de toda esta gente de la que habla, sino esperando la reacción del lector, escrito para él. Y de repente un parón con la clase de derecho que gusta a Étienne y de paso conocemos a Jean-Pierre. Y todos esos casos empiezan a bajar mi atención, pero no quiero que me pase y además me divirtió lo del “cuarto de hora americano”. ¿Un brindis con café? Bien, ¿por qué no? No voy a pedirte Houellebecq que no hables de “La muñeca rusa” por las mismas razones que Carrère no quiere cortar del relato de Ètienne el pasaje homosexual de la sauna la víspera de la amputación. Somos el conjunto de nuestra información. Si quieres traer al Carrère anterior, adelante, Carl y yo no tenemos más referencias de él que lo que vemos. Y aunque pueda parecerte que estoy algo en contra de él, realmente el libro me iba gustando antes de toda la maraña jurista entre las páginas 122 y 151. Y me encanta este sitio, y que pongas esa cara cuando lees.

  15. Carl Zeigel dijo:

    ¿Eso son lágrimas..?

  16. Carl Zeigel dijo:

    ¿Juliette, no..? Ven aquí, anda..

  17. Angéline dijo:

    Juliette, y tú Carl, hostia. Te juro que no sabía que el libro traería a la muerte tan cerca, que incluso seríamos testigos de primera fila de la última porción de aire que respira uno de los protagonistas de la novela. Carrère dice que la frase en Ètienne es “Sabe dónde está”. La dice con admiración, encuentra importante esa particularidad en alguien. Perdona Carl si te he hecho daño, estoy enfadada conmigo misma por ello y absolutamente enternecida con la historia de Juliette y Patrice, las dos personas de este libro que dejarán el recuerdo más profundo en mí. Pero además está esa pregunta ¿Tú sabes donde estás, Carl?

  18. Carl Zeigel dijo:

    Claro que lo sé, y tú también. En mi caso no es tan complicado. Digamos que hace unos años perdí la vida y un tiempo después la recuperé. Estoy con Jess, de una forma absoluta y visceral. Con Sean, Marcos, con toda la gente de la Casa. Estoy entre bastidores cuando se monta un gran desfile, en el silencio de Villa Sonora cuando todos duermen, ya sabes que a mí me cuesta. En el sofá blanco de la sala de billar, al final de las jornadas, junto a ella. Esperando mi turno para jugar, paseando a Strass, el labrador de Sean, pero sobre todo estoy en Jess, en sus ojos violeta, desarmado, rendido, a las puertas de un cielo que no sé si merezco. Agradecido a Sean por la oportunidad de formar parte de su vida y haber podido rehacer la mía cerca de todos ellos. Y estoy contigo, Ang, en ese lugar de nuestra mente que ha sobrevivido a una demolición interna. En la ternura tantas veces, lo sabes.

  19. Houellebecq dijo:

    Hola, he traído algunas pastas. He salido un momento de la librería y he encontrado una panadería mexicana. Las dejo ahí y ya podéis coger lo que queráis. Vaya, Carl, parece que te gustan. Nada como saber de guerras para apreciar la comida.

    Bueno, hoy lamentablemente estoy bastante de acuerdo con vosotros, especialmente contigo Angèline. También con Carl pero yo no hubiese ido a la reunión porque además no hablaban de mi familia (rasgo egoísta pero Juliette es hermana de Helene). Sólo es cuñada de Carrère y no sé, pero no creo que la haya conocido mucho. En fín, ya lo sé, es paripé, es acompañar a tu compañera. Vale. Lo entiendo, Carl. Y también que tú hicieras lo mismo. Siento lo de Petra y el resto de la familia. El poema me ha gustado mucho. Pero disculpa, te voy a hacer hablar con la boca llena. Bueno, Angéline, me has descubierto que eso que tenemos en la mesa era una vela, en qué estaría yo pensando.

    Te aviso que voy por la página 160 pero veo que por ahí andas. Estoy en lo que para mí es la tercera parte o el tercer libro dentro de la novela. Primero el Tsunami, luego lo de Juliette (breve) y el tercer libro es Etienne y se alarga bastante, cierto. Y descubro casualmente que en la contraportada dice que el libro habla de muchas cosas pero sobre todo, del amor. Yo digo que de la muerte (y añado mutilación y horror por lo de los fervientes y el famoso pasaje de la rata en la cara de Orwell)pero aún falta libro. El caso es que me ha ocurrido aquí algo que olvidé de “La muñeca rusa”. Me gustaba una historia pero otra de las que contaba no tanto. Allí todo era, como el título indica, una historia dentro de otra. Aquí ha copiado estructura y diría que la ha multiplicado porque veo más historias. No va desordenadamente pero es difícil tomar el todo como una novela con intención, con una intención clara. Parece que vaya contando según le ocurren las cosas. Podría coger varios posts de mi blog, estirarlos y escribir una novela parecida. ¿Sabe lo que quiere contar? Pues no sé, yo en “La muñeca…” disfruté tanto el punto central que olvidé el aburrimiento del principio. Aquí a lo mejor le falta por enseñarme que es una novela de amor. Porque todavía no lo he visto más que a grandes rasgos.

    No, no me había fijado en el detalle que se repite y que señalas sobre describir cuando se pone la ropa y nota la ausencia del miembro. Pero sí en su fascinación por las diferencias de clases. Ahora sí explica casos reales que pueden denunciar abusos de los bancos sobre los pobres. Esa parte jurídica más árida los muestra muy bien. Me indignó lo de los acreedores que hablan con niños para que sus padres paguen. Esos acreedores son reales y los hay en España, tengo un amigo al que le ocurrió algo así(pero no con niños). Son más pequeñas historias para explicar la principal que se está contando, en este caso la de Etienne.

  20. Houellebecq dijo:

    Rechazo de plano lo del cancer que es él. Estoy contigo. Si Carrère hubiese estado cerca me hubiera escuchado soltar una risa sarcástica. Anda ya. Lo máximo en lo que creo es que una depresión te baje defensas y cojas fácilmente un resfriado y una gripe. Hasta ahí llega mi idea de lo psicosomático. Conozco gente que lo pasa tan mal que pide un cancer a gritos y no lo tiene. En cambio otros que no lo quieren para nada se llevan el peor. ¿Parte de uno mismo esa enfermedad? Bah.

    Se me escapó ese párrafo que te hizo saltar. Tranquila, tanto café te hará saltar más. Haber pedido una tila. Abajo he visto que hacen tisanas. Pero realmente es estúpido de narices el dichoso parrafito, ja,ja.

    No sé para quién escribe el libro Carrère. Se suelen escribir los libros para uno mismo y para los demás, a la vez. Escribes como si le contases algo a alguien pero el primer lector eres tú.

    Ahora acabo de empezar lo que parece otro cambio. Creo que Etienne se va y empezamos nuevo libro. Tal vez llegue el amor. Si el autor me ordena todos los cacharros que ha ido dejando desordenados por la habitación y me monta una bonita, desgarradora y sorprendente parte final le disculparé sus defectos señalados. El caso es que lo dudo.

    Te acepto el brindis con café. Luego bajaré a la cafetería otra vez. ¿Queréis algo?

  21. Houellebecq dijo:

    Vale, ya está. Ayer no pude colocar ese comentario en dos partes porque no me dejaba. Era muy largo.
    Hoy ya estoy con la cuarta novela, la de Juliette y Patrice, la que trata el tema del amor. La que justifica lo de la contraportada más o menos. Aunque sigue siendo sobre la muerte y otras cosas. Ya he visto la primera vez que Juliette se vuelve sarcástica y como después, al saber que tiene el cancer ya lo va asumiendo. La novela de Etienne sí está relacionada y mucho con la de Juliette y con la segunda. Ya sólo me falta que ate cabos con lo del Tsunami pero si no lo hace da igual porque el pulso narrativo de la recta final es bastante bueno. Patrice y Juliette.
    Angéline emocionada. Carrère parece acabar dándo sorpresas después de todo. A los que le conocen y a los que no…
    No sé si quedan ganas de tomar algo en estas circunstancias.

  22. Angéline dijo:

    Lo sé, Carl, lo sé.., qué tal Houellebecq. Quizás es ese miedo que trae la oscuridad y que no se disuelve con la luz del día. El dolor que trasciende. Los días difíciles en los que no hay nadie cerca. Cuando me separé mis hijos tenía dos y cinco años. A veces uno de ellos tenía fiebre y lo llevaba a mi cama por la noche. Ponía la mano en su frente cada poco, le oía respirar con dificultad pero la fiebre iba bajando de madrugada y volvía a subir cuando le tocaba de nuevo la dosis del medicamento. A pesar de que su padre no viviese ya en casa con nosotros, ellos se sentían seguros conmigo. Desde el principio les he querido con locura, he sido madre, amiga, payasa, profesora, pero he mantenido la sangre fría y la respuesta rápida a los imprevistos. Recuerdo que a T le sangró la nariz durante una época. Tuve que llevarla a hacerse pruebas, que finalmente dieron bien, porque lo que caía al suelo cuando le sangraba la nariz era un plastón de sangre tan inmenso que parecía que se estaba desangrando. Una mañana fui a despertarla para ir al colegio y la sangre había pasado de un lado a otro de la almohada hasta el colchón. Tenía el pelo pegado y el cuello ensangrentado. Parecía que la habían degollado. Me impresionó tanto que no creo que olvide nunca esa imagen. La desperté con un beso, le dije que había sangrado un poco y que había que ducharse. Conseguí meterla en la ducha sin que se reflejase en ningún espejo del baño. Me retumbaba el corazón pero iba a un ritmo aceptable. Le canté una canción que le gustaba, le lavé el pelo con tranquilidad y le hice una cura en la nariz para que no sangrase. A los cinco años S se abrió la cabeza en dos ocasiones golpeándose mientras jugaba por casa y tuve que llevarlo a toda prisa al hospital para que le dieran puntos. Más veces mientras crecía, un problema en una pierna, cinco días de hospital, un corte en una mano, más puntos. Nunca he tenido la menor duda, ni ellos, de que aquello se iba a solucionar, rápidamente, pero al principio, cuando nos cambiamos de casa, con toda la tensión del divorcio y la nueva organización que milimetré para que todo fuese más sencillo, no podía dormir pensando que podía morirme de noche. Infartada por ejemplo. Y que ellos me descubrirían por la mañana, y no tendrían a nadie cerca que los llevase a otra habitación y se hiciese cargo de mí. No me molestaba morir sola y que como dice Carrère, nadie me cerrase los ojos. Lo que me aterraba era que ellos no tuviesen a alguien que les mantuviese en la infancia, lejos de la visión horrorosa de su madre muerta en el dormitorio, y que tuviesen que crecer de golpe, llamar al teléfono de urgencias que yo había enseñado a T, la mayor, por si algún día me pasaba algo. Consolarse mutuamente hasta que llegase alguien.

  23. Angéline dijo:

    La historia de Juliette y Patrice me conmueve, porque está al otro extremo de la mía. Aquí debo decirte Houellebecq, que Carl y yo hemos acabado ya el libro, así que te esperamos para la conclusión final. Hoy es festivo en Coruña y hemos estado leyendo en Méjico, en la librería, lo poco que nos quedaba. Quizás a mí me ocurra lo contrario que a Carrère (pág. 259), lo que me acerca a los demás son nuestras diferencias, no nuestras similitudes. Y creo que es una brutal injusticia que el cáncer arrebate a una persona como Juliette de su familia. Y aunque Patrice es un hombre completo y suficiente para sus hijas, se merecía poder seguir queriéndola y sintiendo que “ella le había desarbolado, arrancado de su surco”. Tiene razón, él tuvo esa suerte, otras personas no. Carrère también se angustia pensando que podía haber pasado por la vida sin sentir al menos una vez “el amor verdadero” y que al menos es lo que ha ganado, al conocer a Hèléne. Me emocionó, sí, la escena de la pág. 244 (no sigas leyendo esto si no has llegado), pensar que puedes irte de este mundo con alguien a tu lado que no sólo te haya comprendido (comprender, no simplemente la palabra en sí, que suena tan asquerosamente complaciente, sino su significado total, rotundo, COMPRENDER) sino que te acompañará hasta la misma puerta del reino de los vivos, alguien que te coja de la mano y te diga que ha sido maravilloso haberte conocido y vivir a tu lado. No la penumbra de un cuarto, cerca de otro donde duermen confiadamente dos niños, testigos de un mundo cambiante e incierto que no entienden pero que irremediablemente deben aceptar. Tengo algo más que decir del libro, del final y un poco del conjunto, pero esperamos a que acabes Houellebecq. Carl ha tenido que viajar a Berlín pero volverá para el final de la lectura. Y nos comeremos tus pastas. ¿Es un libro sobre el amor o sobre la muerte? Yo diría que sobre el amor, sin duda.

  24. Houellebecq dijo:

    Leído el libro me da igual sobre qué sea. Carrère me ha vuelto a engañar. Lo ha recogido más o menos todo y aunque ese todo sea variado da una sensación de homogeneidad que te viene de la intensidad de la última historia. Es conmovedora, sí. Imagino que esta historia era para Carl, sin duda. Bien elegido el tercer lector. Y también para tí, Angéline, claro. A mí me conmueve cómo Patrice acepta su rol de transportista pero también de caballero, porque él es sus personajes de comic, sus caballeros que luchaban por sus princesas. Esos comics que le echaron para atrás en una editorial por cursis. Y me gusta además Patrice porque como toda persona real no puede evitar decirle al escritor que él no es ese izquierdista tontorrón que ha pintado. Por mucho que Carrère sepa de sus personajes reales, la novela final se escribirá con los personajes de la cabeza de Carrère. Nadie es un personaje de ficción, los seres humanos sobre los que escribes se te escapan del libro(el editor ya le avisa que nadie está satisfecho nunca con su personaje escrito). Pero Etienne y Patrice aceptan lo escrito aunque no lo aprueben por completo y eso les hace grandes.
    Y sí, ese final que nos lleva hasta el último momento de Juliette es de los que hacen grande a una novela. El autor parece haberse contagiado de ellos porque sigue con su Helene aunque nunca se sabe… Y la muerte de Juliette es tan larga como la medicina puede hoy en día. Morir naturalmente es más piadoso pero esto permite a los vivos quedar en paz, irse satisfechos y despedirse. Juliette insiste a Patrice en que les diga siempre a las niñas lo mucho que las quiso… Y el amor de Patrice hasta el último momento y ese paseo en el que siente el sentimiento tan hondo por Juliette recién muerta o esa imagen que recuerda Carrère llevándola a ella por unas escaleras transmite más que doscientos diálogos de “te quiero mucho, no te mueras, etc.”. En el otro regresa un poco la oscuridad Carrère cuando vemos una Juliette entre dolorida y asustada y los médicos dicen que es por la medicación que ha dejado de hacer efecto. Enfrentar la muerte en seco y sin farmacopea debe ser imposible. Y desgarradora la última visita de las niñas a una madre que está más en otro sitio que en la habitación. Hay una acumulación de detalles imborrables al final que me evitan decir que el libro es anticlimático.
    Creo que nos hemos quedado muy en silencio los tres. Incluso yo que no arrastro las vivencias cercanas maternas de tí, Angèline, o las de Carl. Supongo que el autor ha conseguido que empatice con sus personajes.

  25. Carl Zeigel dijo:

    Coincido contigo Houellebecq en que Patrice es un caballero en el sentido más gentil de la palabra y que la última es la parte más emotiva del libro. Me gusta que Patrice aclare al autor su posición en la historia de la vida de su mujer, es un hombre de principios, leal, consecuente, para mí eso es lo más importante en un ser humano. Cada uno de los “personajes” de la novela tiene una carga de responsabilidad y presión diferente pero común. No es comparable ni medible el dolor de perder a tu compañera que el de perder a tu hijo pero ambos son terribles y definitivos. El dolor por otra parte es una respuesta lógica del espíritu, y por increíble que parezca, una forma de empezar a ver un poco de luz más allá de la bruma. Alguien me dijo un día intentando ser bienintencionado “ La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente”. Es una frase de François Mauriac que debía tranquilizarme, resignarme, pero no lo hizo. Todo tiene su momento, mueres, renaces, sigues tu vida. No olvidas pero llega un momento en que ya no recuerdas. Te esfuerzas por situarte en aquel instante, por sentir lo que entonces pero ya no es posible. Das lo que puedes hasta donde puedes y cuando todo cambia también lo haces tú. Quizá la magnitud de lo que se narra en la novela solape la forma en que se hace y al final lo más importante sea ese mensaje de esperanza que nos transmite Carrère. Las cosas pudieron ir mal pero mejoran. Las tragedias unen a la gente. No sabemos lo que nos depara el mañana pero mantener lo que tenemos nos parece todo un premio.

    Ha sido un placer Houllebecq, me ha gustado conocerte. Tengo un coche de alquiler en la puerta, he visto de camino a la librería un lugar estupendo con terraza para despedirnos. Por cierto, Angéline, Darthois me ha llamado para pedirme que contactes con él cuanto antes. No ha podido localizarte, le he dicho que en la librería no hay cobertura y ha insistido. Parece importante. ¿Tomamos la última, qué os parece?

  26. Angéline dijo:

    (1 de 2)

    Patrice cuenta, cuenta, tengo la sensación de que no tiene ganas de acabar..” Supongo que todos somos reacios a decir adiós definitivamente a algo/alguien que ha sido muy importante para nosotros.

    Sobre la estructura del libro. Encuentro amena esta combinación de la información para que ninguna de las historias nos parezca excesiva (aunque Éthienne me resultaría más atrayente con una mención menos extensa de su trabajo) y de alguna forma Carrère cuenta, cuenta, da la sensación de que también le cuesta terminar este ciclo. Un guionista me explicaba un día la técnica de fusionar líneas argumentales para crear un capítulo de una serie. Se cogían post its de un color y se apuntaban titulares o una pequeña descripción de la trama a través de ellos desde el principio al fin del capítulo. A continuación los pegaban de arriba abajo en un panel. Hacían lo mismo con dos o tres líneas distintas y a cada una le asignaban un color de post it. Cuando ya tenían todas las tiras dispuestas las mezclaban por bloques (inicios, medios, centros, finales) a la misma altura de su desarrollo hasta hacer una tira única, para que en el capítulo de la serie la acción se dispersase de una forma coherente y tuviese sentido. Parte de esta novela me recuerda esa técnica.

    Sobre los personajes. Impresiona que sean historias reales, las pérdidas son más emotivas, las alegrías, los momentos de confusión, de rebeldía, son más significativos. Como dije anteriormente, la jueza Juliette (no por su muerte sino por su vida) y su marido Patrice son las personas que más calado me han dejado, pese a que una parte de Étienne me conmueve, y mucho. Philippe me parece un hombre honrado e interesante como Jérôme, Delphine y Hélène. Me sobrecoge cada momento en que uno de ellos pierde a alguien porque en ese instante esa pérdida la imagino profundamente y me deja sin palabras. Pero en Juliette la vida era una ascensión, un desplazamiento cuesta arriba. Alegre, fuerte, plenamente viva, le gustaba ayudar en su trabajo a personas que no podrían salir solas de sus atolladeros. Y pese a sus condiciones de vida, todavía quiso tener un tercer hijo, que es la expresión de amor más grande que puede ofrecer un ser humano íntegro. Patrice, por otro lado, tiene otro don que no posee cualquiera. Ese vivir el presente, el día a día. Quien lo hace se da por completo, sin dosificar sus reacciones, emociones, sentimientos. Es tan importante que en cada situación se ponga el Todo que la felicidad es doblemente gratificante, todo es más intenso, incluso el dolor se aleja a medida que pasa el tiempo porque no tiene cabida en el presente si es del pasado.

  27. Angéline dijo:

    (2 de 2)

    Sobre Carrère. Paternalista, como dices Houllebecq, o esa impresión da. Con un curioso discurso de clases en el que a veces sale perdiendo. Romántico, complicado, inconformista, dogmático, apasionado, curioso, algo empalagoso cuando nos mastica el amor ajeno, educado, emotivo, un poco exagerado o efectista. En general me ha gustado, en particular a veces no. ¿Le leeré otra vez? Por supuesto.

    La música. Durante la lectura he escuchado durante mucho tiempo esta canción con el repeat del equipo: http://www.goear.com/listen/1723600/leaves-on-the-seine-david-lanz .
    “De vidas ajenas” me suena a David Lanz. En esta canción estarán ya para mí cada uno de los protagonistas del libro, con sus luchas y sus renuncias. El tsunami. El cáncer. Los juzgados. Los cómics. Y también nosotros. Carl sentado en el sofá, apretando mi mano de vez en cuando mientras lee. Houellebecq tan concentrado. Los tres charlando, tomando café, riendo alguna ocurrencia de alguno, comiendo algo, curioseando las estanterías de esta librería tan formidable que gira eternamente, despacio y sin pausa. Lo que tenía que contar el autor lo he visto y oído.

    Momentos dramáticos, lúdicos, gracias por esta tertulia chicos. Me ha encantado leer con vosotros, las conclusiones, lo que cada uno ha puesto de sí. Pese a todo lo “negativo” que pueda haberse dicho sobre Carrère maneja hábilmente los hilos para sobrecoger, conmover, situarnos en el escenario, momento, particularidad del personaje. Como debe hacer un buen escritor.

    ¡Me apunto a esa última! Y tendré que llamar a Darthois, la verdad es que ya me has preocupado..

  28. Houellebecq dijo:

    Lo mismo digo, Carl, todo un placer escuchar tus opiniones desde experiencias que podrían enseñarnos tanto a nosotros y puede que a Carrère. La lectura ha sido accidentada porque este escritor siempre desconcierta. Si él nos leyera a nosotros tal vez nos censuraría por avanzarnos al todo de la novela e ir comentando apresuradamente pero lo bueno era eso, ir comentando la impresión que teníamos en directo mientras nos rodeaba esta maravillosa cafebrería, que dice Angèline. Probablemente será uno de esos libros que no se olvidan fácilmente y lo será por dos motivos: porque el libro en sí tiene su buena intensidad y porque lo hemos leído a tres bandas. Una deliciosa experiencia entintada con café. Y sazonada con muchas e interesantes citas. De las últimas me quedo con la de Mauriac en labios de Carl. Es lo bueno de leer con personas leídas, siempre hay extras que no salen en el libro.
    Me quedo también con los pensamientos Angèline sobre Carrère: en particular no siempre te gusta pero en general sí. Fantástica descripción.
    No seas muy dura con Darthois. Sólo conseguirás más risas suyas y enfadarte tú.

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