Nada es para siempre, afortunadamente..(2 de 2)

La habitación de arriba no era mi habitación del ático pero sin duda era el lugar perfecto para resucitar de una pesadilla. Tonos claros y suaves, madera de fresno, espaciosa y confortable, cojines y sofás a juego en la parte más larga, con una cama inmensa que arrastré hasta la ventana, un vestidor que haría las delicias de la persona más exigente y un escritorio de corte juvenil donde coloqué el portátil. No había marcos para ventanas, ni paredes, la fachada acristalada parecía mantener la pieza en suspensión, como si flotase a cierta altura del suelo. Evidentemente el interior quedaba a salvo, desde mi desaparecida casa solo había visto una fortaleza extraña, un juego de luces y brillos pero ningún detalle concreto del interior. Por eso era una sorpresa entrar y ver aquellas salas a distintos niveles, el portalón de inspiración medieval en una construcción futurista, muebles funcionales combinados con detalles sorprendentes. Paneles superpuestos que parecían renovar la casa continuamente, dividiendo los espacios de diferente manera a voluntad.

Estaba en casa de Darthois, como aquella primera vezque me invitó a cenar. Seguíamos compartiendo intimidad, yo picaba cebolla en la cocina, él elegía un vino en la bodega, mis cosas estaban esparcidas en la habitación de arriba. Por momentos le sorprendía mirándome, o él a mí y sonreíamos forzadamente. Se movía con soltura, aquí una cazuela con verduras salteadas, allí menos fuego para el revuelto. Me rozaba levemente cuando pasaba a mi lado para coger algo de la nevera, yo cortaba la zanahoria esperando escuchar un estruendo de un momento a otro. Compartíamos intimidad pero seguíamos sin ser pareja en singular, solo dos personas que asisten al mismo conjunto de instantes.

– Por ti.
– No, no. Por ti, Yann.
– Siento lo de la casa.
– Lo sé.
Todo lo que pudiera decir sería poco y demasiado. Charlamos un rato sobre el accidente, Ferdinand estaba bien. Quemaduras leves, en las manos y el orgullo. Y en los cuarenta años de oficio, los por qué no revisé.., y la desolación. Darthois continuaba enumerando los detalles técnicos, el seguro, etc, pero hacía rato que no le escuchaba. Tenía el pelo algo más canoso, estaba más delgado, la ojera más cargada pero la misma sonrisa insolente del primer día. Me sirvió un café en la encimera, al final de la cena, y se sentó al otro lado. Chocamos las tazas y por fin pudimos relajarnos un poco. No había necesidad de hablar, todo estaba allí, en aquella mirada sólida mientras bebíamos. (¿estás con alguien Yann? ¿aquella mujer que tiraba de ti en la calle, cuando se desbordó el hielo en los dos mundos es la que hablaba en tu contestador?¿no te perturba este silencio de fondo? He querido besarte toda la noche).

Un abrazo, un buenas noches, la promesa de que si necesitaba algo le llamaría y de nuevo el insomnio. Los copos esta vez, como un llanto suave sobre las ruinas de mi casa de las nieves. Intenté sentirme más afectada pero algo en mi interior me blinda desde hace tiempo. Puedo llorar en abstracto pero no es más que un llanto desahogo, un reflejo necesario. Descomprime la presión y alivia. A estas alturas mi interior está reparado, las heridas cicatrizadas, lo que he aprendido con cada una, a buen recaudo. Tengo la misma ilusión que siempre por salir adelante, aunque ahora sí hay un muro a media altura que me protege en la vida.

Así que el desastre del incendio quizás no era más que la oportunidad de otro comienzo. Darthois había intentado animarme durante la cena diciendo que solo era una casa (y viniendo de él la frase tiene otro significado), pero yo ya había percibido algo diferente en la atmósfera de las nieves. Un peso distinto en el aire, un ligero siseo en el silencio. Era momento de cambio. Los copos se desplazaban hacia los lados, curiosamente en un mundo donde el viento más fuerte es apenas una ventisca suave, un soplo blando y fugaz, formando pequeños remolinos en las esquinas. Me acerqué al ventanal y contemplé absorta las pequeñas carreras de los destellos nocturnos, chiquilladas que los convertían en una lluvia de estrellas fugaces de todos los colores. Era como asomarse al estallido de un arco iris, como borrón y cuenta nueva, una explosión de pequeños puntos de luz que me dejó sin aliento por su belleza. Aquel alarde lumínico era el inicio de otra vida en las nieves. El mundo conocido, lo que me protegía anteriormente, se había esfumado.

Darthois entró en la habitación señalando incrédulo los pequeños puntos, le sonreí. Era noche de fuegos.. ambos lo sabíamos. Cómo resistirse a aquel abrazo profundo, al pequeño baile en el que nos contemplamos unos segundos, a la risa alocada, el diálogo indecente de dos desconocidos en un tren que improvisamos mientras lanzábamos nuestra ropa lejos de la cama, los besos ávidos, los gemidos por la piel. La sensación de que éramos los perfectos contrarios, siempre al borde de un deseo contenido que no hacía más que crecer con cada frustración, cada momento que finalmente no compartíamos, cada situación en la que hacíamos lo contrario de lo que necesitábamos. No me importaba qué sucedería después, cada nueva vida imponía su ritmo y ésta la comenzaba apretando firmemente a Yann dentro de mí, lamiendo su cuello, mezclando el entrecortado sonido del placer con una larga y esperada carcajada interior.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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2 respuestas a Nada es para siempre, afortunadamente..(2 de 2)

  1. Houellebecq dijo:

    Pues ya veo que cumples tus palabras. Cuando dijiste al salir de la librería que visitarías a Darthois no pensaba verlo tan pronto. Y ya veo que el encuentro es agradable y que efectivamente estás muy bien incluso con sus ironías o por ellas. El guiño de ver a su sosías tomando café es interesante. Me ha recordado a tí bebiendo en la cafebrería de Mexico de la lectura compartida junto a Carl. Y bueno, lo otro que me recuerda Clooney es que colocaron su Nespresso en el mejor cine y trabajo en elq ue he estado nunca hace mucho tiempo, uno dónde más que trabajar parecía que iba al parque de atracciones a vivir la vida loca pero esa es otra historia…
    Me gsuta cómo razonas con lucidez que cada nueva vida impone su ritmo (eso entendido como en cada inicio de relación amorosa que parece suponer un inicio o capítulo aparte de tu rutina). También un reinicio de los celos admitidos o semiocultos. ¿Quién era la mujer que tiraba de él en la calle?
    Bueno, te vuelvo a saludar por segunda vez este día. Buen fín de semana.

  2. Angéline dijo:

    Se me pasó este mensaje, perdona Houellebecq. Fue muy agradable el encuentro.. realmente casi todo lo es con Darthois. Incluso sus peores discusiones con Angéline tienen un fondo de provocación, no sólo de carácter sexual sino al individuo, ese pinchazo premeditado porque saben que el otro está dispuesto siempre a algún tipo de batalla. Sé que Clooney y su Nespresso te recuerdan al cine, ese trabajo tan especial que sigue viviendo en tu blog en forma de post. Pero el parecido de Darthois con Clooney es sólo físico, bueno, y quizás también en su afición a las mujeres.. Cada vida impone su ritmo, y cada persona nos sugiere una velocidad. Angéline no es celosa, me gusta jugar a veces a que sí lo es pero le ocurre lo mismo que a mí. No cree en los celos, son un tipo de sentimiento que implica posesividad y exclusividad y no siente de esa forma. Siempre ha pensado que lo que de verdad necesita preservar en una relación con alguien es su complicidad. Hay un tipo de intimidad que es única y va más allá del cuerpo, eso es lo que tiene con Darthois y por ahora le llega. Feliz semana

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