Ártico

En mi sueño llevaba un tiempo en los manglares. El suficiente para no haberme enterado de todos los cambios que se producían aquí, a mi alrededor. Manglar me sonaba a zona gélida y así decidió la irrealidad de la inconsciencia imaginarlo. Nada de árboles encogidos y contorsionados buscando el agua, ni siquiera una breve sombra tropical al otro lado de una explosión solar en la marisma, para mi propia historia cerebral los manglares eran grandes masas de agua congelada que arquitecturizaban un paisaje suave e ingenuo, despoblado y blanco, un mundo sereno. La estancia en un ambiente insonoro donde todo ocurría a una velocidad moderada me intrigaba hasta la diversión, o quizá fuese sencillo también mantener un esbozo de sonrisa permanente, un destello curioso en los ojos, mientras me asomaba desde distintas alturas a lo que llamaban el centro de la ciudad. Pasaba de cuando en cuando algún objeto volando, un zapato escorado con los cordones mustios, un bastón deslizándose elegantemente en zigzag, un pañuelo de encaje como una raya marina, inflando sus puntas para impulsarse.
 
 
Todo aterrizaba blandamente poco después como una hoja ligera sobre el asfalto, sin ruido, en un baile simple y calculado que invitaba a imitar la teatralidad del lugar por lo que terminé levantando exageradamente los pies al caminar, y no siempre era la carretera lo que tocaba al pisar sino el propio aire, unos centímetros más arriba. Estar en los manglares me había impedido participar en la votación aunque yo no era consciente de ello entonces. Por alguna razón pensé que el sobre que se había detenido bajo la lámpara de mi cuarto se deslizaría como un objeto volante más, cruzaría calles y parques y terminaría arrojándose a la ranura de una urna, compartiendo codo a codo el interior de la caja con los otros votos. Sin embargo no estaba siendo así. El sobre levitaba con la misma pulcritud que la pluma con la que escribí la última carta. Quise coger cada cosa con una mano pero en el último segundo se desplazaban hacia los lados, apenas un pequeño movimiento que les colocaba a salvo de mis manos. Lo intenté solo con la pluma pero era imposible. Subía o bajaba girando sobre sí misma en cuanto acercaba los dedos. El sobre se puso en marcha entonces, salió por la ventana como un trenecito, siguiendo un carril imaginario. Supe que no era necesario perseguirlo para saber a dónde iba y cada vez que giraba en una curva ya estaba yo esperando. Cerca de la oficina electoral me cansó el juego y volví a casa paseando.Quizá fue un sombrero o la tapa de una caja, más tarde alguien me dijo que el sobre fue alcanzado por algo que se cruzó en su camino y cayó al suelo, derribado, como una colilla desde una ventana. El voto se agitó en su interior, desesperado, abocado al más injusto de los destinos. Los meses anteriores habían sido duros, reclutando adeptos, mostrando las posibilidades, en un intento de romper la absurda hegemonía de las dos letras principales. Largas jornadas informativas, horas y horas analizando las propuestas de cada pequeña vocal, cada indecisa consonante, todas ellas soñaban con entrar en la urna de los votos. Finalmente había una curiosa multitud encaminada más allá de la B y entonces, por culpa de un choque fortuito, uno de los votos más entusiastas quedaría fuera, lejos del momento histórico, de la importancia del suceso. En aquel instante yo estudiaba de cerca un artilugio que transformaba el color en sonido. Estaba adosado a un contenedor de reciclaje y me pareció de gran utilidad aunque no supe por qué. Sólo sentí una cierta euforia, un flotar de la mente, la media sonrisa se ensanchaba o desvanecía mientras volvía por donde había ido.Entretanto el voto no renunció a seguir proclamando sus ideas y por lo visto lo hizo a gritos, apasionadamente, con buenos argumentos. El sobre pegó un respingo y comenzó a temblar, todo lo que salía de su interior era cierto pero le espantaba la idea de atraer curiosos. Que alguien pudiese pasarle por encima, aplastar al voto contra el adoquín de la calle, que aquello fuese el final. La gente caminaba cerca y asentía, qué razón tiene esa voz, decían algunos. Sólo al final de la tarde, ya hecho el recuento, rota la pronosticada mayoría de la A y constituido un gobierno alfabético en el que debían decidir a un tiempo varios grupos de letras por igual, el sobre fue recogido por una mano infantil y depositado en la oficina electoral. El voto estaba exhausto, durmió y soñó con un mundo mezquino, sucio, sórdido, un lugar en el que una parte de la población acababa terminando con la otra. Una gran extensión de tierra llena de basura, de pobreza, de enfermedades. Y como sucede tantas veces, despertar le tranquilizó, su mundo conocido, su blanco armónico, su especial sonido, la luz de sus destellos, el peso del aire, tan refrescante, un nido peregrino se depositó sobre un árbol.

Poco después me desperté yo, un largo chirrido en el techo, muebles arrastrados de nuevo, temblor interno. Por mi mente desfilaron imágenes inconexas, alguna violenta, comenzar así el día me pareció desolador, me repetí las consignas para la jornada, las positivas, las válidas. Ya de pie, con el corazón volviendo a su ritmo normal después del sobresalto miré por la ventana y vi los corros que las hojas de los castaños dejan con el viento. Me gusta ver cómo se arremolinan, unas parecen decididas a todo y otras les siguen, confiadas, fieles. Siempre he preferido tirar de la cuerda a ser remolcada. Una dosis de rebeldía a la aceptación por cansancio. Preguntar por qué si no lo veo claro. Decir que no cuando es necesario. Aunque no haya mucho más que A, que B, incluso que un trozo de C.
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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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6 respuestas a Ártico

  1. Fructus dijo:

    Antes de nada le doy al play y me visto el traje terso, aterciopelado de la trompeta de Botti. No llevo ropa interior así que noto el paño moroso, lento en toda su dimensión. Me pregunto qué color habrás metido en la máquina para convertirlo en esta pieza. Quizás el blue? Me acompaña tu jazz pues desde los manglares hasta esa urna que se resiste a las As y a las Bs. Mi sobrecito y su voto votarán D.

  2. Angéline dijo:

    Podría ser blue para esta pieza, pero era más un morado rojizo, uno de esos colores que se degradan en el otro como si fueran (como el día de hoy) un palíndromo y no importase dónde comienza uno y desde qué lado y dónde acaba, siendo el resultado una fusión de azul, de rojo, de granate, de lila, nada tan gráfico como tu piel desnuda bajo el traje, desde luego. Mi sobre, el voto combativo que contiene y yo nos alegramos de que votes D, God bless your boots, my dear

  3. Houellebecq dijo:

    Pues le has dado más vida a tu voto de la que tendrán muchos, miles de votos que se ven llegar en el futuro. Votos rutinarios y cansados que llegarán casi ahogados y desganados a la urna, casi sin esperanza. yo todavía no sé qué letra elegiré para mi voto. La A y la B no te quieren dejar mirar el resto del abecedario pero yo soy terco para algunas cosas.
    Te acompaño en el sentimiento espantoso de resucitar en una mañana de chirridos y movimiento de muebles sobre tu cabeza. Sí, desolador…

  4. noe dijo:

    No sé el motivo pero después de leer se me ha venido a la cabeza septiembre y los comienzos de curso en el colegio. Yo los tomaba con mucha ilusión. Cuadernos nuevos, libros forrados, lapiceros, colores… Todo prometía un curso extraordinario. Ver a los compañeros y profesores después del verano, porque aunque fuesen los mismos siempre se esperan nuevas cosas.
    Lo malo de toda esta situación actual, es esa desesperanza que comentas. La mayoría de los votos irán sin esperar nada, pensando que dará igual que sea la A, la B o una C que apenas tiene posibilidades.
    Quisiera ir allí y sentir lo mismo que al empezar el cole, ilusión. Pensar que se pueden hacer muchas cosas, incluso con los mismos profesores, pero hay algo que me lo impide, tal vez sus palabras que me suenan vacías, casi como si ellos mismos no se las creyeran.

  5. Angéline dijo:

    Ánimo con ese voto, lo importante es que te convenza lo que haces, que tenga sentido en tu vida. Lo de los chirridos de arriba es algo temporal. En seis meses dejaré el piso y como se suele decir, “vida nueva” entonces. Ahora, por increíble que parezca, estoy disfrutando con este tiempo de descuento, el final de una época. Un abrazo, Houellebecq.

  6. Angéline dijo:

    Noe, puede que parezca que no podemos hacer nada para cambiar las cosas pero a veces no es tan importante el resultado como el saber que hemos hecho lo que estaba en nuestra mano, lo que de verdad sentimos que debemos hacer, actuar en favor de lo que creemos. Parece que A tiene la mayoría asegurada y B saldrá por la puerta pequeña, pero hablarán también otras letras, quizá no con una fuerza suficiente en la voz esta vez pero todo puede ser un comienzo. Yo también recuerdo aquellos septiembres con gran intensidad, casi puedo oler los libros nuevos, sentir otra vez aquella euforía. Más adelante, septiembre se convirtió durante unos diez años en un mes maldito que me hizo sufrir mucho. Ahora septiembre es un mes de tránsito, un espacio de tiempo cálido y fugaz. Quien lo díría, las vueltas que da la vida. Saludos, Noe y feliz semana.

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