El qué del cuándo

Decían en la serie ayer que los jóvenes sienten como gigantes y que cuando te haces mayor te vas encogiendo. Pensé en los recuerdos felices, también ocurrió en la serie, uno de los protagonistas quiso revivir un viaje de juventud con sus hijos, ya mayores, pero en la actualidad todo se convertía en algo cutre, muy lejos de aquellos días dorados en los que las cosas fueron tan distintas. En ocasiones con las vivencias sucede lo contrario, a veces un suceso normal se convierte más adelante en un recuerdo gigante. ¿Por qué? No lo sé pero algo hay en nuestro interior que necesita magnificarse con el tiempo, quizás sea un marcador necesario, uno de esos puntos brillantes que dividen una Era de otra, el antes y el después de un día concreto en nuestra vida. El pasado está muy bien donde está, decimos a menudo, pero ¿es un riesgo inútil revivirlo? Y si lo hacemos ¿estamos preparados para el tópico de que segundas partes nunca fueron buenas? Y después está lo de los recuerdos compartidos, ¿por qué la gente que participa en un mismo suceso no lo recuerda en el futuro de la misma forma? Un día M y R nos contaban su luna de miel y parecía que habían viajado con distintas personas. No sólo discrepaban en detalles principales como localizaciones, momentos del día, si fue una cena o una comida, si habían ido en tren o en el coche alquilado sino que tampoco recordaban a la misma gente de la misma forma ni físicamente ni su carácter. “Ella era demasiado permisiva”, decía R, “Para nada, al contrario”, contestó M, “le dio la lata todo el tiempo y no le dejaba hacer nada”.

Ya se plieguen los recuerdos o se expandan aparatosamente, lo cierto es que parece casi imposible no querer repetir algo memorable si la ocasión se pone a tiro. No creo en eso de que el hombre tropiece sin querer en la misma piedra, sino en que el hombre no aprende con facilidad algunas lecciones porque está demasiado ocupado con otros temas que le distraen. ¿Es necesario quemarse para no acercar la mano al fuego, o simplemente la sensación de calor al acercarte puede disuadirte para que no te hagas daño? Resulta evidente que no hemos probado todo lo que nos amenaza ni lo necesitamos para sentirnos al margen, de la misma forma que la experiencia es nuestra mejor baza y lo único que puede protegernos de modo intuitivo. Sacar “una lectura” de cada tropiezo o situación especial nos hace madurar y chocar con piedras diferentes que a su vez se pueden convertir en un reto, pero ¿es un riesgo revivir el pasado para tomar la decisión contraria, modificar una elección que pudo estar condicionada, obligada por distintos motivos y establecer un camino paralelo que terminará en un recuerdo totalmente diferente? ¿Qué hay de las “asignaturas pendientes”, las “espinas clavadas”? ¿Debemos dejar pasar sin más la oportunidad de mejorar un desastre del pasado o ya no sería del pasado al volver a suceder en estos tiempos y se convertiría en un suceso/decisión actual que podría resultar un error de nuevo? En cualquier caso, ya que no somos los mismos que fuimos la primera vez que vivimos ese suceso y conociendo el empuje, las ganas y el deseo actuales de que todo sea como debió haber sido entonces, ¿tiene realmente importancia que esta nueva decisión sea todavía peor que la anterior o es casi un deber equivocarnos a conciencia/tener éxito ahora, pero intentarlo?
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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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10 respuestas a El qué del cuándo

  1. Houellebecq dijo:

    Hoy estás filosófica y te planteas algunas cuestiones que de alguna manera se nos han apsado a todos por la cabeza. O no. La mía es esa que cuentas de la pareja que no recuerda las mismas cosas del mismo viaje. Eso me fascina la vez que me preocupa. Nosotros escribimos muchas de neustras vivencias en blogs, libretas o dónde se nos ocurre y aúna sí no sabemos cuanto recuerdo se ha falseado ya al cabo de un día. Yo tengo diarios que al leerlos me sorpreden porque me descubren una realidad que descubro muy distinta a la que recordaba. Me preocupa que no podamos hacer mejores teorías si la memoria nos traiciona así. De todos modos hay memorias que traicionan más que otras y si la refuerzas se fortalece. Y lo bueno de escribir es que desafías al olvido todo el tiempo. Sobre la marcha y viviendo hay que actuar. Estas preguntas que nos hacemos son para recapacitar lo vivido y actuar distinto la segunda vez. Sin miedo al error, claro. Saludos.

  2. Anonymous dijo:

    Angel… no te esfuerzes en “poner recto” algo “maduro”… acaso “si es chico” merezca “su merito”…

    Ya “el proverbio” nos “refiere” lo dificil “de amaestrar, domesticar” si no es “en crianza”, pues “habituales acuerdos” rompen “sus rituales”

    !!Felices Fiestas, both!!

    Ysa,

  3. Angéline dijo:

    La memoria no nos traiciona, Houellebecq, es sólo selectiva y tiende a tapar parches desde la lógica. Algún fleco suelto queda por ahí que se anuda con una media verdad que viene de algún lado, creando un recuerdo ficticio pero con una solidez que ya quisieran para sí algunos de los reales. Después lees tu diario y te asombras, no lo recuerdas así, pero ahí está la evidencia. Mundos paralelos, no hay duda. Me gusta eso de desafiar al olvido escribiendo. Hace pocos años escribí un artículo sobre la memoria para la revista Shangri-La, desde la perspectiva de algunos autores como Nabokov, Alan Pauls, John Banville, Oliver Sacks, etc. Siempre me ha fascinado el tema. Lo de que las parejas no recuerden lo mismo tiene su sentido, cada uno se fija en lo que le llama la atención. Lo realmente alucinante es que los sucesos no sean los mismos, eso es increíblemente interesante. Un saludo, Houellebecq. ¿Habrá 3 y 4 de tu historia actual? Me reservo para el final, cuando la termines.

  4. Angéline dijo:

    Anónimo (¿tú crees..? mira que vienes andando por mi nieve siempre con las mismas botas..), qué sería de la rebeldía si no nos esforzásemos en lo que realmente deseamos, aunque tantas veces se acabe llevando la contraria a las normas. Y por otra parte, cuanto más difícil sea “domesticar” “amaestrar”, mayor reto supone y más satisfacción consigues cuando lo logras. Ya están los conformistas para dormir plácidamente y que el mundo se deslice sobre su carril sin sobresaltos. A otros nos gusta reventar la rutina, poner una buena carga en un lugar estratégico y ver cómo explota en pedazos lo que ahora se llama “políticamente correcto”. Rizar el rizo es muy divertido y no lo has entendido bien, no se trata de enderezar nada maduro sino de asistir al presente más inmediato y coger la ola justo cuando está en su mejor momento. Felices fiestas, H, en el confort de tu anonimato.

  5. ¡Hola!:

    Estuviste ayer en el micro-taller de literatura que di en la Biblioteca de A Coruña. Como soy muy torpe y estaba pensando varias cosas, no pude agradecerte lo suficiente que vinieses. Hoy descubrí tu blog y ahora empezaré a leerlo. Lo añado como link al mio (culturamortis.blogspot.com).
    Me he puesto en contacto contigo por este medio ya que no encontré otro de cómo hacerlo. También te invito a unirte a http://www.redelibros.es.

    Seguimos en contacto y gracias de nuevo por vuestro apoyo.

  6. Angéline dijo:

    Hola Jacobo,

    Cuando nos fuímos, A y yo hablamos de tu presentación. Nos gustó tu desparpajo, si era cierto que estabas nervioso no se te notó. Ahora leeremos tu libro y te conoceremos un poco más. Gracias por venir y por lo que has puesto en tu blog. Seguiremos en contacto, entonces.

    Felices días.

  7. Uso mucho el Facebook, donde actualizo mis noticias. Estoy en “Jacobo Feijóo”. Un beso.

  8. Angéline dijo:

    Gracias, Jacobo. Ahí me pillas.. no utilizo Facebook por ahora pero creo que Ana sí, ella me mantendrá informada.

    Un beso

  9. noe dijo:

    Al principio de la lectura se me ha venido a la cabeza esa famosa frase que dice “Todo tiempo pasado fue mejor”, y es que sobre todo en los momentos dolorosos o donde la situación no es como imaginábamos en el pasado, recordamos instantes en los que pensamos que la cosa era más “bonita”. Esos recuerdos “maquillados” no son los “reales” porque seguramente en aquél instante tampoco los veíamos de ese modo. Tal vez sea una manera de “reconfortarnos” al pensar que hemos vivido algo maravilloso.

    Respecto a todas esas cuestiones que planteas, a casi todos nos ha ocurrido (sobre todo en esta época del año donde se suelen hacer tantos “balances”), que pensemos : si pudiera regresar y hacer lo mismo, ¿qué decisión tomaría?¿Qué hubiese pasado de haberlo hecho de otra manera? Pero la vida va pasando y las circunstancias no son las mismas. No se puede volver a tomar nunca la misma decisión porque nunca volveremos a estar en ese mismo punto, si modificamos algo, lo que sea, la toma de decisión variará, por eso creo que debemos aprender de los errores para que si en un futuro se presentan situaciones parecidas podamos actuar de modo (relativamente) correcto.

    Que pases una buena noche y comiences con buen pie el 2012

  10. Angéline dijo:

    Gracias por tu comentario Noe. Hay muchas cosas que deberían seguir igual y otras que podríamos jugar a cambiar. Tomar la decisión contraria, vivir paralelamente a aquella primera vez. Cambiando el pasado, yo iría a Irlanda a trabajar de Au pair a los dieciocho años con mi amiga M. Entonces no lo hice y siempre lo he lamentado. También estudiaría Literatura e intentaría ser escritora. Es una pena tener las cosas claras cuando ya no puedes hacer nada por ellas pero en fin, yo cambiaría eso. Feliz noche y mejor año, Noe.

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