– El mundo después del cumpleaños (Lionel Shriver)

Seguro que la mayoría de la gente que opina que ser inmortal sería un sueño no lo dice en serio. Toda esa eternidad incombustible, ese tiempo que se podría llenar de toda clase de historias y aún así sobraría para saturarlo con millones de otras ocupaciones, variaciones de las variaciones, los conceptos principio y fin unidos como el pez que se muerde la cola. De la misma forma, los personajes de una novela son tan reales como nosotros mismos cuando entramos sin pudor en sus vidas para escudriñarles desde la primera fila. Y resulta desconcertante, si uno puede soportarlo, ver cómo actúan por su derecho y su revés. Esa podría ser una descripción de esta apuesta arriesgada de Lionel Shriver que se llama “El mundo después del cumpleaños”. Pongamos que hay capítulos negros entre los que se intercalan los blancos, no necesariamente el color nos lleva a los límites de lo “bueno y lo malo” sino, y ésta es una apreciación personal, a lo tangible y lo especulable. El capítulo negro lo asumo como el “real” y el blanco que viene a continuación, como “una posibilidad B”. Para esta novela tenemos tres personajes bien claros (dos hombres y una mujer), comportamientos A y B y un desfile de emociones que al llegar a la última hoja apenas me han permitido exhalar una pequeña porción de aire, tan sobrecogida me he quedado. Comencé leyéndola pero después de unas veinte hojas me encontré viajándola, precisa y exclusivamente por los capítulos negros.

Y ahora un dilema. Una mujer podría tener un Lawrence en su vida. Un hombre bueno, que se preocupa por ella en lo esencial (en su esencial (de él), y aquí está el quid de la cuestión), que teje su vida con la de ella en todos esos detalles domésticos que llegan a parecer indispensables a alguna gente desde fuera, como ver la tele juntos (nuestro programa), seguir unas dietas particulares que el otro conoce y respeta, reciclar a dúo, hablar y estar al día de ciertos temas que marcan la personalidad de su pareja, compartir alguna costumbre especial o tener dos mesas de estudio, una frente a otra, donde cada uno apila sus enseres a su peculiar manera y la mesa, de alguna forma, es una historia de su dueño que se construye sola; amén de los cuadros que han elegido juntos de aquella tendencia o la otra, rituales al margen como desnudarse sin fijar demasiado la vista en cómo lo hace el otro al mismo tiempo, antes de entrar en la cama (y quizás coincidir en aquello de doblar con cuidado la ropa en lugar de lanzarla a la alfombra o algo ya tan al extremo como colgarla en el armario). Una mujer podría tener en Lawrence un fan de su habilidad natural para alguna cosa que le reporte dinero o no (cariño, esos dibujos son fantásticos..) y siguiendo esa tónica lineal de todo en su sitio y nada fuera de él, acoger sobre su culo desnudo en la cama la cadera masculina (y ya puestos y sin demasiado ruido, el resto de sus atributos) y sentir antes de dormir cómo su polla se abre paso dentro de ella, de esa forma mecánica y rutinaria que no busca acompañarse de unos labios que correspondan besando, unas manos que toquen, sino de un cuerpo que consienta, se amolde, encaje, levante quizá una pierna para facilitar el paso, ponga a disposición una espalda sobre la que apretar la boca cuando está a punto de llegar el tirón, unos suspiros al final y la quietud de la noche envolviendo el oh de última hora con una normalidad que en ellos es como la marca de la casa. Aunque en los ojos de la mujer sólo se apiñen imágenes del papel de la pared cuando ya todo ha terminado, los arabescos del dibujo, una espiral quizás en la que enroscar un cansancio que cuesta trabajo reconocer sabiendo que no se tiene otra cosa.

Pero también podría haber un Ramsey, cerca, sin acechar, como al alcance, en el grupo de amistades, alguien con brillo propio aunque nunca lo hubiese visto de esa forma. Un hombre complicado, con una vocación que llena su vida y no está en absoluto por la labor de ir detrás de la mujer de nadie pero con un par de ojos magníficos que contemplan, incitan, juegan al desafío. Atractivo, con una elegancia innata, sin estridencias. Alguien que llama a las cosas por su nombre y que le da a la mujer la oportunidad de retirarse antes de haga algo que vaya contra sí misma y le impida darse en un cien por cien a él. Porque Ramsey no quiere una mujer sino a ella, y no sólo la parte que pueda salvar para él sino toda ella, en su glorioso descalabro si decide elegirlo abandonando a Lawrence. Con él no sólo hay tibias caricias, sino largos y profundos besos, el juego de la piel llevado al extremo de ese éxtasis narcisista que es descubrir en uno mismo al ser enamorado que contiene y no conocía, victorioso, cándido, mientras perderse en esa piel es como recibir el premio, algo explosivo, mucho más allá de cualquier explicación racional. Y así como con Lawrence la mujer podía echar mano de mil fantasías que hiciesen desaparecer los dibujos del papel de la pared y en su lugar hubiese un fuego que desencadenase algún tipo de descarga o fogonazo en su interior, con Ramsey la fantasía siempre es Ramsey, en todas y cada una de las variantes que Ramsey puede ofrecer como cuerpo y persona. Tormentoso, desafiante, tierno, un estímulo para la autoestima pisoteada, manirroto, inconstante, generoso, tan pronto sorprende con un ataque de celos que desencadena una extenuante pelea de argumentos, apasionada, lacrimógena, dramática, como colmando la parte más vulnerable e insegura de la mujer de una dulzura exquisita, una determinación contundente, un apoyo firme que la recompone, uniendo sus pedazos con un pegamento sólido que la reconstruye, la eleva a la categoría de única con una sinceridad que golpea, aturde, casi duele.

Y ahora una pregunta de uno de mis relatos: “¿cuánto dura siempre?”.. ah.. Esta novela, con su cara y su cruz, caminos paralelos que se oblicuan de una patada, cuyo centro real tiene lugar una noche en la que la mujer, Irina, siente que está a punto de tomar una decisión que puede cambiar el curso de su vida. Y se detiene en un segundo, en la última frase del libro, resumiendo lo que esa decisión ha supuesto para ella. Vaya por delante mi admiración hacia Lionel Shriver, la novela es brillante, los capítulos negros formidables, la percepción, la intuición, el conocimiento del mundo de pareja, los personajes, todo me parece de marco, el sarcasmo, la dureza de algunos conceptos, la sensibilidad, cercanía, piedad incluso. Y puedo añadir otro autor a la lista de los que me han hecho llorar amargamente al final de un libro (que además deja muchos interrogantes chisporroteando por mi mente, cabos que atar, impulsos, fotografías magníficas que hacía tiempo que no contemplaba). O quizá no sea sólo esta historia y empiecen a afectarme las mujeres que se parecen a una parte muy concreta de mí misma, con las que comparto entre otras cosas borrascosas pequeñas enfermedades como el síndrome de Raynaud. Y de la misma forma que a Irina, Ramsey le masajeaba los dedos con cariño y diligencia hasta que volvía la sangre a circular entre ellos, los míos se han dejado mecer también entre unas manos sorprendidas que los han acogido y acunado con veneración, incluso. Hay muchas formas de amor, no me cabe duda, pero las más evidentes no son ni mucho menos las más profundas.

Anuncios

Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
Esta entrada fue publicada en Viajes por las novelas. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a – El mundo después del cumpleaños (Lionel Shriver)

  1. Grego dijo:

    Casi todo lo que lees y tu diario tratan sobre las relaciones entre hombres y mujeres, sobre lo complicadas que son, sobre nuestros miedos a relacionarnos con los demás…
    No sé si tengo una visión equivocada.
    Tus relatos/apuntes del diario y los libros que te gustan son exquisitos, delicados, a veces duros. Pero me gusta ése estilo, ésa forma de indagar en el alma humana, ésa forma de escrutar en nuestro interior.
    Por cierto; ¿es tu mano?
    Saludos

    • Angèline dijo:

      Me habían hablado muy bien de Lionel Shriver. Una escritora arriesgada que de alguna forma relacioné con mi adorada Amy Homes. El mes pasado compré “Todo esto para qué” pero se me cruzó una crítica muy interesante de este libro y decidí comenzar con él, lo cogí en la biblioteca y mañana lo devuelvo casi con pena. Tiene partes buenísimas que me gustará volver a leer más adelante. Grego, yo escribo y leo para encontrar un sentido a este mundo. Las relaciones sociales me parecen complicadísimas y me fascina el cerebro humano, las conclusiones a las que llegamos. También leo este tipo de libros porque se aprende de ellos y sobre todo estimulan la autocrítica, razón por la que me parecen impagables. Más de una vez he tomado una decisión importante siguiendo un consejo literario, velado, subliminal o perfectamente claro. Hay libros que me hablan con una contundencia tal que no puedo disimular que no los he escuchado. A veces me elevan al infinito, otras me ponen en mi sitio, los vivo, los lloro, los venero, alguno lo he tirado a la basura en un arrebato, como defensa. Y así como alguna gente cuenta a la vuelta de un viaje algo alucinante que vió, yo les cuento a mis amigos (que no leen) qué hizo tal o cual personaje y alucinan, porque parece que yo estaba allí cuando lo hicieron, y en ese momento, es así, yo estaba allí, viajando por la novela.

      En cuanto a la mano, pues sí, es mi mano derecha. El Raynaud aparece a menudo, a veces es muy difícil escribir en el portátil si hace frío, o incluso arrancar el coche o abrir la puerta de casa con la llave. Hay que esperar un poco a que la sangre vuelva. Al final es un síndrome muy mimoso, necesita calor para desvanecerse.

      Un saludo, Grego

  2. Sergio dijo:

    Este libro ya lo cogí con mis propias manos en algún momento. Lo sopesé y pensé que me interesaba. Habla de parejas(tema recurrente para mí cuando termino de hacer chistes tontos sobre lo que sea). Habla de dos tipos de psicología masculina que me tocan de cerca. Cuando siento que al menos hay muchas personas en mí noto que dos sobresalen especialmente y son como la materia y la antimateria pero las reconozco bien. Me siento como Lawrence y me siento como Ramsey cuando me da la ráfaga de pulsión salvaje. Así que también encontraré algún día un personaje que se pueda tratar desde esa dicotomía sin ser esquizofréncio(el esquizofrénico no suele recordar sus diferentes personalidades). Pero una mujer y no sé si es el caso de la novela puede necesitar esos dos tipos de hombre juntos o por separado alguna vez en su vida. Desde luego esta es definitivamente una novela de las que sitúo en imprescindible. Sólo necesitaba un amable empujón y me lo acabas de dar. Ya indagaré sobre el síndrome de Raynaud, el otro tema de tu viaje literario. La frase final de tu post es como muy genial ¿Verdad?
    P.D. Una sincronicidad es que tenía otro post proyectando mis manos en una fotografía por un tema que no viene al caso y luego se quedó en el cajón de las ideas aplazadas o abortadas. Curioso.

    • Angèline dijo:

      Léelo, léelo, es muy bueno. Especialmente los capítulos negros (para mí los auténticos). Ramsey no sólo encarna la parte más apasionada, es también muy tierno, aunque a veces parezca que va a tirones, como un coche a punto de calarse. Y supongo que una mezcla de Lawrence y Ramsey puede ser el no va más para muchas mujeres pero a mí Lawrence me parece perfecto como amigo mientras Ramsey me atrae, inevitablemente, porque intuyo que con él una mujer puede sentirse muy viva y eso es para mí el objetivo en la vida, pasar por cada día diferenciándolo de los otros. Quizás el problema de Ramsey sea encontrar su “tempo”, el punto de equilibrio, pero esa dificultad también le hace atractivo pese a lo conflictivo de su carácter a veces. La frase final del post es algo que he aprendido en la dinámica hostias-besos con los hombres que han sido realmente importantes en mi vida. Una enseñanza más.

      Lo de las sincronicidades siempre asombra, me imagino a tus manos (yo tengo una fijación con las manos y el movimiento) sobre la foto en ese cajón, intentando estarse quietas sin conseguirlo. Revoloteando por ese espacio oscuro, como las de un director de orquesta con guantes blancos, moviéndose con gracia sobre las sonrisas indulgentes de las ideas desplazadas, como un planeador silencioso deslizándose en la noche. Saludos, Sergio.

  3. araujojoan96 dijo:

    Conocí a Shriver, por una casualidad. Estaba caminando por los pasillos de un cine, con una bebida refrescante en la mano, mirando los carteles de las próximas películas a estrenarse [«próximas» en un sentido relativo, ya que, muchas de ellas, se estrenan realmente años después]. Transcurría el año 2010; aún no había ni comenzado a relacionarme fluidamente con los conceptos de «Sigil», «estilo», «CSS», y «código»; no, para nada, HTML era un término al cual atribuía solamente a las páginas web, sin saber siquiera su significado, aunque hoy en día tampoco lo sé con certeza, pero tengo una idea más clara.

    Caminaba sin prisa, puesto que la película que iba a ver, comenzaba en 30 minutos, y eso es una eternidad para el contemplador. :-” Me detenía a admirar los detalles de los ojos, las sonrisas, y las posturas corporales de los actores dentro de cada cartel. Avanzaba poco a poco, y hacía pausas momentáneas para consultar el reloj; cuando decidí desandar el camino recorrido, noté que había un cartel que no había apreciado con suficiente atención. Había una pareja, una mujer de cabello corto, que le llegaba en su máxima longitud, hasta un poco debajo de las cejas; y un hombre, a su lado, en un sofá. Ambos miraban hacia el frente con expresión «pensativa». Y la profundidad de su mirar, mucho más profundo en la mujer, me conmovió terriblemente, 😯 (Aquí el póster: http://fr33ky.files.wordpress.com/2012/01/kevin-poster.jpg )

    Luego de la impresión inicial, reconocía la mujer como la actriz que aparece en la primera adaptación al cine de «Narnia». Confesé no conocer más de su trabajo, al menos durante ese momento; luego recordé que trabajaba también en «Constantine». 😳 Desvié la mirada, y caminé hacia la puerta para entrar en la sala, iba a ver «Seráphine», la vida de una pintora poco reconocida de Francia. Ese fue mi primer encuentro, y allí los «reinos de la casualidad» (título de un libro que quisiera maquetar y que estoy leyendo actualmente) tomaron su curso. Un año después, ya experimentado con «Sigil», la «CSS» y los «XHTML»; descargué la película «We Need to Talk About Kevin» sin tener ninguna razón específica para hacerlo, había olvidado el hecho de la vista del cartel. Y vi la película. Me impresionó, y me dejó lleno de dudas; pero, para reducir la ansiedad, hice lo que llamo un «estudio en imágenes», una serie de capturas de escenas de la película que consideré interesantes. [El estudio aquí: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.3502481420200.111991.1816653300&type=1&l=6808cad2d5 ]

    Busqué entonces el libro sobre mar y tierra, y fui efectivamente a Estados Unidos, y lo compré en su idioma original. Luego lo conseguí en formato «.epub» buscando incesantemente durante dos días. Comencé la maquetación en enero, el 25 de enero; para ser más exacto. Feliz andaba, había conseguido la portada, había puesto la sinopsis, la información básica, los metadatos, la dedicatoria, el epígrafe… Y luego llegaron los capítulos 😥 . Hice tres o cuatro, y no avancé más. Por cuestiones de estudio profesional y otras cuestiones personales, detuve todo el proceso, hasta este mes, cuando lo retomé y, al fin, maqueté el libro de 559 páginas [estará aquí; aún necesito corregir algunos errores: http://www.epublibre.org/libro/detalle/3523 ]. Los «reinos de la casualidad» tiraron los dados, y terminaron creándome una obsesión por Lionel Shriver [la autora del libro], Tilda Swinton [a la que admiraba previamente, pero ahora con más fundamento] y Ezra Miller [un joven que promete mucho, ¡apostaría siempre por él ❗ ]

    Aún me quedo con una crítica del libro, que hizo el «Boston Globe»:

    «Imposible soltarlo… brutalmente honesto. ¿Quién, al final, necesita hablar sobre Kevin? Quizá todos nosotros.»

    • Angèline dijo:

      Hola Joan. Ante todo muchas gracias por un comentario tan extenso y completo, y por compartir conmigo tus inquietudes acerca de “Tenemos que hablar de Kevin”, de L. Shriver. He estado viendo la posibilidad de leerlo antes de contestarte pero como compruebo que no podrá ser así a corto plazo, te respondo ya. Sólo he leído de ella “El mundo después del cumpleaños”, pero compré hace unos meses “Todo esto para qué”, lectura para este verano. Su estilo escribiendo es no sólo lírico sino accesible, profundo y esto es poco corriente. De pronto sientes una empatía natural hacia alguno de sus personajes y su trayectoria te recompensa o te deja atando cabos en tu propia vida. Me pareció una auténtica referente para un escritor, una “abrecaminos” y estoy deseando seguir leyendo en el futuro sus libros.

      También quiero comentar tu captura de escenas de la película, es un documento visual muy impactante, no sólo por las imágenes en sí (Kevin y su madre tienen un aspecto impresionante por sí mismos) sino por la manera en que están expuestas. Tienen su propio diálogo mudo al margen de la película. Te deseo mucha suerte, creo que eres una persona intuitiva y sensible y de alguna manera también presiento que tienes talento. Me ha gustado leerte, y también verte en facebook. Un abrazo desde La Coruña (España)

  4. Reblogueó esto en J.S.A.A. [Opinión personal]y comentado:
    Conocí a Shriver, por una casualidad…

Comenta si te apetece

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s