El triángulo (“Indiscreción”. Charles Dukow)

Siempre me han atraído los triángulos sentimentales. Desde todos los puntos de vista y posiciones. Como observadora, escritora, protagonista. Y cuando leo una novela en la que la estructura principal es un triángulo sigo mi instinto y participo analizando esa situación, tomando parte por uno o más de ellos o incluso imaginando en mi propia piel sus vidas. En la mía, he sido en distintos momentos novia, esposa, ex-mujer, amante, ex-amante, uno de los dos, la dos de tres, la tres de dos y alguna vez también insuficiente para alguien,  o demasiado, o esa relación extraña de atracción con los incompatibles que deja un sabor amargo cuando termina pero que siempre compenso con la felicidad intensa y extrema de los buenos momentos. Cuando leí en la librería la trama de “Indiscreción” me atrajo al momento, aunque no es la clase de novela que suelo leer y ya van dos este año, con la trilogía de las sombras que leí en verano. Lo cierto es que formular preguntas también puede ser un arte y algunas tienen un imán especial, que es lo que me sucedió con el libro de Charles Dukow. Algo en mí necesitaba responderlas.

Empecé a leerlo el miércoles a las ocho de la tarde y lo terminé a las dos de la mañana. Y no porque me resultara “la novela más adictiva y sensual del año”, como reza en la publicidad de la banda en la portada (exagerada, como siempre que hablan de lo más..) sino porque tenía tiempo por delante, el día siguiente era festivo y yo quería una respuesta para esa pregunta que se parece demasiado a otra que llevo haciéndome toda la vida “¿Qué pasa cuando lo tienes todo y quieres más?”. En mi caso, en el que ni mucho menos lo tengo todo, “¿por qué siempre quiero más, algo distinto, seguir cambiando, probar, ir más allá, de más allá, de más allá..?” Hasta donde puedo recordar, siempre he sentido que el suelo que había bajo mis pies se movía solo de vez en cuando, como si fuese un recordatorio de que había que ir a otros lugares, hacer otras cosas. Y muchas veces no puedes ir a ningún lado ni cambiar lo que tienes/eres y algo se apaga dentro, en tu mente, como si te quedaras sordo en medio de un griterío. Y duele demasiado.

Dice Dukow “¿Qué es la curiosidad más que codiciar experiencia, reconocimiento, gloria? ¿Codiciar toda actividad que nos distraiga de nosotros mismos? Odiamos la idea de que hasta aquí hemos llegado, y no nos sentimos satisfechos con lo que tenemos o con haber llegado hasta donde hemos llegado. Queremos más, ya se trate de comida, conocimientos, respeto, poder o amor. Y esa insatisfacción nos impele a probar cosas nuevas, a hacer frente a lo desconocido, a cambiar nuestra vida y arriesgarnos a perder todo lo que teníamos”. Esta es la historia de Harry y Maddy, un matrimonio hecho “a medida”, si ello es posible. En sus cuarenta, atractivos, enamorados, él un escritor de éxito, ella una belleza en todos los sentidos. A su alrededor giran su hijo Johnny y sus amigos Walter, Ned y Cissy. Hablamos de un grupo, de pasar mucho tiempo juntos, de complicidades, de hacer las mismas cosas año tras año, de conocerse en la universidad y seguir todos juntos veinte años después. De ser padrinos entre sí, de boda, de los hijos, de mantener una amistad aparentemente fuerte. Hablamos de que Harry y Maddy lo tienen todo, esa bonita casa en los Hamptons y dos pisos de otra casa con jardín, en Nueva York. 

Maddy se ha consagrado a la familia, se ha vuelto la mujer, compañera, madre, cocinera, amiga perfecta. Cocina platos complicados y deliciosos, es terriblemente atractiva, mantiene su cuerpo atlético en forma, la casa, cuida de su pequeño Johnny con esmero, el chiquillo ha nacido con una enfermedad de corazón que parece controlada pero no escatima cuidado y mimos para él, ni amor para Harry, incondicional. Cuando se conocieron en la universidad, ya se sintieron uno parte del otro y eso no ha cambiado desde entonces. Walt es su amigo de toda la vida y al resto los ha ido conociendo a través de Harry. Todo rueda a la perfección, a su casa acude mucha gente, invitados que disfrutan de su compañía,  con las anécdotas de Harry, el centro de atención, siempre una historia a punto, un comentario que arranca carcajadas, una brillantez que todos aprecian y envidian, como envidian todo el resto, el amor de pareja, la casa cuidada, la excelente comida, el ambiente en general.

Y entonces llega Claire. Veintiocho años, como un cervatillo desbocado, se deslumbra con el brillo de los Winslow, como todos, pero fija sus ojos en Harry y clava en él su juventud, su espontaneidad, su necesidad inmediata de más. Al principio él se resiste pero llega un momento en que no lo hace, y eso cambia las vidas de todos para siempre. La trama sigue una dirección lógica, el lector poco a poco empieza a adivinar a dónde vamos a ir a parar, pese a una innecesaria maniobra de despiste de Dukow. Es una frase que dice Walt, mucho antes de que suceda nada, la que te la da la pista de lo que viene a continuación. Cuando la leí e imaginé el final me sobrecogió, amortiguando un poco el impacto al leer página a página lo que sólo había intuido. Y es cuando de nuevo aparecen flotando esas palabras “¿Qué pasa cuando lo tienes todo y quieres más?”. Lo cierto es que tanto los lectores como los amigos de Harry y Maddy podríamos opinar que lo tenían todo, pero eso sería demasiado pretencioso. Porque sólo ellos sabían lo que les faltaba. Y perderlo no hace más que magnificar su valor.

Pero hablamos de un triángulo y echar la culpa a Harry, que es lo que hacen todos, desterrándolo de sus vidas, no solo es injusto sino una traición a la supuesta amistad que tenían. Incluso Claire le contesta a Walt años después que jamás se sintió culpable, ¿por qué?, pregunta atónita, ella era muy joven y estaba enamorada. Como si estar enamorado le eximiera a uno de toda culpabilidad. Porque hablamos de culpas, y por una u otra razón, para mí todos excepto el pequeño Johnny podrían cargar con alguna. Sí, el mundo Winslow parecía un trozo de perfección, blanco, impoluto, sin mácula, el grupo entero, desde la pareja feliz hasta el niño enfermo, ahijado de Walt, cómo no, en cuanto le dieron el título de padrino pensó en dejarle todo su dinero al morir. Pero quizá no existiese un grupo sino un conjunto de personas asistiendo a los mismos instantes en la vida. Llegado el momento, Walt no tuvo la mínima compasión por el Harry arrepentido, contrito, devastado por la magnitud de su comportamiento y lo que ello había reportado a los seres que más había querido y seguía queriendo en primer lugar, su mujer y su hijo. De hecho ninguno la tuvo, y le dieron la espalda cuando más los necesitaba, como si se convirtiese en un apestado (quizá un poco menos Ned, pero con esa clase de amistad en la medida que su mujer consienta, y en este caso su mujer estaba totalmente en contra de Harry y no quería que Ned sintiese por él ni la menor simpatía).  Solo Johnny cerró filas a su lado, sin vacilación. Como hace un hijo para el que su padre sigue siendo el héroe que fue siempre.

Y ahora algunas preguntas. ¿Dónde está el límite? ¿Qué es suficiente? ¿Qué es tenerlo todo? ¿Debe una aventura pasajera tirar por tierra lo que han construido durante veinte años dos personas que se quieren como Harry y Maddy? Desde sus veintipocos no han estado con nadie fuera de la pareja, se han consagrado uno al otro, de corazón, convencidos, deslumbrados desde el principio, cómodos en su día a día, haciendo encajar las piezas de su convivencia a medias, con los ojos cerrados, sin esfuerzo. Cuando Harry sucumbe ante Claire (así lo veo, Claire, tu juventud frente al resto era notoria pero tenías casi treinta años, ya no eras una niña, sabías lo que hacías y que podrías destruir el mundo feliz del grupo que te había acogido), la vida sexual con Maddy se llevaba ya de una forma relajada, no era una prioridad para ninguno de ellos, y a pesar de su cuerpo magnífico no hay color con el placaje que recibe de la joven enamorada hasta que finalmente deja de resistirse, durante un viaje que hace solo a la ciudad y la encuentra por casualidad. Frenesí, frescura, fascinación, efe de felicidad, de fantasía, de fiereza, de falsedad también. Por la traición, por la mentira.  De los dos.

Y aún así. Más preguntas. Se promete “en lo bueno y en lo malo” ¿pero por qué cuando lo malo llega parece que es lo único que ha existido? Y entiendo el dolor de Maddy, perfectamente, pero sigo preguntándome ¿de qué valió todo lo vivido? Dar amor incondicional a Harry cuando todo va bien es estupendo pero ¿y cuando las cosas van mal? Cuando no parece él, cuando empieza a comportarse de forma extraña.  ¿No es importante saber por qué hace lo que hace? ¿qué le falta? ¿qué le lleva a ser ahora así? ¿qué le ha pasado? Saber si es por ella, por algo que haya hecho o dejado de hacer.  No entiendo cómo se puede pasar de un amor incondicional a un portazo en la cara sin una conversación previa con esa persona que hasta el momento lo era todo. Aprovechar un momento en el que él no está en casa, cuando descubre su infidelidad, para marcharse furtivamente, llevar a su hijo con ella y revestirse de dignidad en otra ciudad, sin buscar una explicación, sin saber por qué, sin pensar que su amor pueda estar trastornado o algo similar y necesitar su ayuda. Sin escucharlo. Sin permitirle una defensa.  ¿Debe ser tan definitivo el castigo, tan abrumadora la pena impuesta como para cancelar un proyecto en común tan importante? Y no hablo de cualquier pareja, sino de los Winslow, tal como los describe Dukow quizá no lo tuvieran todo sino que realmente lo fueran en sí mismos, cada uno la mitad que faltaba al otro. O quizá no fuese así. Es difícil opinar desde fuera pero siempre he pensado que la persona (con suerte la pareja a veces, aunque muchos no llegan a conocerla nunca; no es el caso de Harry y Maddy) es como si uno se mirase a sí mismo. Y si puedes comprenderte, encontrar una justificación a tus actos más extremos tienes que poder entender aunque te duela, si realmente le quieres, que él/ella alguna vez en la vida pueda ser un desconocido/a para ti, se pierda en su propio mundo y necesite aferrarse de nuevo a tu mano, como un ciego, para regresar al vuestro, a casa.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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4 respuestas a El triángulo (“Indiscreción”. Charles Dukow)

  1. Sergio dijo:

    Estas novelas siempre parecen tener esa inevitable atracción porque llemos el argumento y parece que veremos esas respuestas tan importantes. Luego me da la sensación de que los novelistas toman el camino de la sugerencia y del debate abierto a los lectores y está muy bien pero lo de no mojarse parece una postura bastante fácil. No sé cómo transcurrirá esta novela pero la mayoría abren más preguntas que respuestas dan. Todo es por no adoctrinar ni dar tu opinión pero alguna vez me gustaría ver a alguien que se decantase por algo, sólo por curiosidad.
    Lo de tenerlo todo es temporal. Crees que lo tienes todo hasta que ya no sirve y buscas otra cosa. Es normal. Creo que es algo que nos sucede a todos pero a unos en mayor medida que a otros por lo que cuentas. Y eso cuando no te llegan los pesados del “no se puede tener todo en esta vida” para ponerte palos en las ruedas, como si no hubiera obstáculos suficientes.
    De todas formas estas historias de triángulos están en la base de nuestras ficciones occidentales desde hace por lo menos un siglo o más si atendemos a la literatura del XIX. En el cine americano clásico de los treinta, cuarenta y cincuenta era casi una obsesión. De hecho en cualquier cinematografía porque en una película alemana que se llama si no recuerdo mal “Angel” de Marlene Dietrich (no confundir con “El angel azul” de la misma actriz)se dan algunos de los mejores diálogos que he escuchado nunca en un guión de cine o teatro. Es un tema inmortal que interesa desde que los lazos entre personas son obligados y restringidos por la sociedad o circunscritos a dos personas les guste a estas o no. Una interesante lectura. Yo estoy con Lionel Shriver pero “Todo esto para qué” una novela inteligente y bien escrita pero que rompe el tema del que hablamos. Saludos, Angeline.

    • Angèline dijo:

      Supongo que lo que atrae de los triángulos amorosos, para el cine, la literatura, el arte en general, es la actitud de cada parte, el por qué de cada uno, su motivación, su resistencia. Ya sea el enfoque desde la atracción, la obsesión o la obligación de formar parte de una historia a tres, puede ser fascinante (según quién lo cuente) ver como cada uno de los elementos se mueve en el contexto general donde todos participan. Conocer su propia historia, ver lo sencillo que es a veces dejarse llevar, ser vulnerable, creer en fantasías que a larga producen dolor pero en lo inmediato forman parte de un mundo prohibido en el que hay silencios, omisiones, mentiras, excusas pero también placer, una extraña felicidad cercana al delirio, autoengaño.. No creo que esté todo escrito, pero habrá nuevas miradas al tema, agudas, desde un ángulo distinto, volverán a atraparnos con alguna nueva historia a tres, nunca vista.

      Tengo el libro que estás leyendo, lo compré no hace mucho pero buscando en internet la trayectoria de Lionel Shriver, decidí que debía leer antes “El mundo después del cumpleaños” y lo cogí en la biblioteca. Me gustó muchísimo. Empezaré éste en breve, antes voy a hacer una lectura compartida con el nuevo de Julian Barnes “El sentido del final” (el título me parece horrible para la versión en castellano, en cambio suena genial en la novela original “The sense of an ending”). Feliz semana, Sergio.

  2. Grego dijo:

    Me interesa esa lectura compartida.

    En cuanto al libro que comentas, no sé, me parece que hay una moda ahora entre ese tipo de historias originada por cincuenta sombras de Grey que me parece producto más de marketing que de calidad literaria. Este ultimo lo comencé a leer pero me pareció tan mal escrito que no pasé de treinta páginas, pero sirvió para algo bueno: me hizo releer los relatos eróticos de Anaïs Nin (eso sí que es calidad).

    Feliz semana

    • Angèline dijo:

      Hola Grego,

      La trilogía de las sombras y esta novela no tienen nada en común. Mientras en los libros sobre Christian Grey la historia gira en torno a una pareja (por más que se citen otros personajes que ni de lejos son tan importantes como ellos) en “Indiscreción”, la historia afecta y se cierne sobre tres personas. De este libro, lo menos importante es la práctica sexual de los amantes, relatada de una forma natural, sino el impacto que la relación sentimental provoca en ellos y de rebote en la mujer del personaje principal. Quizá las editoriales sí quieran subirse al carro de los relatos eróticos porque venden en esta época, pero “Indiscreción” no es una novela erótica, sino la historia de un triángulo amoroso y las consecuencias que ello trae, otra cosa es la publicidad que gira alrededor de la novela y la información que dan sobre ella en los medios, equivocada, exagerada o sin fundamento.

      En cuanto a su calidad, bueno, es como todo. En general en el arte, la literatura, todos los estímulos que nos llegan nos crean un efecto. Lenguajes pulidos o menos artificiosos, historias con enjundia o ligeros esbozos de dramas y conflictos. Nos atrapa o nos aburre lo que leemos. Nos crea poso o nos deja indiferentes. A veces preferimos algo más culto, más literario, otras algo más ligero, directo, cercano. Libros, novelas, cómics, relatos. Para mí lo importante es que la narrativa me haga revisar, cuestionar, replantearme, redefinir, opinar sobre algo, valorar. O disfrutar, relajarme, evadirme, soñar. Y lo cierto es que “Indiscreción”, sin ser la octava maravilla, me ha hecho preguntarme muchas cosas. Por otra parte, si sólo has leído treinta de las cerca de mil seiscientas páginas de la trilogía de las sombras no puedes tener una mínima referencia, de hecho las ochenta o cien primeras son las peores. ¿Mal escrita? Sin duda no es Banville y su lenguaje elegante pero tiene otros atractivos. Al margen de la relación sexual de los protagonistas, tan estimulante, el personaje de Christian Grey es fascinante, tanto en su parte negativa como en la positiva. El de Anastasia es menos vistoso y la trama en general es entretenida y dinámica. Si buscas siempre profundidad y estilo aquí no lo hay desde luego, pero ya te digo, para mí tiene otros atractivos tan válidos como cualquier otros, y tampoco está tan mal escrita una vez que arranca en serio, pero sí he comprobado que esta trilogía es más para mujeres que para hombres. Supongo que leemos desde distintas perspectivas.

      Feliz semana, Grego.

      Leeremos pronto la novela de Julian Barnes, mi amiga Princesa de Hojalata y yo. Si quieres unirte eres bienvenido. Un día cualquiera colgaré en la blog el escenario.

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