En el filo

Con un pie en West White y otro en la Realidad, me he quedado un momento en suspenso. Sin duda podría ir al pueblo nevado, contar la ola de gripes que ha habido y lo complicado que ha sido para el doctor Davies asistir a tantos enfermos en un par de semanas. Los contagios han sido tan fulminantes que más de medio pueblo hemos estado prácticamente fuera de juego. Pero en la Realidad la luz ha empezado a cambiar, el peso del aire, el color. Como si lo conocido formase parte de un engranaje que suavemente se echa a girar. Es fácil imaginar a la ciudad, el país, los edificios cotidianos, cada pequeño elemento que forma parte del día a día, incorporándose a ese movimiento circular. Las vanas promesas, los políticos corruptos, la pérdida de trabajo reflejada en los rostros desalentados que pueblan la calle, los parques, las oficinas de empleo. Los negocios cerrados, el contraste entre quien lo va perdiendo todo y quien todavía lo conserva. En una panorámica de lo que me rodea no puedo evitar desdoblarme y ser al tiempo arte y parte, testigo y presencia, la observadora y un fragmento más del objeto de ese escrutinio.

Y mientras en la nieve el doctor cuenta con un grupo de voluntarios que se encargan de llevar las medicinas a los habitantes más alejados del pueblo, o a comprobar su evolución, en la Realidad pierden importancia para mí lo superfluo, las excusas. Puedo mirar fijamente la costa y sentir como siempre la caricia de la brisa marina, escuchar aletargados todos los sonidos que convierten cualquier escena cotidiana en normal y distanciarme de ellos en un silencio que suena como un largo suspiro. Sé que todos estamos ahí, en nuestros puestos, poblando cada segundo del infinito y sin embargo no estamos realmente. Bajo una expresión de total reposo puede agitarse un corazón desbordado. En el balanceo de un cuerpo grácil, puede haber músculos bloqueados, articulaciones con dolores punzantes. Tras una mirada de suave derrota, puede estremecerse un alma al límite.

Siento que una parte de mí se inclina hoy hacia la nieve, el confort de West White, sus carreteras empinadas hacia el río, el parque, la plaza donde está el Black Pub, la hermosa panadería Wuang, el cariño y la hospitalidad de los Morton, la amistad de Maggie, el amor y la protección de Franz, la excentricidad del pueblo en sí, sus blancos tejados, las callejuelas, todas las historias no contadas que aguardan, pendientes, bajo el níveo manto del White. Pero algo en mi interior se resiste y contempla con cierta crudeza esta otra parte. Acaso hemos perdido el rumbo o creemos que ya no podemos llegar a según qué escalas como seres, ciudadanos, habitantes de un mundo que parece regirse por el dinero y el poder que éste genera. Frente a la codicia de los administradores del capital hay un gran ejército de personas deseando producir y ganar un salario justo. Quizá el beneficio colateral que ha propinado la crisis es la revisión de lo que uno necesita para vivir, aunque la brutalidad del impacto nos haya dejado en precario.

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Reinventarse en la madurez no es sencillo, pero tiene que ser posible. Casi tanto como que paguen por sus delitos los que se apropian de lo que no es suyo. Los que malversan, los que aplican recortes a quien no tiene forma de empequeñecerse más. Con un pie en la luz y otro en la penumbra me siento unos segundos en tierra intermedia, con los ojos cerrados. Podría sentir con facilidad un profundo asco, renegar de sistemas, gobiernos, pero necesito seguir creyendo en el ser humano, en la justicia en toda su extensión (no solo en la poética), en el futuro, en las oportunidades. En el equilibrio, la superación, en la bondad sin doblez, en la generosidad sin peaje. Es curioso cómo viviendo situaciones que son claramente difíciles, a veces tenemos la sensación de que las cosas no van tan mal como han ido en otras épocas en las que no sufríamos estas incertidumbres pero los días se clavaban con saña hasta terminar reventando por algún lado, que inevitablemente nos arrollaba. Antes de viajar al White imagino durante unos segundos que el movimiento circular se intensifica y la Realidad gira vertiginosamente. Dificultades, recuerdos felices, proyectos, fracasos. Como un gran torbellino sobre la Nada, imparable, furioso, que se aleja lentamente hasta que no es más que un pequeño punto en el horizonte. Dice el poeta Jorge Esquinca en su “Paso de Ciervo” un parpadeo tuyo basta para que aparezca el mundo. Acaso el fin de la oscuridad (más allá del coraje en la batalla) dependa de un aleteo, o de la suave inocencia del que espera.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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6 respuestas a En el filo

  1. carmen dijo:

    La sensación de derrota se acrecienta con la certeza de que todo este sufrimiento ha sido en vano. No es fácil reinventarse en la madurez cuando lo que hay que reinventar es el sistema. Hermosas tus palabras que casi me hacen volver a tener fe en el ser humano.

    • Angèline dijo:

      Perder la fe en el ser humano sería dar la razón a la adversidad. Y eso sí que quitaría valor a todo lo luchado hasta el momento. No, no, nada de perderla, todo lo contrario. Hay mucho que disfrutar todavía, mucha gente maravillosa que aún no hemos conocido, situaciones, lugares, música. Cada revés es como un rellano en la subida de la vida. Tiempo habrá de bajar, mientras tanto hay que dejar a un lado lo que no vale nada y centrarse en lo que sí. Reinventarse, por qué no. Y protestar cada vez que el Poder se equivoque, mienta, robe. Dar nuestra opinión en público, en las manifestaciones y en las elecciones. Intentar ser coherente, participar en la medida que podamos y cuando realmente es necesario hacerlo, el día que la papeleta de voto decide. Ojalá puedas confiar de nuevo en el ser humano, Carmen. Y él esté a la altura. Saludos y gracias por la visita.

      • carmen dijo:

        Gracias a tí por regalarnos tu talento. Hace tiempo que llegué a este país de las nieves siguiendo a Darthois. Que siga nevando…

        • Angèline dijo:

          A Yann le encantará saber que llegaste aquí siguiéndole. A veces dice que es imposible competir en esta nieve con Franz, no sólo porque sea escritor además de policía, sino porque fue agente secreto (algo que le da muchísima envidia). Yo le sigo la broma pero en el fondo sabe que así como tengo algo con Franz que es exclusivamente nuestro, también tengo algo con él que sólo nos abarca a ambos. Son años de muchas cosas y sobre todo, un tipo de conjunción (multiconjunción, podría llamarle) que se da muy pocas veces y a nosotros nos ha tocado esa suerte. Seguirá nevando, al menos durante un tiempo, Carmen. Con mucho gusto.

  2. Debería apelar al tópico “perder la ilusión está prohibido” y otras frases semejantes. Se deberían comenzar los días sustituyendo muebles y adecuándonos a otras tonalidades de luz. Pero muchos son los que se quedan de camino y me resisto a etiquetarles como “perdedores” o “derrotados”. Un minuto de lucha, interior si así se quiere, podría valer por una vida entera si es un minuto honesto y miles de días voriferantes podrían no valer nada si son impostados. Reinventarse, en cualquier momento y situación, es un ejercicio formidable y siempre valeroso. Dar aire a todos aquellos que tratan de respirar. Dar reposo al cansado y empujar a quien solicita impulso. Y que no deje de nevar en tu universo helado. Eso siempre…

    • Angèline dijo:

      Bueno, estar en la brecha a veces es muy complicado pero dejarlo todo por nada tiene muy poco sentido también. Pasamos por fases duras, lo ideal sería sentirnos queridos y apoyados mientras las cruzamos pero tantas veces no es así. No queda otra que valorarse, quererse, dentro de cada uno hay un gran aliado, yo tengo lo que llamo “mi sargento interno”. Nunca me ha fallado y ha tirado de mí cuando a mi realmente no me importaba lo que viniese a continuación, he tenido y tengo suerte, para mí es una presencia nítida y sólida en mi interior. Después está la gente que te quiere, si es así, si es cierto, tampoco te dejarán ir a la deriva. La ficción es un mundo de gracia, una realidad paralela tan apetecible que es una verdadera bendición poder sumergirte en ella a voluntad. No dejará de nevar por ahora, más que nunca la nieve es mi verdadero refugio. Un beso, Alex.

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