La importancia del tiempo verbal

“Te tenía que reventar la cabeza”, es la expresión que se cuestiona en una denuncia reciente para delimitar un presunto delito de amenazas en el ámbito familiar, lo leo en un periódico digital. La Magistrada, finalmente, sentencia que la frase en cuestión (dirigida por el señor X a su pareja sentimental) “no reúne las notas de anuncio de un mal futuro y concreto, de forma que impide apreciar la concurrencia de los elementos del tipo, debiendo dictarse una sentencia absolutoria”.
Cierto es que hay cosas que suenan peor que como se dicen, pero si lo que te hacen es un chiste te ríes, no vas a la comisaría. Después de leer el enlace, la frase se quedó en mi mente toda la mañana, como en suspensión. Acabé recreándola de distintas formas e imaginando lo que le diría a cualquier hipotética señora X.
“Te tenía que reventar la cabeza”. Así desde el cariño, tono casual, como quien dice que no queda tomate. No suena a chiste, la verdad. Ni pizca de gracia. Ten cuidado.
“¡Te tenía que reventar la cabeza!” Alguien que te habla así acabará perdiendo la suya y un día quizá no te reviente nada entre las orejas pero te rompa tres costillas y de paso la nariz de tu hijo, que se puso en medio.
“Te tenía que reventar la cabeza…” Se mire como se mire reventar es una palabra explosiva, y pronunciada sin gritos, intencionadamente, todavía da más miedo. Porque en ese momento tu cabeza empieza en tu pelo y termina en las uñas rosas que dejan al aire tus sandalias.Aplastar

Dice el diccionario de la RAE que “Reventar” es “Deshacer o desbaratar algo aplastándolo con violencia.” Suerte que el “Tenía” no viene anunciando (de un mal futuro y concreto) un puñetazo que te desbarate la vida aplastándola con violencia, porque si cambia un poco y lo que escuchas es “Te tengo que romper la cabeza”, ya puedes echarte a correr. Porque lo diga gritando o con serenidad, lo más seguro es que a continuación no haya ninguna autoridad contemplando si hay indicios que concurran a apreciar un mal presente y concreto en ese instante, sino el propio mal sobre ti en forma, tristemente, de golpe fatal.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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