El bosque todavía está allí.

Si uno lee a Marguerite Duras se dará cuenta de que esta entrevista que le hizo en su día Pierre Dumayet empieza muy bien, lo que podríamos decir “en la onda”, en su onda, la que se produce entre ellos. Me gusta especialmente que comiencen callándose y también que Marguerite diga que uno se acostumbra con frecuencia a ver ese bosque ante el mar. Algunos nos hemos acostumbrado a ver el mar frente a todo. Otros ven árboles pero jamás el bosque. El poeta y editor Javier Sánchez Menéndez decía en una entrevista reciente que muchos se conforman con ver, pero la simple visión es una ínfima parte de todo aquello que tenemos delante. También Nabokov se abandona a la percepción en “La verdadera vida de Sebastian Knight” Miré en torno a mí: en aquel dormitorio todas las cosas parecían haber retrocedido de un salto en un abrir y cerrar de ojos, como sorprendidas de improviso, y ahora iban devolviendo mi mirada, como procurando comprobar si había advertido su fuga culpable. Esa parecía,sobre todo, la actitud del sillón bajo, enfundado de blanco, que estaba junto a la cama; me pregunté qué habría hurtado. Después, hurgando en los escondrijos de sus pliegues reacios, encontré algo duro: era una nuez del Brasil, y el sillón volvió a cruzar los brazos y a adoptar su expresión inescrutable (que podría muy bien ser de altiva dignidad).

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Pero volviendo al bosque que todavía está allí.. “Desde su balcón de rocas negras Marguerite Duras puede ver el continuo juego del mar, de los cielos y los ademanes de los transeúntes que, con o sin perro, prefieren la arena al asfalto para dar sus paseos en otoño. No había visto a Marguerite Duras desde hacía mucho tiempo, y sin embargo tenía la impresion de retomar una conversación, como si nos hubiesen interrumpido una larga llamada telefónica durante veinte años.

Pierre Dumayet: Como normalmente siempre se empieza hablando, si le parece bien, podríamos empezar callándonos unos segundos, lo justo para habituarnos. Estamos en Trouville y no lo parece. Es preciso ir al balcón. Si vamos al balcón nos damos cuenta de que estamos en Trouville. No hay nadie, el mar, casi nadie, el mar, una silueta, el perro.
Marguerite Duras: ¡Está el bosque!
P.D.: ¿Detrás?
M.D.: Sí. El bosque todavía está allí. No estará, pero ahora está allí. Todavía está allí. Uno se acostumbra frecuentemente a ver ese bosque ante el mar. “

Y que algún día pueda no estar no lo hace menos hermoso.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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