Impasibles, poderosos.

Apelando a esa posibilidad que tenemos de fragmentarnos, la parte de mí que no soporta el mundo tal y como lo percibe se aísla en ocasiones, ajena al circo de despropósitos que preocupa a las otras partes. Y divaga sin prisa ni pausa sobre algunos lugares que le caen al oído, al ojo, aislándose por momentos en ellos, imaginando un futuro más allá del asfalto, el ruido y las promesas que se desvanecen en cuanto salen de ciertas bocas. Los lugares abandonados me producen el mismo efecto que ciertas fotografías, primeros planos de personas que ya no están vivas.

Viriginia-Woolf1Hay expresiones que hieren en esos fugaces instantes detenidos, la predisposición especial a la vida de algunos rostros, valentía, arrojo, una sensual ansia contenida, la fuerza de un mundo interior urgente y febril. Todo un despliegue de energía y empuje, paralizados en una efímera porción del tiempo, a punto de salir de la cartulina para invadir nuestro corazón de sincera compasión; acaso el sonido de las naturalezas muertas sea el más difícil de escuchar con estoicismo. En muchos casos ni siquiera es necesario conocer a la figura de la fotografía, el puente que desliza hacia nosotros es tan preciso, tan contundente, que abriríamos los brazos hasta el imposible si con ello pudiésemos cobijar la desmesurada inmanencia que desprenden, la impetuosa vitalidad que transmiten desde su universo inerte. Conocer detalles de sus vidas todavía vuelve más amarga la contemplación del alma de alguna gente, porque esa parece ser la parte que finalmente el fotógrafo captó en su momento, una puerta abierta al interior de quien le observaba y por donde se escaparon sentimientos bien definidos que él atesoró para el futuro en un soporte que cada segundo se aleja más hacia el pasado.

Los lugares abandonados me afectan de forma diferente según su naturaleza. No es lo mismo contemplar el esqueleto de un viejo teatro cuyo esplendor desapareció en línea con su deterioro, pero por el que todavía pueden circular discretas risas, algún susurro ahogado de franca admiración, la música de las pisadas suaves de una bailarina, el eco de las luces, apagándose en la noche, poco antes del cierre del lugar tras cada función.. que la torre de oficinas a medio construir que fue desestimada poco antes de su final; el bloque de apartamentos, la barriada a las afueras a la que retiraron los permisos. El proyecto futurista que alojaría durante unas semanas a varias familias en los módulos-enjambre orientados hacia el mar, unas viviendas a las que solo faltaba incorporar los muebles básicos y que ahora, desconchadas por el efecto del salitre y el fuerte viento, escrutan, desnudas, una zona de la costa que se ha vuelto salvaje e inhóspita.

vieja-noria-abandonadaLo cierto es que me atraen esos espacios. Necesito completar el puzle inacabado en mi mente, echar a andar una noria que no funciona desde hace años, cerrar los ojos para limpiar de basura el espacio que la rodea. Devolver la gloria a un hospital desvencijado, luz a sus pasillos, limpieza, pulcritud, enfermos, ambulancias a la entrada. Dotar de movimiento a la estación de tren clausurada, a las instalaciones de metro cerradas, reforzar los cimientos, eliminar la erosión de las fachadas olvidadas, los edificios fantasma, las calles muertas. Colocar voces y risas infantiles donde había un rancio silencio. Color en la oscuridad. Vida en la muerte. Y asomarme durante unos segundos, admirar el horizonte desde las ventanas anónimas de un hotel desmantelado. Tanta destrucción, tanta indiferencia.

A veces duele formar parte de toda esta grandeza, cuesta encontrar un lugar donde todo encaje. Lejos de conceptos territoriales, de patrias, de cunas, somos mucho más que lo que nos define como habitantes de un punto concreto en el planeta. Somos fuerza, somos pasión, viajeros incansables a la búsqueda del enigma. Nos puede el altruismo, por encima de la mezquindad. Hay días en que solo necesitamos un par de buenas razones, un gesto cómplice, una locura a la que aferrarnos y podríamos conquistar el infinito. Henry David Thoreau dijo en su “Walden”, que cualquier cambio es un milagro digno de ser contemplado. Quizá en el corazón del cambio esté la casa humeante del cuento al final del camino, el sitio perfecto, la paz ansiada. Y solo haya que saber escuchar sus latidos.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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6 respuestas a Impasibles, poderosos.

  1. «Somos fuerza, somos pasión, viajeros incansables a la búsqueda del enigma. Nos puede el altruismo, por encima de la mezquindad».

    No puedo decir más que, GRACIAS. ¡Palabras sublimes! Un reencuentro con tu blog, que ha merecido completamente la pena de reconocer no haberte leído últimamente. GRACIAS por tus palabras.

  2. Daniel Salinas Basave dijo:

    Qué es la blogósfera sino un inmenso y caótico mar atiborrado de improbables botellas con mensajes. Un blog es sólo eso: un recipiente arrojado al océano con un mensaje dentro. Hoy tu aleatoria botella ha llegado a mi improbable puerto.

    • Angèline dijo:

      Es curioso Daniel, siempre lo he visto al revés. Imagino las blogs como islas perdidas a las que llega el lector (para mí son femeninas, blogs, páginas), cruzando el océano de internet en un zapping inconcreto, como quien juega a viajar a la deriva. Y le sirven como soporte temporal, un lugar donde alojarse durante la lectura. En cualquier caso, bienvenido a mi isla nevada. Un saludo.

  3. Grego dijo:

    Echo de menos West White….

    Un abrazo

    Grego

    • Angèline dijo:

      Lo cierto es que yo también, Grego. Aquí en la blog West White parecía enmarcado en el escenario perfecto, el blanco de fondo, la nieve cubriéndolo todo. Pero de alguna manera, Franz, los Norton, el pueblo, Angéline, se han ido haciendo importantes para mí y he necesitado protegerlos en otro espacio sin acceso externo. Ahora pulo ese diario, lo convierto en historia fuera de aquí, con nuevos sucesos y reflexiones, pero al mismo tiempo lo extraño entre estas paredes. El próximo año dedicaré más tiempo a la blog, quizá otra historia nevada, no lo tengo muy claro todavía. Un abrazo.

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