Más, por favor..

Cambiar cualquier libro que no convenza demasiado por Lionel Shriver es una apuesta segura. Es demasiado buena para decepcionar. Y no solo no lo hace en esos momentos sino nunca realmente. Uno/a puede asomarse a sus letras con cierta devoción sin sentirse extraño, porque está claro que ese párrafo, aquella descripción, este concepto de la última frase, todo en su conjunto es como para achicar los ojos de placer y leer, leer, con la fortuna del que sabe que está en buenas manos. “Todo esto para qué”. Anagrama lo publica en 2012, yo lo consigo un año después. Y lo dejo en la estantería. Con los otros libros pendientes. A la espera de un buen momento. Demasiado “todo” para cogerlo un día cualquiera. Excusas. Bobadas.

Maquetaci—n 1

Ya en la arrancada, como quien dice, me acomodo para leer un par de veces cómo describe a la pareja principal, Shep y Glynis. Y lo disfruto largamente, como con todo lo de Shriver.

“Glynis no sólo trabajaba (o había trabajado) con metal; era metal. Rígida, poco dispuesta a cooperar e inflexible. Dura, refractaria y de una radiante rebeldía. El cuerpo largo, estilizado y anguloso como las joyas y la cubertería que una vez diseñó; en la escuela de artes y oficios no había elegido su medio por casualidad. Se identificaba naturalmente con cualquier material que se negara encarnizadamente a hacer lo que uno quería, cuya forma fuese resistente al cambio y sólo respondiera al trato violento. El metal era un escándalo. Si alguna vez lo maltrataba, sus abolladuras y arañazos captaban la luz como rencores ocultos.”

“Le gustase o no, el elemento de Shep era el agua. Adaptable, fácil de manipular y propensa a tomar el camino de la menor resistencia; seguía la corriente, como se decía en su juventud. El agua era flexible, dócil y se dejaba atrapar con facilidad. Él no estaba orgulloso de esas cualidades; la maleabilidad no parecía masculina. Por otra parte, la aparente pasividad del líquido era engañosa. El agua tenía recursos. Como sabía bien cualquier propietario con un terrado que empezaba a envejecer o con las cañerías podridas, el agua era insidiosa y, a su manera silenciosa, encontraba su camino. El agua tenía una taimada tozudez propia, una insistencia solapada – se filtraba – y un instinto para encontrar la grieta o la junta que se deja sin sellar. Antes o después entra si eso es lo que quiere; o, más vitalmente en el caso de Shep, sale.”

Lo dicho. Demasiado brillante para dejarlo correr sin más. Con Jake Bugg de fondo, “Broken”, nada menos.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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4 respuestas a Más, por favor..

  1. Pues los libros (o los autores) brillantes no hay que desaprovecharlos ni dejarlos perdidos en la lista de pendientes…

    Gracias y un saludo!

    • Angèline dijo:

      Tienes razón, Ana. Es una mala decisión mitigar el brillo de alguien como Lionel Shriver entre otros dos libros que no sé si me interesará leer siquiera. Como lo sería encerrar un destello en una caja. Aire pues.. y luz (a raudales) también. Gracias a ti, un abrazo.

  2. Si soy sincero, siempre me ha afectado pensar que no he llegado a tener nada más que dos lectores constantes de mi blog, por la manera errática en que publico, sin distancias de tiempo entre post y post concretas. Pero al leerte a ti, Angeline, toda la tautología se desvanece. Las últimas entradas me han llegado por sorpresa, no sólo por cuestiones de fechas, sino de contenidos. Cuando leí tu primera reseña de un libro de Shriver y te recomendé encarecidamente leyeras el de Kevin, pensé que, aunque te hubiera gustado, eso te bastaría, y que por eso era probable que no leyeras otro de ella.

    Me he encontrado con varias personas que han dicho que, al menos en el de Kevin, la narración es demasiado densa en cuanto a descripciones que a primera vista no tienen un propósito definido más allá de, simplemente, recordar. Sin embargo, y es algo en lo que creí desde que lo comencé a leer hasta el final, toda la narración de Eva es importante porque insinúa su psicología; por ello, me he atrevido a pensar que es neurótica, tal y como yo. Quizá esto último sólo sea un engaño que yo mismo me he inducido, pero eso no es lo esencial.

    Lo vital, para mí, en la literatura de Shriver, es la manera en que describe la profundidad de cada uno de sus personajes. Creo haberlo declarado antes, pero la considero la hija cultural de Dostoiévski. No dudo ponerlos a ambos en el mismo pedestal, y, al leerles, si se me revuelven todos los pensamientos, sé que lo estoy disfrutando. Es la literatura a base de martillazos. La que en verdad tiene el potencial de cambiarnos, así sea de manera sutil.

    Esperaré fielmente, entonces, tu reseña final de esta novela. Y sí, tienes razón: «¡Más, por favor!». Porque Shriver tiene varios libros ya publicados que aún no se traducen.

    • Angèline dijo:

      Estaba claro que seguiría con ella, me noqueó con “El mundo después del cumpleaños”. Y tu comentario sobre el de Kevin fue tan interesante que lo que hizo fue alargar la lista de las lecturas que tengo por delante de Shriver. Pero tenía que ser éste antes (lo guardo desde hace un año), necesito llegar a ella sin el drama al límite (especialmente porque tengo un complicado tira y afloja generacional en casa, mi propio dilema), apreciando antes la profundidad de su estilo, su conocimiento del ser humano, su habilidad para llamar a las cosas de una forma abierta y sutil a un tiempo (” si todos los seres humanos se dedicasen únicamente a la bondad, por la bondad misma, el mundo entero derraparía y se detendría”). Esa brillantez. Todo se andará y llegaré a Kevin en algún momento. Necesito primero cierta tranquilidad para ser objetiva y que desaparezca la presión en mi entorno cercano. En cuanto a esta novela, realmente la estoy viajando. Camino junto a Shep, me siento en la cama y le observo mientras él esconde la maleta en el armario. Estoy en su tedioso trabajo, a su lado. Escucho los silencios de Glynis y paso un dedo por su último trabajo de metal. Entiendo que sea tan difícil vender una pieza que uno ha modelado no solo con las manos sino con los interrogantes, con los pensamientos que cruzan la mente mientras se trabajaba en ella. Adoro el pasadizo entre mi realidad y la suya. Tan lleno de “¿y si..?”, que efectivamente, te cambia. Te contaré, Sebastián, hasta dónde me lleva esta novela. Y por qué. Un saludo nevado.

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