QUE VIVAN

 

Los hombres, las mujeres, los niños. Que viva la gente que transmite, los que te abren los ojos a realidades cotidianas que se te pasan por alto y necesitan de ti para cambiar y hacerse fuertes. Las realidades. Fuertes. Pueden cambiar. Gracias a ti. Que vivan los que dejan una huella de honestidad en tu conciencia, los que cada día dan un paso al frente aún sabiendo que habrá una mano que les empuje a dar otro hacia atrás. Que vivan. Los que con cualquier cosa hacen algo único, los optimistas, la gente que aún no ha tenido bastante y vuelve a por más. Los que crean, forjan, imaginan. Los que se equivocan y se dan cuenta. Los que rectifican. Que vivan los que nos hacen felices a diario, nuestros ireemplazables, cercanos, queridos, todos aquellos a los que nos negamos a perder. Que vivan los “imprescindibles” de buen corazón de Bertolt Brecht, los que luchan para que podamos vivir en paz, para que mejoren nuestras vidas. Porque siempre hay idealistas que ven más allá del 2+2. Gente que hace el trabajo duro, la detienen, sufre en sus carnes el asedio del poder y consigue con gran esfuerzo y dedicación que el resto tengamos un derecho más, a veces fundamental. La posibilidad de ser un poco menos esclavos de un sistema creado a la carta en despachos de élite, de salirnos del carril, de ser piezas únicas que no encajan con otras, de romper moldes.

Y que vivan las mujeres que cargan con el peso infinito de los celos de sus parejas, de los deseos de venganza de sus ex compañeros de vida, de su odio homicida. Las amenazadas, las invisibles, las que huyen de noche con lo puesto y un hijo de la mano. Las que cada año engrosan el número de víctimas de abuso, maltrato y asesinato. Que vivan todas, las que mueren antes de tiempo a manos de sus verdugos y las que escapan de sus rutinas hacia algo que les devuelva el ánimo, la sonrisa, las ganas de progresar, de ser felices. Las que se atreven a vivir, me gusta cómo lo dice en el video, las que se atreven a vivir, ¡zas!, ¡zas! .. A vivir.

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Acerca de Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")
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