PREPARANDO LA NAVIDAD. DÍA 3. RECONECTANDO CON EL ANIMAL ORIGINAL.

El adorno exterior de la puerta no ha querido quedarse derecho. Tras pelear un poco con él, aplazo el momento en el que volveré para clavar una punta en la madera para sujetarlo desde el interior, sin sentimentalismos. Y me alejo antes de que el adorno me convenza de que está en su derecho de lucir torcido. O la puerta se queje del agujero que nada tiene que ver con ella. En realidad estamos todos conectados por el mismo tema, y ellos lo saben. Ya veré si al final doy la razón al adorno.

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Este año estoy haciendo estrellas con otro formato y mientras las relleno no dejo de pensar en lo terrible que es que el Covid se haya cebado con uno de nuestros mayores salvavidas: la cercanía, el contacto, lo que podría ayudarnos a distinguirnos unos de otros, a reafirmarnos, el soporte cercano a nuestras neuras, nuestras soledades. Tocarnos, abrazarnos, reunirnos para hablar bien o mal de lo que nos plazca. Recuerdo un artículo en el que entrevistaban al filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), y comentó algo que me pareció inquietante “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales”. Su propuesta, entre otras cosas, sería “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente”.

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Una idea cercana, salvando las distancias, la he leído en el libro de Marcos Vázquez “Lecciones ancestrales para una salud salvaje”. Estoy con ellos, y si algo bueno tiene tanta reclusión como hemos vivido este año es la posibilidad de reconectar con uno mismo, cuando se ha perdido algo el norte. Mientras tanto estoy terminando el árbol de Navidad de cartón del pasillo, y le he dicho a la puerta de la calle que no tema, la punta se queda para otro año. He abierto para aceptar la posición del adorno aunque juraría que se ha enderezado un poco. No es la primera vez que lo hace, pero en el fondo sabe que lo prefiero rebelde y peleón.

Autor: Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")

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