ROBOS

En la serie hay personajes que están en un rellano de sus vidas. Ese momento de transición en el que no hay pistas concluyentes de la dirección que deben tomar; un lugar tranquilo en el tiempo que les permite probar opciones y equivocarse, antes de la verdadera decisión que les colgará en adelante el cartel de auténticos o perdedores. Unos se sienten ofendidos, otros perdidos, todos toman malas decisiones. El recurso del sexo, fuera del tándem familiar creado, para disipar las dudas personales y emborracharse de sensaciones en lugar de enfilar el futuro con un plan claro, está siempre a mano. Después llegan las dudas, los arrepentimientos. El desahogo no ayuda en los problemas actuales, no con extraños al menos, y mucho menos con ex parejas recientes de amigos. El cable de la culpabilidad empieza a rodear su cuello y aprieta sin piedad, día y noche, hasta que los hechos salen a la luz como un vómito que apesta. Quizá no duele menos que sus parejas hayan compartido su cuerpo con otro ahora que también ellos lo han probado por despecho. Lo que les pesa es comparar el sexo sublime que debieron disfrutar cuando cruzaron el límite, con el cutre revolcón etílico que ellos acaban de vivir, y que les sitúa en el mismo punto del engaño pero en sepia, un acto rancio que les reporta más asco que paz.

En el fragor de las disputas, los cambios de domicilio, el realojo de estos y aquellos en casa de amigos, mientras no emprenden el camino escaleras arriba o abajo en sus vidas, hay quien de forma neutral, sin vivir el mismo dilema que ellos, recuerda sus propias equivocaciones. Alguien que también sufrió en el pasado e hizo sufrir a la persona que más querrá en toda su vida y ahora ya no forma parte de ella. Alguien para quien todos estos actos impulsivos de sus amigos no son más que hurtos. Un día llega una mentira y con ella un pequeño robo de la confianza, más adelante otra, y durante un tiempo es necesario seguir robando; un saqueo improvisado y torpe, para mantener una historia que no se sostiene, hasta que llega un momento en el que ya no queda más que robar y es imposible recomenzar porque no hay nada que salvar. Alguien para quien una segunda oportunidad no es conectar con lo que ha perdido, sino encontrar en el presente-futuro una vida que merezca la pena disfrutar desde un nuevo momento cero. Con las lecciones bien aprendidas esta vez.

Autor: Angèline

"Colocamos una palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no vemos más allá; por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "hacer", la palabra "sufrir": son quizás el horizonte de nuestro conocimiento, pero no "verdades" (John Banville "Imposturas")

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