Los putos amos

Pasan los años y hay demasiados frentes en los que luchar. No todos son sublimes ni la victoria dejaría una huella profunda que nos recuerde. A veces hay que lidiar con bajezas, traiciones, grandes decepciones que en el fondo no son más que un espejo de nuestra propia vanidad, los que nos conocen saben hasta dónde nos hemos esforzado por lo que queríamos. Pasan los años y la lucha espera en el rellano a veces mientras cuestiones tan banales como salir adelante de cualquier forma que no nos hiera toma el relevo. Hemos pasado por el aro en algún momento, dejando que los putos amos nos barran con una corriente que produce una enorme pereza remontar. Cada uno conoce la forma del poste al que se aferrarían en un mar revuelto, todos tenemos una mano que sale de algún sitio un día cualquiera y sujetarla con calor, con convicción, es solo una opción personal, otros dirían cuando no lo hacemos que hemos dejado pasar una oportunidad. La madre de todas las manos para mí es la LITERATURA. Tan pronto me abre los ojos llamándome sumisa de mierda como me lleva a mi propio infinito porque puedo leer entre líneas y subir un peldaño más allá de lo que nunca había imaginado. Y en la lucha. Todavía queda mucho que denunciar, mucho que reprobar, mucho que intentar cambiar. Pasan los años y hay menos que improvisar, mucho que hemos podido macerar, una intención más refinada, una diana mucho más clara. Con perdón de la galería, me importa muy poco dar bombo a mis acciones, hacerlas públicas, lo importante para mí sigue siendo hacer frente a esa corriente que intenta tragarme, apuntalar mi posición en sus arenas movedizas y clavarla en la profundidad de mi día a día con un no rotundo, una contraofensiva, porque todavía soy yo quien lleva mis riendas, aunque ellos crean que por insistencia las iré soltando poco a poco hasta perderlas.