Así, como somos

Tenía dieciocho años y cada día era una sorpresa entonces. Una amiga mía decidió irse de Au Pair a Irlanda y me preguntó por qué no me iba con ella. Nuestras familias no eran ni remotamente parecidas, ya no solo económicamente (en la mía íbamos con lo justo) sino por el concepto “todo el rebaño unido”(que de nuevo afectaba únicamente a la mía). Mientras en su caso todo fueron facilidades, te pago el billete, verás qué bien vas a estar un año en otro país madurando por tu cuenta, en el mío no había más que impedimentos. Frenos morales, ya que trabajaba en mil cosas en aquella época y podía haber conseguido fácilmente el dinero para el vuelo. Mi madre no lo vio claro y mi padre jugó la carta del desapego, la distancia y lo irreparable. Tan lejos de casa, de la familia y de tu novio… Quién sabe cómo estarán las cosas en un año, cuando vuelvas.

Entonces éramos una roca, compuesta de varias partes que se compactaban entre sí. La ausencia de una de ellas, según mis padres, rompía la unidad. Decidí quedarme. Aquel verano sonaba por todas partes esta canción de Billy Joel, y también en casa y los coches de mis amigos o en las máquinas de los bares “So long, Marianne” de Leonard Cohen, “Don’t think twice, it’s All Right” de Bob Dylan y “Love in vain” en la versión de los Rolling Stones, entre otras. Canciones que empecé a escuchar con dificultad, como un bocado a medias en la garganta, con la sensación de que pensaba en mí en pasado. La vida en familia siguió siendo excelente, con sus risas, sus anécdotas, mis hermanos, padres, cuñados y novio seguían forjando la roca, yo comencé a escribir mis primeros poemas y relatos cortos, los Creedence Clearwater Revival se unieron a la garra al cuello con su “Have you ever seen the rain?” que sonaba en mi cabeza como un “¿Qué haces aquí, qué haces aquí..?”

Mi padre hubiera dicho que quedarme no me afectó porque seguí siendo la misma payasa de siempre, la que animaba al resto, pero cada vez que escucho esta canción recuerdo aquellos días de luz en los que todos éramos jóvenes y maldito si soy capaz de verme ese verano como un trozo de la roca. Casi siempre me recuerdo mirando hacia ella desde fuera, al margen. Como quien espera a que la puerta giratoria muestre por fin el hueco para poder colarse, pero este nunca aparece.